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Published On: Lun, Jul 30th, 2007

Ingmar Bergman muere a los 89 años

Europa Press

Entre 1946 y 1982 rodó más de 40 películas en las que reflejó su obsesión por el alma humana, la muerte, la religión y la mujer

El director de cine sueco Ingmar Bergman murió hoy a los 89 años de edad en su residencia de la isla sueca de Faro, al norte de la turística isla de Gotland, en el Mar Báltico, según informó su hija Eva Bergman. Nacido el 14 de julio de 1918 en Upsala, entre 1946 y 1982 dirigió más de 40 películas, entre las que destacan “Prisión” (1948), “Sonrisas de una noche de verano” (1955), “El séptimo sello” (1957), “Fresas salvajes” (1957), “Persona” (1966), “Sonata de otoño” (1978) y su última película, “Fanny y Alexander” (1982).

Bergman falleció “en paz” en su residencia del islote de Faro, según declaró su hija Eva Bergman –el director tenía nueve hijos– a la agencia sueca de noticias TT. Todavía no se ha anunciado la fecha del funeral, pero sí se ha advertido de estará restringido a su reducido círculo de amigos y familiares.

Hijo de un pastor luterano, Ingmar Bergman se crió en el seno de una familia muy estricta en cuanto a las costumbres y a la religión, un aspecto que influyó en su posterior trayectoria cinematográfica. Con menos de 20 años de edad, se instaló en Estocolmo, donde comenzó su trayectoria en el mundo del teatro, un género del que nunca se apartó, hasta el punto de que entre 1963 y 1966 dirigió el Real Teatro Dramático de Estocolmo. Tras retirarse del cine, Bergman regresó en ocasiones al mismo Teatro Dramático para representar obras de Shakespeare, Ibsen y Strindberg, entre otros autores.

En 1945, la Svensk Filmindustri le ofreció la posibilidad de dirigir su primera película, “Crisis”, en la que ya se atisbaba su costumbre de sublimar sus propias obsesiones personales en un personaje. Su interés por la contradicción entre las aspiraciones del ser humano y su entorno se reflejaba en la obra que supuso su consagración artística, “Prisión”.

A medida que iba madurando, la obra de Bergman empezó a reflejar la influencia de los dramaturgos Henrik Ibsen y August Strindberg, en particular en su obsesión por estudiar, con una fuerte carga dramática e íntima, el alma del ser humano. En los años cincuenta, tras varias películas en las que Bergman hizo su particular tributo al amor y al verano sueco con películas como “Juegos de verano” (1950) y “Un verano con Monika” (1952), el director se lanzó a una carrera en la que primaron su obsesión por el sentido de la vida, la relación con Dios, la dicotomía entre el bien y el mal y, en medio de ello, una visión irónica sobre la vida en pareja.

EL SÉPTIMO SELLO

En 1955 rodó “Sonrisas de una noche de verano”, por la que obtuvo el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de ese año. En 1956 obtuvo un éxito clamoroso con “El séptimo sello” (1956), protagonizado por Max von Sydow, que también obtuvo el Premio Especial del Jurado de Cannes y que contaba la historia de un caballero sueco del siglo XIV que, a su regreso de las Cruzadas y obsesionado por obtener respuestas sobre la vida, la muerte y la existencia de Dios, decide retar a la Muerte a una partida de ajedrez.

En “Fresas salvajes” (1957), Bergman trató el tema de la vejez, en “En el umbral de la vida” (1957) se acercó a la maternidad y en “El manantial de la doncella” (1959), basada en una balada sueca del siglo XIII, narró la venganza de una familia tras el asesinato y violación de su hija.

Tras ajustar cuentas con su educación religiosa con las películas “Como en un espejo” (1961), “Los comulgantes” (1962) y “El silencio” (1963), en 1966 rodó “Persona” (1966), en la que se aprecia una clara incluencia del psicoanálisis y de la psicología analítica de Carl Gustav Jung. Ya por entonces empezó a vivir en la isla de Faro, junto a la actriz noruega Liv Ullman.

FANNY Y ALEXANDER

En 1976, Bergman trasladó su residencia a Munich, en el sur de Alemania, a causa de un escándalo fiscal. En la ciudad alemana, el cineasta sueco dirigió “El huevo de la serpiente” (1977), una película en la que reconstruyó el Berlín de la posguerra. En 1978 rodó “Sonata de otoño”, protagonizada por Liv Ullman, sobre las relaciones entre una pianista y sus dos hijas.

En 1982, Bergman dirigió “Fanny y Alexander”, que anunció que sería su última película, como efectivamente lo fue. En esta película reunió gran parte de sus obesiones, como el mundo del cine, el temor a la religión, el universo femenino y la muerte. El protagonista, un niño de doce años, y el contexto, una familia de Upsala a principios del siglo XX, no dejaban lugar a dudas sobre el componente autobiográfico de la última obra cinematográfica de Ingmar Bergman.



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