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Published On: Lun, Dic 24th, 2012

Italia ante su encrucijada, Monti desde su pedestal

Las guías turísticas sobre Roma siempre empiezan con una advertencia hacia el futuro visitante: aunque le sorprenda el estado de aparente abandono y caducidad de muchos edificios y calles romanas, tenga en cuenta que es el mismo abandono y caducidad desde tiempos del Imperio y, pese a todo, Roma lleva dos mil años siendo uno de los centros del mundo.

La política italiana vuelve a estar en estos días al borde del abismo una vez más y, como siempre, en el último suspiro acabarán encontrando una solución para salvar los muebles y cambiarlo todo para mantenerlo todo igual.

La situación es la siguiente: en Italia hay dos grandes partidos sumidos en un mar de dudas.

De un lado el partido de Berlusconi. Da igual el nombre o la adscripción ideológica, existe porque lo financia el hombre más rico del país que controla la mayoría de los medios de comunicación (también tiene mucho poder en España; por ejemplo controla Telecinco y Cuatro) y puede usarlo a su antojo para resolver sus problemas con la justicia modificando las leyes penales a su antojo. No hay que insistir más porque ya es un personaje de sobra conocido.

De otro lado está el Partido Demócrata, progresista y lejano heredero del otrora poderoso Partido Comunista de Italia con una estructura potente pero sin líderes de renombre capaz de ilusionar al electorado porque desde el electorado se les ve como una pieza más de la partitocracia italiana.

Juanto a estos dos grandes partidos hay otros partidos regionales o de ideología voluble que se venden al mejor postor en el reparto de cargos que sigue a la formación de los gobiernos.

mario-monti

Sobre todo este panorama sobrevuela Mario Monti. Impuesto por la Unión Europea ante el hundimiento económico italiano orquestado por Berlusconi, se muestra dispuesto a aceptar un nuevo mandato como primer ministro si los partidos aceptan antes su programa de reformas y le aclaman como primer ministro sin pasar por las urnas.

De entrada, los dos grandes partidos todavía no se han manifestado pero parecen pensar que si Monti quiere gobernar tendrá que someterse al dictado de las urnas, igual que ellos. Una vez superada la situación de emergencia nacional que propició su llegada, lo lógico es que se presente a las elecciones con su programa y que sean los ciudadanos quienes le voten o rechacen.

El problema para Monti es que ni tiene partido que le apoye ni quiere tenerlo. Él quiere manos libres para reformar Italia aunque eso sería una nueva forma de caudillismo, de tiranía, similar a la que existía en la Grecia clásica para grandes emergencias (la polis atribuía a un ciudadano de todos los poderes para resolver la crisis, el tirano) pero eso casa mal con las democracias occidentales.

Por su parte los partidos pequeños han hecho la jugada perfecta:  todo el mundo sabe que lo que Italia necesita es el plan de reformas de Monti así que ellos le apoyan en su pretensión de gobierno técnico. Si la cosa sale adelante, participarán en la fiesta y si no, seguirán al dictado de las urnas, como siempre.

Y mientras lo ciudadanos italianos, a los suyo, viendo todo esto como veían hace dos mil años las luchas dialécticas del senado romano.

 

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