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La conquista del cosmos |
| La carrera espacial |
A mediados de los años cincuenta, los progresos en cohetes de combustible
líquido eran evidentes. Rusos y americanos competían secretamente por
conseguir lanzadores más potentes y fiables. De lado soviético, la nomenklatura
apoyaba fervientemente a Korolev en su ansia de ser los primeros en colocar un
satélite artificial en el espacio. Los esfuerzon estadounidenses estaban dispersos
entre varias agencias e instituciones que competían entre sí. En un principio, se
designó a la Navy y su proyecto Vanguard para poner un satélite en órbita,
relegando al lanzador Júpiter de von Braun, que ya había conseguido alcanzar
los 500 Kms. de distancia y 15 Kms. de altura.
En las reuniones del Año Geodésico Internacional de 1956 en Barcelona, los
rusos anuncian que están dispuestos para colocar un satélite artificial en órbita.
Ahora la carrera está oficialmente abierta.
Aunque tardan casi un año, el 4 de octubre de 1957, los rusos consiguen poner
en órbita el primer ingenio humano alrededor de la Tierra. El satélite artificial
Sputnik era una esfera de aluminio de poco más de medio metro de diámetro y
83 Kg. de peso que apenas contenía dos medidores de temperatura y otro de
electrones pero que cumplió perfectamente su misión de orbitar la Tierra y
machacar el orgullo estadounidense. Cuando éstos intenta reponerse lanzando el
Vanguard I, obtienen un muy televisado y comentado fracaso al desplomarse el
lanzador apenas a unos metros del suelo. Mientras, los rusos han colocado a la
periita Laika en el espacio, ostentando los títulos de primer ser vivo terrestre en
el espacio exterior y de primera víctima por falta de oxígeno de la carrera
espacial.
Los norteamericanos siguen cosechando fracasos y explosiones hasta que no les
queda más remedio que entregar la dirección del programa aerospacial a von
Braun quien con su clásica eficacia germana tarda menos de tres meses en tener
preparado un lanzador Júpiter con el que coloca el Explorer I, el primer satélite
artificial norteamericano.
A partir de este momento, la carrera entra en un impass en el que ambas
potencias afinan sus sistemas con un objetivo claro, colocar un hombre en el
espacio.
Serán de nuevo los rusos quienes el 12 de abril de 1961 consigan colocar a Yuri
Gagarin a una órbita entre los 181 y los 327 kilómetros de altitud durante 108
minutos. El aterrizaje se hace sobre la dura Siberia con unos paracaídas para la
cápsula Vostok y con un sistema de asiento eyectable/paracaídas para el
cosmonauta. Parece ser que el tortazo que se dió el nuevo héroe nacional al
aterrizar motivó la suspensión de este estilo de aterrizaje para futuras misiones
(aunque salió casi indemne).
Con apenas un mes de retraso, los estadounidenses lanzan a Alan Shephard
quien realiza un vuelo suborbital de apenas 15 minutos y en el que no llega a
alcanzar ni los 100 Km. de altura.
Con la moral por los suelos, Estados Unidos lanza un órdago. El presidente
Kennedy embarca a los americanos en el ilusionante objetivo de ser la primera
nación en poner un hombre en la luna. Ahora sí que va en serio.
En los años iguientes se suceden pequeñas escaramuzas en las que poco a poco
se van mejorando los lanzadores, se experimenta con los efectos de la
ingravidez en órbita y se perfeccionan todas las técnicas necesarias para ganar
la carrera. Se lanzan las primeras naves hacia la Luna: las primeras fallan
estrepitosamente, las siguientes consiguen impactar sobre la superficie y en
1966, la Lunik 2 soviética consigue alunizar y, tras desplegar sus antenas,
retransmite las primeras imágenes directas de la superficie lunar. Otros ingenios
norteamericanos, los Luna Orbiter van trazando los primeros mapas
cartográficos fiables de nuestro satélite en busca de un lugar para el alunizaje.
En mayo del 66, la sonda norteamericana Surveyor1 consigue posarse sobre la
superficie lunar e introduce una pequeña pala en la superficie para verificar que
ésta no era un mar de polvo. ¿Que por qué iba a ser una mar de polvo? Pues
porque existía la posibilidad de que el constante bombardeo meteorítico durante
milllones de años, hubiese dejado la superficie lunar completamente reducida a
polvo, algo que resultó ser erróneo pero que había que probar con toda certeza
(el primer módulo lunar pesaría casi trece toneladas). Otra sonda soviética
sorprende al mundo haciendo salir de sus entrañas el vehículo Lunajod,
conducido por control remoto desde la Tierra.
Todo está preparado para el primer alunizaje humano.
Siguiente capítulo: El programa Apollo
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