Published On: Mar, feb 26th, 2013

Las elecciones en Italia cambian todo para que todo siga igual

Con las pasadas elecciones, todo cambia en Italia para que todo sigue igual. Tras el pacífico intermedio que ha supuesto la llegada de un tecnócrata impuesto desde Bruselas, la política italiana vuelve por donde solía estar: bloqueada.
Las recientes elecciones han supuesto una pequeña variación en los actores pero el resultado es el mismo de siempre: el parlamento italiano es una mejunje ingobernable que creará un gobierno de coaliciones imposibles en base al reparto de carguillos y prebendas mientras el país, esclerotizado hasta niveles difíciles de creer, sigue el lento declive que arrastra desde los últimos veinte años.
El sistema bicameral italiano es tan complejo como sólo un esforzado grupo de burócratas y hombres de partido podrían haber hecho. Básicamente está compuesto por dos cámaras que tienen las mismas competencias pero cuya composición varía porque tienen circunscripciones electorales diferentes. Mientras el Congreso tiene una única circunscripción nacional que es directamente proporcional al número de votos (hay un “filtro” del 2% para evitar a los partidos muy minoritarios), el senado tiene circunscripciones territoriales que dan lugar a que algunas regiones tengan proporcionalmente más representación que otras (en el caso español, por ejemplo, hay un diputado en Melilla por cada 40.000 habitantes y en Granada, uno por cada 110.000 habitantes). Para hacerse una idea de la complejidad del sistema político, basta con decir que hay 630 diputados y más de 300 senadores electos más un grupo de senadores vitalicios.
Con estas herramientas no es difícil comprender que el resultado siempre tienda a la empate y al abotargamiento de la clase política enfangada en debates estériles que sólo sirven para mantener su status de casta al margen de las necesidades políticas reales de los ciudadanos. Y eso cuando personajes de la catadura moral de Berlusconi (un Jesús Gil con botox) no llegan al poder para amañar leyes que les salven de los procesos por corrupción.

 

Resultados de las elecciones

Los resultados de las elecciones no hacen más que confirmar lo dicho arriba. Berlusconi, cuya vergonzante salida del Gobierno salvó a Italia de la bancarrota hace un año y cuyo catálogo de procesos abiertos por corrupción hace que Bárcenas sea poco más que un fontanero chapucillas pero que es dueño de las televisiones que reciben el 85% de al audiencia en Italia (¡y del  35% en España!), consigue el 30% de los votos sólo a un punto de distancia del partido de centro izquierda que es el ganador moral de las elecciones. Sin embargo, su victoria por 300.000 votos le convierte en primera fuerza en el Congreso pero no en el Senado donde (por aquello de las circunscripciones que decía arriba) es Berlusconi el que se convierte en primera fuerza política.

EPP Summit March 2012

En tercer lugar, con un 20% de los votos, aparece Pepito Grillo (Beppe Grillo). ¿Increíble? No, en Italia nada es increíble. Este señor ha llevado al parlamento el voto del desencanto; su mensaje es sencillo y ha calado entre los más jóvenes. Está harto de la política tradicional y de sus relaciones con el poder económico y (así es Italia) con la Mafia y la Iglesia. Es un grito contra la corrupción imperante en la política y en la sociedad italiana. Por hacer un paralelismo con España, es como si José Mota se cansara de hacer bromas sobre los corruptos y se decidiese a formar un partido ¡y le votasen tres millones de españoles! No hay que caer en la simplificación y pensar que Beppe Grillo es simplemente un cómico metido en política para medrar y hacerse famoso; es un ejemplo de antipolítica que responde perfectamente al sentimiento que tú y yo tenemos en este momento hacia la casta política y sus prebendas. Su movimiento ciudadano intenta devolver la política a los ciudadanos y eliminar el sistema partidista italiano, uno de los más sofisticados e inútiles del mundo.
El último en juego ha sido Mario Monti que no ha sabido sacar rédito político de su gestión técnica. Es verdad que su trabajo al frente del Gobierno de Italia ha salvado al país de la bancarrota pero también es verdad que llegó al poder sin haber superado el escrutinio de las urnas y eso le restaba legitimidad. Su fuerza tras estas elecciones se ve también mermada por el hecho de que su candidatura estaba apoyada por una coalición de tres pequeños partidos y que ahora, con el escaño asegurado pero lejos de la soñada victoria, habrá que ver qué dirección siguen. Es posible que fuese el mejor candidato para el país pero los ciudadanos italianos han decidido lo contrario y ahora tendrán que acarrear con las consecuencias.

 

Difícil futuro inmediato

Lo que viene ahora es otra vez un juego político a la italiana. Ningún partido tiene la suficiente mayoría para gobernar y casi todos se presentaron bajo la premisa de que si ganaban las elecciones no pactarían con los demás de modo que el juego de alianzas se hace realmente difícil. Y eso sin contar con que es Berlusconi el que tiene la llave del Senado, lo que no le faculta para gobernar pero sí para llevar cuanta inestabilidad necesite para irse librando de sus sucesivas imputaciones penales. Pasarán unas semanas donde los analistas políticos italianos llenarán horas y horas de televisión y páginas y páginas de periódicos y blogs y habrá que esperar hasta el último minuto para ver si existe alguna posibilidad de acuerdo o habrá que repetir las elecciones como ya pasó en Grecia hace unos meses.

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