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Published On: Vie, Nov 24th, 2006

Andy Oakes

Europa Press

El británico Andy Oakes retrata en el trhiller “Ojos de dragón” (Alianza) el tráfico de transplantes de órganos en la República Popular China actual a raíz de la aparición de unos cuerpos mutilados que un policía “desencantado” con su sociedad investigará y descubrirá los entresijos políticos que se esconden detrás de este crimen.

En su debut literario, Premio Europeo de Crimen y Misterio, Oakes plasma el Shangai moderno con una sociedad que “no quiere aceptar el crimen y su personaje principal, Sun Piao se harta de esconder cosas en el cajón”. Sin embargo, durante el proceso de investigación, Piao encontrará obstáculos administrativos, no exentos de intimidaciones.

En la trama literaria se habla de “5.000 ejecuciones al año” en el país asiático con la intención de “quitar los órganos vitales, venderlos a Occidente y quemar los cuerpos” para luego “entregar las cenizas a la familia”.

En el relato, Oakes crea el ambiente, la atmósfera y los colores de Shanghai y muestra un personaje que “debería hacer lo debido”, pero no busca ninguna “anexión” y deja que el lector “tome su postura”. El escritor destacó que China es un territorio del que hace 10 años “no había interés y ahora es imposible abrir una revista y que no hable de ella”.

El policía Sun Piao, que ha creado basándose con personajes de la literatura clásica del crimen, ha crecido con la cultura de Mao –en la actualidad “dos de cada tres niños no saben quién fue el líder comunista”– pero se da cuenta de que “su sistema cultural, con el que él confiaba, se está desintegrando”.

El escritor, que en la actualidad vive en Londres con su mujer y sus tres hijos, es conocedor de China, cuyo territorio ha recorrido en numerosas ocasiones y donde, además, “tengo muchos amigos con los que estoy en contacto”.

Sin embargo, su relación con el país comunista es un tanto “esquizofrénica” existen cosas que “amo como la generosidad de su gente y sus bailes”, pero por otro lado “odio que a las niñas les llamen “agua derramada” –cuando estuvo allí vio como una niña se moría en la calle– o la interpretación que hacen del comunismo”.

Asimismo, también criticó la censura china que dificulta “encontrar contenido político y sexual” y los libros que existen “se venden en librerías muy escondidas donde a veces la gente a hurtadillas se acerca a comprar”.

Oakes trabajó durante años como investigador y técnico en desarrollo de una empresa británica especializada en contratos militares gubernamentales. Sin embargo, nunca ha pensado en escribir sobre ello: “Es un riesgo para mi vida y no es nada atractivo”, apuntó.



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