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Published On: Lun, Oct 19th, 2015

La crisis de la educación universitaria en Estados Unidos

La universidades estadounidenses vuelven a arrasar un año más en las clasificaciones mundiales. El sistema meritocrático ha dado magníficos resultados durante décadas y algunas universidades pueden competir entre ellas por el número de premios Nobel conseguidos por sus profesores y antiguos alumnos. Realmente, el sistema universitario americano es la envida de todo el mundo.

Pero no es oro todo lo que reluce: la educación universitaria en Estados Unidos es terriblemente cara. Punto y seguido.

Salvo que el estudiante reciba una gran cantidad como beca, lo que sólo se puede obtener con unas altas capacidades intelectuales (y una familia capaz de gestionarlas) o deportivas, a la clase media le resulta cada vez más difícil enviar a sus hijos a la Universidad. Un complejo sistema de ayudas públicas, préstamos, internados, becas y avales, un auténtico crucigrama, puede hacer posible el sueño de la graduación pero deja atrapados a muchos estudiantes en una deuda imposible de pagar con las condiciones actuales del mercado de trabajo estadounidense. Y no es un problema sólo de las universidades privadas (todavía más caras) sino que en 2013 el 69% de los titulados en universidades públicas tenían que hacer frente a una deuda superior a los 28.400 dólares.

Massachussets Institute of Technology
La idea de una universidad pública y gratuita al estilo europeo es nueva y radical para la mayoría de los americanos. Los estudiantes estarían encantados de ingresar en universidades que no les obligaran a vender sus órganos internos en el mercado negro para pagar las matrículas y el alojamiento en los campus. De hecho en todas las elecciones presidenciales, algún candidato demócrata con pocas posibilidades de salir elegido propone sin mucha fe la creación de universidades públicas gratuitas. Para las elecciones de 2016, la posible candidata demócrata Clinton, apenas esboza la vaga idea de que las unidades deberían ser un poco más accesibles y los candidatos republicanos se limitan a criticar el sistema de becas públicas y a exigir la privatización de todas las universidades.

La mayoría de la sociedad americana está seriamente preocupada por el deterioro de la educación secundaria pero asiste inmutable al aumento de los precios de la educación universitaria. Es posible que haya un sector de la juventud que no esté muy interesado en estudiar como vía de promoción personal. Son ese tipo de jóvenes incapaces de resolver un crucigrama o que son capaces de aprecer en Youtube explicando que “los americanos” deben hablar “americano” y no ese idioma que se habla en Inglaterra. La viralidad de internet permite que estos jóvenes sean populares por su necedad pero no los hace representativos de una juventud que sí quiere estudiar y sí cree que el esfuerzo forma parte de la ruta para tener una vida mejor.

El problema de la inaccesibilidad de la universidad en Estados Unidos no deja de aumentar: el aumento de tasas académicas se ha convertido en una tradición anual en los campus y esto está generando una corriente de protesta entre los universitarios que ya consideran estos precios abusivos y no pueden permitirse mayores costes. La educación universitaria lleva camino de convertirse en un privilegio exclusivo reservado a quienes pueden pagárselo y en una trampa para quienes tienen que aceptar trabajos mal pagados para poder pagar las deudas contraídas durante la carrera, principalmente estudiantes de clase trabajadora y, todavía más, negors, hispanos y otras minorías raciales.

Desde un punto de vista económico sería comprensible que los precios de los estudios universitarios subiesen si un título garantizase un empeleo con un salario también en ascenso pero esa no parece ser la tendencia en Estados Unidos en los últimos años. Sólo los mejores de cada promoción y los titulados en algunas carreras (TI, cirugía, etc.) pueden encontrar trabajos que les permitan pagar sus deudas… en menos de diez años.



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