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Published On: Mar, Jun 14th, 2005

Comer insectos

Europa Press

A medida que los insectos en México se han convertido en un manjar de la elite, los biólogos del país están estudiando formas de revivir su consumo entre los ciudadanos más pobres, como una fuente proteínica y una actividad productiva benéfica para el medio ambiente.

Algunos insectos y sus huevecillos son ofrecidos como platos exóticos en el menú de varios restaurantes caros, pero las nuevas iniciativas van más allá de revivir la vieja gastronomía, que añadía unos cuantos insectos a los molcajetes donde se muele el chile para preparar una salsa picante.

Los investigadores buscan incorporar los insectos a algunos alimentos más modernos, preparando tortillas enriquecidas con larvas, perros calientes basados en chapulines (saltamontes) o dulces de lombriz.

Encabezados por estudiantes de administración de empresas y biólogos, los proyectos buscan elevar las ganancias de los agricultores mediante la producción, comercialización y distribución de varias "exquisiteces", como los huevos de hormiga (conocidos como escamoles) y los gusanos de maguey (una planta espinosa muy común en el país).

La intención es también convencer a las familias de los agricultores para que consuman las especies con menor valor comercial.

"Aquí en México, el consumo de insectos se remonta al periodo prehispánico; se fue perdiendo con la conquista y actualmente las poblaciones rurales conservan un poco esta costumbre", dijo Gabriela Jiménez Casas, bióloga de la Universidad Nacional Autónoma de México, quien ofrece conferencias y demostraciones a los niños mexicanos para convencerlos de que los insectos son ricos y nutritivos.

Sin embargo, Jiménez Casas reconoce que en una cultura en la que penetra con fuerza la llamada "comida chatarra" (papas fritas, dulces y golosinas), resulta difícil convencer a los niños de que coman insectos.

La bióloga recalcó que algunos insectos, añadidos a salsas o ensaladas, pueden proporcionar las proteínas necesarias para muchos niños pobres. Argumentó que una larva de mosca puede contener el doble de proteínas que un bistec, con mucha menos grasa.

El biólogo Juan García, del Instituto Politécnico Nacional, opta por una estrategia diferente: esconder los insectos, bien sea mezclándolos en productos como la harina para las tortillas, o cubriéndolos con alimentos apetecibles como el chocolate o los caramelos. García ha producido langostas cubiertas de chocolate, gelatinas de lombriz o gusanos cubiertos de caramelo macizo y transparente.



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