Published On: Mar, Jun 10th, 2014

Un tratamiento rápido salva a un niño centroafricano de 7 años refugiado

GBITI, Camerún, 6 de junio de 2014 (ACNUR/UNHCR) –Ibrahim juega feliz frente a su madre en la ciudad camerunesa fronteriza de Gbiti como lo haría cualquier niño de siete años. Pero cuando se da la vuelta la gente se queda impactada al ver la gran cicatriz que tiene en la cabeza.

Esta horrible herida de machete será un recordatorio para el resto de su vida de lo cerca que estuvo de morir a manos de las milicias al otro lado de la frontera, en su República Centroafricana natal. Ibrahim debe su vida a la rápida intervención del personal de ACNUR en Camerún, que vio su terrible herida cuando cruzaba un río poco profundo que marca la frontera de la República Centroafricana con Camerún. Le habían rebanado un trozo de la cabeza, dejando al descubierto el hueso y parte del cerebro.

El equipo de ACNUR le llevó rápidamente al hospital de la ciudad de Bertoua, a tres horas en coche desde Gbiti. Al llegar fue atendido de inmediato: además de la herida en carne viva el niño estaba débil y malnutrido tras haber pasado semanas caminando por los bosques con sus padres para buscar seguridad en Camerún. “Durante esos dos meses no durmió, no podía dormir y no paraba de llorar” recuerda su madre, Djoumba.

Niño rescatado

Muchas de las personas que llegan a Gbiti lo hacen agotadas y en precarias condiciones físicas tras haber huido de los brutales ataques de las milicias a sus casas. Muchos tienen graves cortes o heridas de bala pero se consideran afortunados por estar vivos. Los milicianos atacan a hombres, mujeres y niños y pocos menores sobreviven a heridas tan graves como la que le hicieron a Ibrahim.

ACNUR y sus socios están monitoreando de cerca a las miles de personas que cruzan a Gbiti, vigilando por si llegan personas que necesitan atención médica o por si hubiera casos de malnutrición o heridos. Aquellos que necesitan hospitalización son trasladados a Bertoua y otros a campos de refugiados. Sin el apoyo de ACNUR y sus socios, como Médicos sin Fronteras, muchos de estos refugiados morirían.

Al igual que muchas otras personas procedentes de entornos rurales, los padres de Ibrahim probablemente pensaron que el conflicto intercomunitario que estalló el pasado diciembre en Bangui no les alcanzaría. Pero hace dos meses, mientras Amadou, el padre de Ibrahim, estaba fuera atendiendo su ganado, un grupo de milicianos se presentaron en su casa.

“Me vieron con mis hijos en la casa, cogieron a todos los niños pequeños y los mataron con machetes. Mataron delante de mí a seis personas, entre ellas cinco niños” dice Djoumba, de 30 años. “Ibrahim era uno de los seis niños que cogieron. Cuando le golpearon con los machetes pensé que estaba muerto”.

Los intrusos querían llevarse también a Djoumba, pero la dejaron cuando se resistió. “Me dejaron tirada en el suelo al lado de Ibrahim. Poco después me di cuenta de que Ibrahim todavía respiraba” explica.

Cuando Amadou regresó a casa se encontró a su mujer y su hijo herido y decidió huir inmediatamente de la aldea y buscar seguridad en Camerún. No podía tapar la herida de Ibrahim pero la lavaban con agua caliente cuando podían para intentar reducir el riesgo de infección. Pero sus padres pensaban que en algún momento el niño moriría.

“Caminamos durante dos meses, día y noche. Cuando llegamos a un río, descansamos un poco. Bebimos agua de los ríos y comimos la carne de vacas muertas que encontramos por el camino. Las vacas también estaban muriendo de hambre” explica Djoumba.

De alguna forma lograron llegar todos a salvo a la frontera y cruzar a Camerún, a un punto donde estaba presente el personal de ACNUR, que pudo llevar rápidamente a Ibrahim al hospital para recibir los cuidados que necesitaba desesperadamente.

Le dieron de alta en el hospital un mes después y se reunió con su familia en Gbiti, donde se habían construido un refugio en el que esperan hasta ser trasladados al campo de refugiados de Mbile, en el interior de Camerún. Unos 20.000 refugiados han cruzado a Gbiti, por lo que lleva tiempo trasladarlos a todos más al interior.

Hoy la herida de Ibrahim está curada y juega feliz con sus nuevos amigos. No tiene daños permanentes en el cerebro pero necesitará apoyo para superar el trauma. Él tuvo suerte pero también debió de tener un fuerte deseo de luchar por su vida. Cuando llegue al campo de refugiados podrá retomar su educación.

Muchos de los niños que huyen de la brutalidad en la República Centroafricana nunca habían estado en los países vecinos, como Camerún, donde ACNUR, Médicos sin Fronteras y otros actores humanitarios ofrecen asistencia de emergencia que incluye un refugio básico y atención médica. Muchos de estos niños mueren por los ataques, de hambre o por enfermedades mientras huyen hacia lugares seguros.

Por Céline Schmitt en Gbiti, Camerún

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