Ciudadanos de segunda categoría

La situación en Francia se hace cada vez más insostenible y no es una locura aventurarnos a pensar que puede desembocar en una catástrofe social de nuestro tiempo. Quizá en otra época, el marginar a una clase social siguiendo las creencias de tal o cual líder no tuvo las consecuencias que puede tener en nuestros días.

En el país vecino, el señor Sarkozy ha iniciado su cruzada particular contar la inmigración. Ha impulsado medidas absurdas de selección de aquellos inmigrantes que pueden reportarle mayor beneficio al país, lo que no se traduce necesariamente en que por ello sea mejor considerado o más aceptado.

Lo que ha conseguido con ello es, en un principio, provocar una oleada de miedo e inseguridad que se ha manifestado en numerosos altercados entre los inmigrantes y la policia, según ellos, porque no se puede vivir siendo constantemente amenazado y perseguido.

El resultado de esto ha sido justo la actitud contraria. Hartos de represiones, estos grupos se han levantado tomándose cada hecho como un atentado personal. Es por ello que los suburbios de París se han convertido en un campo de batalla en el que prima la ley del más fuerte. Un despliegue de fuerzas de seguridad que bien puede recordar a cualquier país en guerra.

El problema de la inmigración es un problema que azota al mundo entero y que algunos se quieren tomar a la tremenda. Pero en el caso de Francia es un tanto especial ya que la mayoría de esa población que se ve como inmigrantes son tanto o más franceses que el resto, hijos de inmigrantes, sí, pero nacidos crecidos en Francia. Pero esa condición de franceses de segunda categoría hace que sean tratados también como ciudadanos del mismo rango.

Y eso es lo que no están dispuestos a soportar más. Ya no sólo a tener que justificar que son o no inmigrantes, si no a tener que sufrir también las represiones, los cercos policiales a las puertas de su casa, etc. No es de extrañar que el atentado que ha sufrido el gabinete de abogados fundado por Sarkozy en París tenga una connotación más o menos relacionada con este aspecto

Y esto no sólo debe verse como un problema de un país, si no que puede servir de modelo, tanto para las revueltas como por las medidas para paliarlo. Pero un problema, al fin y al cabo, que cada día, da muestras de convertirse en algo peor.

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