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Published On: Lun, Abr 25th, 2011

El accidente de Chernobil fue 1.000 veces superior a Fukushima

Europa Press

El accidente de Chernobil (Ucrania) del que se cumplen este martes 25 años, fue “1.000 veces o más peor que el Fukushima (Japón)” ocurrido el pasado mes de marzo a raíz del tsunami que siguió a un terremoto de 9 grados de magnitud en la escala Richter, por lo que según el ex consejero del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) y catedrático emérito Agustín Alonso, “va a ser necesario modificar la Escala Internacional de Sucesos Notificables y añadir uno o dos niveles más”.

Así, en el 25 aniversario del accidente de Ucrania que se cumple con el reciente accidente nuclear japonés, Alonso ha explicado a Europa Press que aunque ambos han sido calificados con nivel 7, el máximo, hay una gran diferencia entre ambos, ya que el límite de emisión de contaminantes radiactivos está en torno a 50.000 terabequerelios que en Chernobil se superó en “mucha mayor cantidad”.

Para precisar el orden de magnitud, ha indicado que mientras en Chernobil la contaminación es de kilobequerelios por metro cuadrado, en Fukushima son bequerelios por metro cuadrado.

Además, ha manifestado que Chernobil fue “muy grave, sin duda el más grave de los ocurridos” y que espera que no se vuelva a producir, aunque en todo caso, ha explicado las “enormes diferencias” y también las similitudes entre ambos casos.

Respecto a Chernobil, que ocurrió el 26 de abril de 1986, ha concretado que se inició en un reactor de diseño soviético muy peculiar que era una adaptación de un reactor de producción de plutonio para producción eléctrica en el que se intentó un experimento para verificar que la inercia de la turbina podía seguir suministrando suficiente energía en caso de parada de reactor. “Se hizo en condiciones muy adversas, sin cumplir los requisitos mínimos, a una potencia en la que el reactor era inestable y siguió las leyes físicas”, ha subrayado, al tiempo que ha añadido que se produjo un aumento del flujo de neutrones que derivó en una “excursión de neutrones por fuga de radiactividad”.

Así, se produjo una explosión de vapor que levantó la tapa superior del reactor dejando el núcleo al descubierto y dejando una reacción de oxidación del zirconio de las varillas combustibles que acabó en una explosión de todo tipo de materiales radiactivos: trozos de grafito salieron despedidos por la violencia de las explosiones, cayeron sobre los tejados de los edificios auxiliares que estaban cubiertos por una fibra asfáltica que comenzó a arder y los bomberos acudieron a sofocar el incendio sin la debida protección, muriendo 31 de ellos.

A consecuencia de esto, quedó el núcleo al descubierto l y los productos radiactivos se desperdigaron por el aire y la nube radiactiva alcanzó los 10 kilómetros de altura que llegaron, principalmente a los países europeos.

Alonso ha relatado también que los escombros radiactivos fueron recubiertos con distintos materiales utilizando helicópteros pero que el escape de productos radiactivos duró 10 días con altas liberaciones del reactor. Posteriormente se construyó un sarcófago “deficiente”, a su juicio y se realizó una evacuación de la población cercana a la central “días después, cuando el accidente ya había avanzado lo suficiente”.

Por otro lado, ha diferido del baile de cifras de afectados, “muy variables” y ha dicho que “las más fiables” hablan de unos 25.000 casos de tiroides de los que alrededor de 1.000 fallecieron. En todo caso, ha aseverado que 25 años después persiste un radio de 16 kilómetros de acceso prohibido, aunque ha calificado de “cuanto menos curioso e interesante” que la zona se haya convertido en “casi una atracción turística”.

DIFERENCIAS Y SIMILITUDES

El catedrático emérito en energía nuclear ha expuesto que los reactores de Fukushima son de diseño occidental, que cuentan con mejores sistemas de seguridad y con un recinto de contención adecuado, que Chernobil no tenía. En definitiva, ha destacado que el accidente de Japón “ha sido distinto”, porque los elementos combustibles se calentaron por falta de refrigeración, aunque tiene en común con el ucraniano la reacción entre las varillas de combustibles que eran muy parecidas, aunque las de Fukushima estaban más enriquecidas, pero de uranio y no de plutonio.

Además, en ambos casos se ha producido una deflagración que destruyó el edificio del reactor, aunque en Fukushima lo que quedó al aire fue la piscina de elementos combustibles al aire, mientras que en Chernobil el propio núcleo del reactor llegó a explotar, esparciendo “todo tipo de productos radiactivos”, mientras que en Japón, asegura que sólo se han detectado productos volátiles por el deterioro.

Alonso ha precisado que en Fukushima están descubiertas las piscinas de los elementos combustibles, algo que ha calificado de “preocupante”, pero ha dicho como aspecto positivo que el elemento combustible permanece dentro de la vasija del reactor, de la que ha dicho que está “intacta” y dentro del recinto de contención de acero que también está a salvo. A diferencia de esto, ha agregado que en Chernobil la explosión arrancó la vasija, la elevó un metro, luego cayó y se rompió.

Con estas diferencias, considera que las consecuencias radiológicas de Fukushima “van a ser muy pequeñas” y menores, en cualquier caso, a las consecuencias de Chernobil.

LECCIONES DE FUTURO

Respecto a la transparencia y gestión de la crisis, ha hecho hincapié en que las autoridades de la antigua república soviética tardaron días en declarar el accidente, en avisar a la población y en tomar medidas, mientras que en el caso japonés la evacuación se produjo el mismo día, cuando todavía no había empezado a deteriorarse el núcleo del reactor. “No debe ser plato de buen gusto ser evacuado, pero la población ha estado protegida”, ha valorado, al tiempo que estima que los japoneses podrán volver a sus casas “quizá dentro de unos meses”, después de que se realicen mapas para medir la contaminación del suelo y se limpie la zona.

En cuanto a la estimación de los riesgos, Agustín Alonso reconoce que la tecnología nuclear es “nueva”, ya que empezó en los años 60 y aunque asegura que se ha procurado hacer las cosas “bien, siempre quedan resquicios que no se dominan completamente”. “Chernobil tenía un diseño muy malo y Fukushima, uno no del todo bueno, porque reaccionó bien contra el terremoto, pero no contra el tsunami de 10 metros, ya que estaba previsto para un maremoto de 6 metros”, ha apuntado.

El catedrático ha dicho que aunque un accidente “nunca es deseable” espera “que sirva para aprender” ya que los expertos hacen lo posible para imaginar las circunstancias más adversas a la hora de diseñar reactores, pero a veces no se acierta y “hay que pagar por ello”. En todo caso, opina que la seguridad nunca puede ser absoluta y que siempre hay un riesgo pequeño. Por eso, ha añadido que en el futuro habrá que “combinar” los posibles riesgos, es decir, la coincidencia de distintos extremos adversos al mismo tiempo.

Finalmente, ha concluido que los actos de conmemoración de una catástrofe nuclear “benefician” al sector porque, en su opinión, “nunca se debe dejar de informar al público de lo que pasa y es muy importante ser abiertos y transparentes”. De lo contrario, ha dicho que el sector se pierde confianza, por lo que recomienda decir “siempre la verdad aunque sea dura de aceptar”, ya que por ejemplo, se producen accidentes aéreos y la población no deja de viajar en avión. Es cuestión, ha apostillado, de elegir el modelo energético.

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