Published On: Lun, Dic 1st, 2014

El timo del tocomocho ambiental: los bancos de hábitat

Después del brutal hachazo a las energías renovables del ministro Soria, cuando parecía que la oligarquía extractiva no podía ir más lejos contra el medio ambiente, el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente anuncia que está preparando un reglamento para regular los “bancos de hábitat” para que se pueda construir en zonas protegidas y asfaltar humedales sin mala conciencia y a precio de saldo.

Aeropuerto de Ciudad Real

Seguramente habrá sido en alguna partida de golf o en uno de los torneos sociales de pádel de ciertos clubes que tienen reservado el derecho de admisión, cuando el enviado de las constructoras (puede ser un abogado, un ingeniero, un agente de bolsa, por ejemplo) le dejó caer a un alto cargo que los estudios de impacto ambiental hacen inviables muchas obras imprescindibles para el desarrollo de España (aeropuertos, por ejemplo… pfff) y que tenía que haber un mecanismo alternativo para compensar esos daños.

Después este subdirector o jefe de negociado o o lo que sea le dejó caer la idea al ministro presentándola como propia y a todos les pareció excelente. Luego le pidieron opinión a las constructoras que exclamaron al unísono “¡Qué buena idea, qué inteligentes sois!” y así se montó el chiringuito de los bancos de hábitat.

Básicamente consisten en que si una obra causa un daño medioambiental, basta con hacer otros proyectos en otra zona que compensen el daño para poder arrasar tranquilamente humedales, encinares o todo lo que se ponga delante. El truco está en que en un banco unos prestan y otros toman prestado pero las constructoras ya habían pensado constituir asociaciones y entidades de todo tipo para ofrecer proyectos medioambientales de tres al cuarto (a precio teórico de oro) con los que poder  compensar los destrozos de sus ocultos patronos. Que ya se sabe que aquí el más tonto hace relojes.

La estafa se consumaría igual que cuando los bancos, obligados por la ley a encargar la tasación de los bienes hipotecados a una empresa externa,  constituyeron sus propias compañías tasadoras que entregaban tasaciones de las viviendas que coincidían al céntimo con las necesidades comerciales de los bancos… y ya sabemos cómo terminó aquéllo.

Sabiendo como sabemos que el aeropuerto de Ciudad Real, que lleva años cerrado, consiguió una declaración de impacto ambiental positiva pese a que se construía en una zona protegida ¿qué no serán capaces de hacer cuándo a esos daños medioambientales sean ellos mismos los encargados de ponerles precio?

Cosas veredes.



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