Published On: Vie, mar 1st, 2013

Venezuela afronta la sucesión de Chávez en pleno desconcierto

Hoy, 6 de marzo, ya no es necesario rumorear sobre su salud ya que ayer se hizo pública su muerte.Como era de imaginar, el partido gobernante ha incumplido la Constitución y ha decidido mantener como presidente interino a una persona distinta a la designada en la norma.

Rumorear sobre la salud de Chávez es un recurso entretenido cuando no hay más temas que tratar en una tertulia y la torpeza de su gobierno a la hora de comunicar sobre su enfermedad está resultando proverbial.

Sobre la salud de Chávez sólo se puede especular porque quienes le rodean mantienen su decisión de no informar. Es posible que las únicas fuentes fiables sobre este tema no puedan salir a la luz pública pero es evidente que existen filtraciones porque sólo así se entiende que el periódico ABC haya ido dando las noticias con semanas de antelación sobre lo reconocido por el propio Gobierno venezolano y siempre lo haya hecho con una exactitud total. A día de hoy, 1 de marzo, parece que Chávez se enfrenta postrado a sus últimos días vencido por el cáncer; lo que empezó siendo un cáncer de pelvis que parecía que se iba a curar con una sencilla operación y un poco de quimioterapia parece haberse extendido por todo el cuerpo afectando a órganos internos y a la propia graganta, de modo que Chávez no puede comunicarse hablando. El hecho de que su única comunicación haya sido mediante unas fotos en las que aparecía evidentísimamente maquillado y un par de mensajes de Twitter da idea que sus posibilidades de hacer vida normal son nulas y el desenlace fatal parece acercarse aunque no se sabe cuándo ocurrirá.

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En segundo lugar, sobre esta enfermedad de Chávez pesa como una losa el tratamiento informativo ofrecido por la administración chavista, pésimo hasta decir basta. Ni la propia dictadura franquista usó la salud del dictador en sus últimos días como baza y todos los días se ofrecía un parte médico oficial presentado por uno de los médicos que le trataba y firmado por “el equipo médico habitual”. La causa de esta rorpeza puede estar en la negación del propio Chávez de la gravedad de su enfermedad y de su esperanza, más o menos fundada, en la recuperación que finalmente no se ha producido. La sensación transmitida por Venezuela al mundo es la de una de esas películas cubanas donde se pasan todo el día con el ataúd de un muerto sin saber qué hacer con él, en medio de situaciones tragicómicas que hacen dudar, no ya de la integridad sino de la cordura de quienes orquestan el proceso.

En tercer lugar, Venezuela vive una situación difícil que requeriría acción desde el aparato del Estado pero al no haber nadie al mando todas las decisiones difíciles se van aplazando y los problemas se acumulan sobre la mesa del próximo presidente. La situación económica parece fuera de control y ni siquiera la reciente devaluación del bolívar parece haber calmado los ánimos; el desabastecimiento campa a sus anchas y el comercio se resiente por las medidas, a medio camino entre la arbitrariedad y el populismo, impuestas para frenar la escalada de los precios que se come la competitividad interior. Este incremento de los problemas económicos viene acompañado de una escalada de la delincuencia violenta que en las mejores estadísticas oficiales llega a 50 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. Para hacerse una idea, ese mismo dato es de 0,9 para España y 4,8 para Estados Unidos. Sea quien sea el próximo gobernante del país tendrá que afrontar estos dos temas con la máxima urgencia.

En último lugar, queda todavía por aclarar el tema institucional. Si te has dado cuenta, en todo este texto no se ha citado ni una sola vez a Chávez como “Presidente”. Una lectura imparcial de la Constitución bolivariana, hecha a medida del propio Chávez, permite deducir que a día de hoy Venezuela no tiene presidente. Podría haberlo tenido si hubieese aceptado y jurado el cargo ante el Tribunal Supremo (forzando al máximo la interpretación de la Constitución) pero es que su estado físico le ha impedido realizar el juramento. También es posible que él mismo se haya negado a aceptar esa responsabilidad a la vista de su estado y le preocupe más el inevitable desenlace que se avecina. A día de hoy, traspasado el límite legal para la toma de posesión del nuevo presidente ya se deberían haber convocado nuevas elecciones por incomparecencia del candidato electo. Seguramente es lo que veremos en unas semanas si es que los bolivarianos no deciden hacer una nueva reinterpretación aún más pintoresca de la Constitución para mantenerse en el poder.

Mientras tanto la oposición… bueno… la oposición pierde los pocos resortes mediáticos que le quedaban para hacer llegar su voz a los votantes y no parece tener un mensaje coherente que entusiasme a los electores y sigue dejando pasar las oportunidades para denunciar la mala gestión económica o de seguridad que el Gobierno provisional está llevando a cabo.

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  1. Espero que la transicion ocurra sin incidentes, no me fio de los chavistas y menos cuando sulen ser todos mandos militares.

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