Published On: Mie, Mar 16th, 2016

Niños sirios duermen en el barro de las fronteras de los Balcanes

Post por Rajae Msefer Berrada, representante adjunta de UNICEF en la ex República Yugoslava de Macedonia.

Mientras 14.000 personas, la mitad de las cuales eran niños, estaban atrapadas en sus improvisadas tiendas de campaña en IdomeniGrecia, yo presenciaba una escena muy similar en la frontera de la ex República Yugoslava de Macedonia y Serbia.

Los últimos 437 refugiados sirios que cruzaron la frontera desde Grecia por el sur, ahora estaban atascados en el norte, y no podían continuar su viaje hacia Serbia. Un cuarto de estas personas eran niños menores de 5 años; 12 de ellos tenían solo unos meses de edad.

Una joven pareja siria se me acercó tímidamente para pedirme ayuda para su hija, traumatizada desde que salieron de su país. “Si la tocas solo con la mano se pone a gritar. No sabemos qué hacer por ella”.

Otro padre me dio una botella de leche usada, sucia, vacía… Y me pidió que le ayudara a encontrar un poco de leche para sus hijos. Como madre y abuela, no pude evitar mirar la botella y sentir mucha rabia. Pensé en los 3,7 millones de niños de Siria que, desde que nacieron, solo conocen la guerra. Después de ser testigos de la destrucción de sus casas y de cómo su vida se hacía pedazos, esta gente está pasando noches enteras bajo la lluvia, sin acceso a alimentos ni ningún tipo de servicios.

Las restricciones en las fronteras de los Balcanes ya han dejado a más de 1.000 personas atrapadas en el centro de tránsito de Tabanovce. El 7 de marzo, cuando tuvo lugar la cumbre entre la Unión Europea Turquía, estas personas pudieron cruzar a la ex República Yugoslava de Macedonia desde Grecia. Ahora se encuentran atascadas en la frontera con Serbia.

“Después de estar en el tren durante más de 4 horas, llegamos a la frontera. La policía macedonia nos puso un sello de salida y caminamos hacia Serbia, pero la policía de este país no nos deja pasar”, me contó un padre mientras trataba de proteger a su bebé de la lluvia y el frío. “No podemos volver al centro de tránsito. No tenemos ningún lugar en el que protegernos de la lluvia y no tenemos comida”, añadió.

Dos días después, volvimos a este lugar. Seguía lloviendo. Los campos de barro estaban ahora llenos de tiendas de campaña. El coordinador de terreno de UNICEF y otros trabajadores humanitarios habían estado trabajando para colocar los pequeños refugios de la mejor manera posible, entre los surcos de agua barro. La superficie estaba tan embarrada que un hombre refugiado vino a ayudarme para que no me cayera mientras caminaba para hablar con la gente.

“No podemos volver atrás”, me dijo una madre. “Tengo dos hijas adolescentes que viajaron solas a Alemania hace unos meses y tengo que ir con ellas”.

Esta mujer me recordó los riesgos de la separación familiar y que los cierres de fronteras no anulan la voluntad de estas personas de continuar su camino. Los padres aceptan que sus hijos sufran estas terribles condiciones durante días porque mantienen la esperanza de que se reabran las fronteras y puedan reanudar el viaje.

Muchos incluso están haciendo grandes sacrificios para soportar la falta de servicios básicos. Sin embargo, no podemos permitir que esto siga ocurriendo. Desde UNICEF, junto con otras organizaciones, estamos distribuyendo comidakits de higienepañales ropa de abrigo, a la vez que animamos a las madres a seguir dando el pecho a sus bebés. Pero se necesita mucho más. ¿Cuántos días tienen que dormir los niños en el barro?

Los niños son los que más están sufriendo esta crisis. Solo en sus primeros años de vida han sufrido más de lo que la mayoría de nosotros hemos soportado en toda nuestra vida.

Los gobiernos tienen que recordar su obligación de proporcionar vías seguras para los niños que huyen de la guerra y apoyarlas con medidas como la reunificación familiar para que no sufran ni un minuto más.



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