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Published On: Mar, Oct 25th, 2011

El alcoholismo se relaciona con una excesiva inflamación en caso de infecciones

SINC

Javier Laso Guzmán, jefe del servicio de Medicina Interna del Hospital Universitario de Salamanca, lidera uno de los grupos de investigación clínica más activos de España en esta línea. “Hemos estudiado el comportamiento de unas sustancias que intervienen en la respuesta del individuo ante la agresión infecciosa que se llaman citocinas, unas sustancias que median en la comunicación entre célula y célula y tienen un papel importante en la inflamación, que se puede producir por traumatismos o por infecciones, pero que hasta ahora no se sabía que también está relacionada con el consumo de alcohol”, asegura en declaraciones a DiCYT.

Una de las citocinas más importantes en la inflamación es TNF alfa, pero Laso se ha centrado en las interleucinas (IL). Algunas, como IL-1, IL-2 o IL-6 son importantes en la inflamación, mientras que otras son antiinflamatorias, como la IL-10.

Esas citocinas se pueden determinar en las células que las producen, en colaboración con el Servicio de Citometría de la Plataforma Nucleus de la Universidad de Salamanca. “Hemos realizado publicaciones sobre el comportamiento de estas citocinas tanto en pacientes que tienen patología hepática como los que solo tienen adicción”, señala.

Un hecho ya aceptado es que el alcohólico crónico tiene menos defensas ante las infecciones, pero ahora este grupo de investigación ha demostrado que cuando las infecciones se producen, el enfermo desarrolla una respuesta antiinflamatoria que es desproporcionada.

“Nuestra aportación es que los enfermos alcohólicos crónicos tienen una mayor propensión a las infecciones, como ya se sabía, pero que sobre todo tienen una respuesta inflamatoria excesiva ante ellas”, resume.

Esa respuesta inflamatoria excesiva tiene en parte causas genéticas, porque no todos los enfermos reaccionan igual aunque beban lo mismo. En este sentido, los genes también pueden predisponer a un individuo a sufrir la adicción o las patologías que se asocian a ella. “No hay un gen del alcoholismo, hay un conjunto de genes que predisponen a sufrirlo, en combinación con el ambiente social”, indica Laso.

Genes de la cirrosis

“Tenemos muestras de ADN de enfermos con dependencia alcohólica, abuso de alcohol y hepatopatía (el alcohol puede producir cirrosis, hepatitis alcohólica o sólo depósitos de grasa), pero sólo un 30% de los que beben mucho alcohol desarrollan cirrosis, así que queremos saber qué genes intervienen en el desarrollo de la patología”, explica.

Algunos de ellos tienen que ver con las citocinas, ya que estas sustancias producen inflamación y “la inflamación en el hígado es la antesala de la cirrosis”. Además, este grupo ha sido pionero en ver que el gen que codifica TNF alfa “es uno de los más implicados en la predisposición a que, con igual cantidad de alcohol, se desarrolle cirrosis.

Para la investigación es necesario tener un grupo de control con población general y un grupo de alcohólicos, ya que son estudios de asociación, es decir, que los científicos unen el hecho de que un grupo de personas sufra una patología y el hecho de que tengan una alteración genética diferente al resto.

En cuanto a la adicción, el grupo de Laso también estudia los genes que intervienen en los sistemas neurotransmisores, el sistema opioide, el cannabinoide y el dopaminérgico. “Estos sistemas químicos pueden variar por condicionamiento genético”, indica. “Algunos genes que codifican las sustancias que intervienen en la dependencia tienen que ver con que ésta se desarrolle o no”, han comprobado. Además, algunos datos apuntan que las citocinas, que en principio no parecen tener relación con este problema, intervienen también en los sistemas de adicción.



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