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Published On: Dom, Oct 28th, 2007

“Bergman Island”

Europa Press

El director sueco Ingmar Bergman abrió su corazón para el documental “Bergman Island” en el que, a través del recuerdo de sus vivencias, mostró sus pensamientos e interioridades, que se proyectaron a modo de homenaje ayer en la 52 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci).

El escenario principal del documental es la solitaria isla de Faro, y dentro de ella, la casa donde Bergman vivía desde 1965, su cine particular, que también fue un estudio, y las playas, campos y calles del paradisíaco lugar, donde el cineasta, fallecido recientemente, se sentía identificado.

Tal y como relató Bergman en los primeros minutos de la película mientras paseaba por las playas de Faro, la soledad centraba en aquel momento su vida. “A veces pasan días sin que hable con nadie”, comentó, algo que le resultaba placentero ya que, para él, el silencio era algo maravilloso.

En ocasiones, el silencio que reinaba en su casa de Faro, construida en función a sus necesidades y anhelos, como ver el mar y las tormentas de nieve tumbado cerca de la chimenea, se rompía con el sonido de los relojes, una de sus mayores aficiones.

Mientras los enseñaba con cariño y nostalgia ante la cámara, explicó que tenía decenas de ellos, incluso algunos con más de 100 años de vida, como el reloj de confirmación de su padre.

En ese contexto habló sobre su infancia y su familia. Su padre a veces no podía contener la furia, según relató, y le pegaba, mientras que a su madre la seguía continuamente en busca de caricias, ya que, de pequeño, reconoció ser un niño llorón y mimado.

Su primer proyector lo consiguió en esa época de infancia, cuando, tras unas Navidades, se lo regalaron a su hermano, a quién se lo cambió por todos sus soldaditos de plomo. Fruto de ese recuerdo, y mientras desempolvaba el dicho proyector, comentó que rodó en 1982 “Fanny y Alexander”.

Años antes, se produjo su primera incursión en el cine y triunfó en el festival de Cannes, aunque reconoció que en ese momento le faltaba experiencia y no tenía nadie de la profesión con quien discutir su trabajo.

Pronto llegó el reconocimiento a su carrera, ya que, con “Como en un espejo”, película rodada en 1961, obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Después llegarían varios premios Oscar más, como los logrados por “Fanny y Alexander”.

Además, el cineasta habló con libertad sobre sus nueve hijos reconocidos y sus diversos matrimonios y relaciones amorosas, como los mantenidos con Ellen Lundstrom, Ingrid Karlebo von Rosen, fallecida en 1995 y con quien asegura que se encontrará tarde o temprano. o Liv Ullman.

A sus 87 años, Bergman reconoció ser una persona muy miedosa y tener varios demonios que le han perseguido durante su vida, como la muerte, que retrata en “Gritos y susurros”. En los últimos momentos del documental aseguró también tener miedo al desastre, a los insectos, a los pájaros, a algunos tipos de personas o a las multitudes.

En esta edición de la Semana uno de los ejes fundamentales radica en el homenaje al magnífico cineasta, mediante la proyección, ayer y el próximo día 31, de este documental, dirigido por la directora de la televisión sueca Marie Nyrerod.



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