Published On: Mie, May 22nd, 2013

Una siria en Grecia: el recuerdo de tiempos mejores y la esperanza de volver un día

© ACNUR/B.Szandelsky. Leilah sostiene el álbum de fotos, lo más importante que consiguió traerse consigo hasta Grecia. Le recuerda épocas más felices junto a su familia y su marido, aún en Siria.

© ACNUR/B.Szandelsky. Leilah sostiene el álbum de fotos, lo más importante que consiguió traerse consigo hasta Grecia. Le recuerda épocas más felices junto a su familia y su marido, aún en Siria.

 

ATENAS, Grecia, 17 de mayo (ACNUR/UNHCR) – Leilah no puede contener las lágrimas cuando pasa las hojas del álbum de fotos familiar. Es lo único que consiguió traerse de Siria, un gran recuerdo de mejores tiempos junto a su marido y sus seis hijos en su país de origen.

Hasta que estalló la guerra hace más de dos años, llevaban una vida feliz y relativamente acomodada gracias a su negocio, una pequeña tienda en un pueblo del norte de Siria. Hoy Leilah, de 40 años, vive en un apartamento ruinoso en Atenas con sus hijos; dos de ellos habían salido a buscar trabajo durante la visita de ACNUR. Su marido se quedó en Siria y Leilah no sabe si está a salvo o no.

Leilah, que nos pidió que no reveláramos su nombre real, se encuentra entre los varios miles de civiles sirios que lograron llegar a Grecia en busca de seguridad. Muchos pensaban que su sufrimiento terminaría cuando estuvieran en Europa, sin embargo, fue para ellos una gran decepción cuando supieron que los sirios eran considerados como inmigrantes irregulares dentro de Grecia.

Hasta hace poco, eran detenidos en malas condiciones y bajo órdenes de deportación. “En el caso de entradas y permanencias irregulares se ordenaba de manera sistemática la detención administrativa con el propósito más tarde de retirarla, independientemente del hecho de que es imposible llevar a cabo los retornos [por el continuo conflicto en Siria],” sostenía Giorgos Tsarbopoulos, director de la oficina de ACNUR en Grecia.

Cuando son puestos en libertad, los sirios tienen que arreglárselas ellos solos. No tienen acceso a la Seguridad Social ni documentación válida que les posibilite una forma de vida digna en el país.

Las cosas no han sido distintas para Leilah durante los nueve meses de sufrimiento en Atenas. Uno de los momentos más difíciles para la familia fue cuando la policía griega detuvo a sus dos hijos mayores por no tener documentación.”Era como si me hubiesen arrancado una de las extremidades. Estaba perdida,” recuerda.

“Solía ir a la comisaría y preguntar por mis hijos casi todos los días mientras estuvieron detenidos. Pero siempre terminaba por irme sin que me hubieran dado detalles sobre el destino de mis hijos.” Después de 33 días de detención los hijos de Leilah salieron finalmente.

La policía, teniendo en cuenta las peticiones de ACNUR para un mejor tratamiento de los refugiados sirios, ha emitido una directiva por la cual se suspende las órdenes de expulsión o retorno durante seis meses, duración que podría ampliarse de no cambiar la situación en Siria. Ello ha traído consigo la puesta en libertad de los sirios detenidos una vez que se ha comprobado su nacionalidad, hecho que ha celebrado ACNUR.

Hoy Leilah está contenta por haberse reunido de nuevo con todos sus hijos. También se alegra de que, gracias a la ayuda de otros compañeros sirios en Grecia, ha podido encontrar un alojamiento mejor que un apartamento en ruinas en el barrio rojo de Atenas. La familia tiene que compartir algunas zonas con otras 16 personas.

Maarouf, un medico sirio que lleva viviendo en Grecia 28 años, es una de las pocas personas que está ofreciendo su ayuda a los refugiados sirios. Conoce sus problemas por su experiencia. “Los sirios que llegan a Grecia, sobre todo las familias con niños, viven en condiciones dramáticas,” afirma.”No disponen de medios para sobrevivir y dependen de la ayuda que les ofrecen otros sirios u organizaciones no gubernamentales. Pero sus necesidades son enormes.”

Mientas mira las fotos de su marido y otros familiares que aún están en Siria, Leilah se pregunta si alguna vez los volverá a ver. “Dejar mi país, mi casa, para mí fue como morir,” cuenta. “Lo que me hace seguir a delante son mis hijos y la esperanza de que un día, cuando se reestablezca la paz en mi país, podré volver a mi casa y sentir que estoy viva de nuevo.”

Hasta entonces, ACNUR considera que los sirios refugiados en Grecia, como Leilah y sus hijos, se merecen un nivel de protección adecuado que les permita vivir con dignidad y seguridad.



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