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Published On: Lun, Nov 15th, 2010

La diabetes tipo 2 “no es nada más que un eufemismo para decir obesidad”, según el endocrino Arturo Rolla

Europa Press

“Los pacientes con diabetes viven con azúcar alto, pero mueren de un coágulo en el corazón o en el cerebro”, afirma este experto

La diabetes tipo 2, en realidad, “no es nada más que un eufemismo para decir obesidad”, según el profesor de Medicina Clínica en Harvard en Boston (EEUU), el endocrino Arturo R. Rolla, quien ha explicado, con motivo del Día Mundial de la Diabetes celebrado este domingo, que “la principal fuerza que hace que avance la prevalencia de la diabetes es la obesidad”, por este motivo se muestra crítico con el actual estilo de vida.

“Todo el planeta está comiendo más de lo que tiene que comer y no está haciendo suficiente ejercicio”, asevera para recordar que “hace 100 años, había muy poca diabetes tipo 2 y se daba en mayores de 50 años. Hoy hay muchísima, y ya se da en gente muy joven”.

Al tratarse de una enfermedad compleja, advierte que la prevención no puede estar solo basada en una mejor alimentación y más ejercicio, al contrario, se trata de cambiar todo el estilo de vida porque, parafraseando a Gandhi, “el enemigo somos nosotros”. “Es la naturaleza humana, que nos lleva a comer cuando no tenemos hambre, nos hace comer más de lo que necesitamos y nos empuja a ser sedentarios”, añade.

Para este experto la diabetes es mala pero “es peor por las malas compañías que atrae: obesidad, hipertensión, aumento del colesterol” y “porque no solo atrae a esos factores de riesgo, sino que los potencia”. Por este motivo, aboga por tratar la enfermedad de una manera global, y recuerda que “al hacer el diagnóstico de diabetes, se hace el diagnóstico de una muerte prematura”.

“La diabetes no es sino un signo metabólico de que se avecina un infarto o un accidente cerebrovascular. Hay que hacer un control múltiple: controlar el azúcar, el peso, el colesterol, la presión arterial, evitar el cigarrillo Porque nuestros pacientes con diabetes viven con azúcar alto, pero mueren de un coágulo en el corazón o en el cerebro. Y eso es lo que debemos intentar prevenir”, explica.

DIETA EJERCICIO Y MEDICACIÓN.

En su opinión, la dieta y ejercicio son “sumamente importantes”, aunque cree que “las dietas son como las religiones: todas son muy buenas, pero no las seguimos”, pero en parte entiende que forma parte de la “naturaleza humana”. “Luchamos contra uno de nuestros instintos más básicos, que es el comer”, apunta.

Respecto a su control con tratamiento, destaca que en los últimos años han aparecido, particularmente, los tratamientos con incretinas. Se basan en algo que conocíamos hace tiempo, pero que no sabíamos cómo utilizar: las hormonas intestinales. Cuando comemos, al absorber los nutrientes, la pared del intestino segrega hormonas; una de éstas, llamada GLP-1, “es muy importante porque estimula la secreción de insulina” pero, en diabéticos, esa hormona disminuye en un 50 por ciento.

Tratando de encontrar maneras de aumentar la secreción ó controlar su degradación se han desarrollado medicamentos potenciadores de incretinas como “Onglyza” de Bristol-Myers Squibb que bloquea la enzima 4-dipeptidil péptidasa (DPP-4) que destruye la hormona.

Respecto al futuro, teniendo en cuenta que son muchos los factores que llevan a la diabetes, y muchos los mecanismos que propician el aumento del azúcar, “la idea es tratar de mantener el número de células beta funcionantes en el páncreas”. Y, con este objetivo, es partidario de la terapia de combinación, entre ellos los inhibidores de la DPP-4, que tendrían que ir asociados a otros medicamentos.

“Tenemos fármacos que aumentan la secreción de insulina y otros que aumentan el efecto de la insulina en los tejidos. Al combinarlos tenemos una adición de efectos que hace que no necesitemos dosis tan altas y se ataque a la enfermedad desde muchos ángulos”, afirma.

Este experto que ha estado en Madrid invitado por Bristol-Myers-Squibb y AstraZeneca, no es optimista sobre la erradicación de la enfermedad. “Yo siempre dije que esperaba ver su desaparición durante mi vida. Hoy me he convencido de que no la veré”, afirma al tiempo que advierte de que no erradicarse “va a acabar con la humanidad”. Por eso, “tenemos que tomarla muy en serio, sobre todo por sus implicaciones en el Tercer Mundo, en donde está aumentando muchísimo y sin prácticamente opciones para controlarla”, concluye.



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