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Published On: Jue, Mar 26th, 2015

El domingo 29 se cambia al horario de verano

Como todos los años, el último sábado de marzo los relojes se adelantan una hora y pasamos a tener unas tardes más largas aunque nos amanezca “más tarde”. Como siempre, unos explicarán los beneficios del cambio de hora y otros manifestarán su malestar por el cambio de los ritmos diarios. La realidad es que el ahorro de 300 millones de euros en España (7,5 € por persona) apenas justifica las molestias que ocasiona salvo por el hecho de que si no lo cambiásemos al compás de nuestros vecinos europeos con quienes compartimos zona horaria y que obtienen un mayor ahorro con la medida cuanto más al norte están, las complicaciones serían permanentes.

La madrugada del próximo domingo, día 29 de marzo, comienza la “Hora de Verano” Los relojes deberán adelantarse una hora (a las 02.00 h serán las 03.00 h), en cumplimiento de la Directiva Comunitaria que rige el denominado “Cambio de Hora” y que afecta a todos los países miembros de la Unión Europea.

Molestias del cambio de hora

El “Cambio de Hora” comenzó a generalizarse, aunque de manera desigual, a partir de 1974, cuando se produjo la primera crisis del petróleo y algunos países decidieron adelantar sus relojes para poder aprovechar mejor la luz del sol y consumir así menos electricidad en iluminación. Se aplica como directiva desde 1981 y ha sido renovada sucesivamente cada cuatro años.

Desde la aprobación de la Novena Directiva, por el Parlamento  Europeo y Consejo de la Unión, en enero de 2001, este cambio se aplica con carácter indefinido. Dicha Directiva está incorporada al ordenamiento jurídico español por  Real decreto 236/2002, de 1 de marzo.

Carácter indefinido

El carácter indefinido de la aplicación del cambio de hora se ha  adoptado por entenderse que “el buen funcionamiento de algunos sectores, no sólo el de los transportes y las comunicaciones, sino también otros ramos de la industria, requiere una programación estable  a largo plazo”.

La Novena  Directiva –de obligado cumplimiento para todos los países de la Unión Europea- establece  con carácter permanente las fechas de inicio del periodo de la “Hora de Verano” (en el que, como ahora,  adelantamos el reloj una hora) y su finalización (cuando retrasamos el reloj una hora), produciéndose el último domingo del mes de marzo y el último domingo del mes de octubre, respectivamente.

Es decir, la Novena Directiva ha sido dictada con vocación de permanencia, de modo que todos los ciudadanos e instituciones, públicas y privadas de la Unión conozcan  anticipadamente las fechas del cambio horario anual y planificar su actividad sin necesidad de esperar ninguna norma  futura.

Idoneidad de la medida

La  aprobación de la Novena Directiva, que viene a consagrar la medida del cambio, está avalada  por las conclusiones  de un estudio   sobre su  alcance y efectos realizado por encargo de la Comisión Europea y  presentado al  Parlamento en 1999.

Tras analizar exhaustivamente las repercusiones de la medida, el estudio concluye que  tiene  impactos positivos  no sólo sobre el  ahorro sino sobre otros sectores como el transporte, las comunicaciones, la seguridad vial, las condiciones de trabajo y los modos de vida, la salud, el turismo o el ocio.

Ahorro potencial de energía

Según estimaciones del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) Entidad Pública  del Ministerio de Industria, Energía y Turismo, el potencial de  ahorro en iluminación en  nuestro país, por el cambio de hora, puede llegar a representar un 5% del consumo eléctrico en iluminación, equivalente a  unos  300 millones de euros. De esa cantidad,  90 millones  correspondería  al potencial de los hogares españoles, lo que supone un ahorro de 6 € por hogar; mientras que los otros 210 millones de euros restantes se ahorrarían en los edificios del terciario y en la industria.

Para alcanzar este potencial de ahorro, no obstante, se deberá llevar a cabo un comportamiento responsable en el hogar a la hora de  prescindir de la iluminación artificial  cuando no  es necesaria, así como la utilización  de  tecnologías de ahorro en iluminación por aprovechamiento de la luz natural en  edificios del terciario y en industrias. Estas tecnologías ampliamente experimentadas consisten en fotocélulas o sensores de luz que apagan o regulan la iluminación artificial en función de la luz natural aportada a la zona, a través de ventanas o lucernarios.

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