La libertad de expresión es uno de los derechos fundamentales del ser humano y uno de los que menos se respeta en nuestro sistema actual. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que muchos países hacen por silenciar a los que quieren mostrar la realidad, las voces de quienes la buscan siguen gritando fuerte.
La organización Reporteros Sin Fronteras denuncia que Corea del Norte es el punto del globo donde la libertad de prensa se ve más amenazada en el mundo. Los periodistas norcoreanos están obligados a seguir al pie de la letra estrictas instrucciones acerca de lo que pueden decir y cómo deben decirlo. Las penas por violar el código de conducta editorial contemplan la "reeducación", el ingreso en campos de concentración o la "desaparición", si imagináis todo lo que estos términos implican. Radio, televisión y medios gráficos están rigurosamente controlados por el dictador Kim Il Sung y su hijo, y deben rendir pleitesía obligatoria a los mismos. La agencia oficial de información tiene el deber de ocultar toda noticia que pueda deteriorar la imagen internacional del país.
Por lo que hemos estado viendo en los últimos tiempos, cabría preguntarse si no hay en nuestra libre sociedad occidental algunas trazas de esta afición norcoreana por disimular los hechos y por intentar revestir de oro lo que no reluce. Ocultamiento de información, tergiversación de datos, manipulación de resultados... ¿no nos resultan familiares estos procedimientos? ¿Acaso ha habido jamás un punto del globo donde no se ejercieran?
Es casi indiscutible que donde existen poderes, existen amenazas a la libertad. En mayor o menor grado y en todas partes, gobiernos y organismos influyentes intentan pintar una imagen que no esté hecha a su semejanza sino a su conveniencia. Corea del Norte ostenta hoy el primer puesto en el ataque contra la libertad de expresión, pero hay muchos otros que se llevan premios consuelo. No sé si habrá alguno capaz de ver la viga en el ojo propio.
También es cierto que pese a los esfuerzos de los más duros regímenes, no falta quien alce su voz contra viento y marea para sacar la verdad a la luz. Sin miedo a las consecuencias, hay personas que saben defender el derecho a la información por encima de su bienestar. En Corea del Norte y en todo el mundo, estas personas son las que hacen que aún nos quede un hilo de confianza en la veracidad de los medios informativos y mucha admiración por quienes lo dan todo para defenderla.