La conquista del cosmos
La Estación Espacial Internacional
A partir de las experiencias adquiridas por los rusos en su laboratorio espacial
Mir (paz en ruso) y, en menor medida, del laboratorio espacial estadounidense
Skylab, se empezó a gestar un macroproyecto que, con el paso del tiempo, está
llamado a convertirse en el primer asentamiento humano permanente en el

espacio exterior. El enorme costo de esta empresa ha hecho necesaria la
cooperación de todos los que tienen algo que decir en materia espacial: los
Estados Unidos, Rusia, Europa y, en menor medida Japón y la provincia del norte
de los USA (también conocida como Canadá).
La historia de la estación se empieza a fraguar en 1993 cuando, en medio del
período de distensión que inició la Perestroika, se firma entre Estados Unidos y
Rusia un acuerdo para su realización fusionando los respectivos programas
Freedom y Mir 2 que, por su altísimo coste, ninguno de los dos países estaba en
condiciones de asumir; la URSS por su hundimiento económico y los EE.UU. por
los recortes de presupuesto de la NASA, especialmente en lo relativo a
investigación no militar.
El proyecto americano Freedom estaba al borde de la cancelación puesto que los
costes se disparaban ya sobre el papel sin necesidad de complicaciones y
accidentes reales, teniendo en cuenta, además, la escasa experiencia de la NASA
en estaciones permanetes. Como ejemplo, los diseños rusos consitían en
módulos autónomos acoplables, cada uno con su propulsión y su sistema de
energía, lo que favorecá la redundancia de sistemas y aumentaba la seguridad;
mientras, los diseños estadounidenses se organizaban en dispositivos
centralizados (por ejemplo, un sistema de aire para toda la nave) que, aunque
flexibilizaban la construcción, hacían necesario que toda la estación estuviese
acabada antes de ser operativa y ocupada, con el riesgo adicional que esto
supone (podía, por ejemplo, abandonar su órbita por no tener listos los sistemas
de propulsión o los ordenadores que gobernasen esos sistemas de propulsión o
los paneles solares que alimentasen esos ordenadores).
Mientras tanto, los rusos mantenían en órbita desde 1986 su estación Mir en
perfecto funcionamiento durante los cinco años iniciales de servicio previstos.
Debía acabar su vida útil cuando entrase en servicio la macroestación Mir 2, que
debía ser elevada mediante los macrocohetes Energy. Los continuos
aplazamientos y retrasos en estos programas y su final cancelación, llevaron a
prolongar la vida útil de la estación durante el triple de su duración prevista
hasta que finalmente fue abandonada en el año 2000.
A partir del acuerdo arriba citado, comienzan las primeras misiones conjuntas
entre rusos y estadounidenses consistentes en acoplamientos entre el
transbordador espacial y la estación Mir mediante los cuales los rusos mantienen
en funcionamiento su estación y los americanos adquieren experiencia en esta

meteria a cambio de 30 monedas. Hasta tal punto es importante la aportación
tecnológica de Rusia que el récord estadounidense de permanencia en el espacio
lo tiene Shannon Lucid que permaneció en la estación durante seis meses en
1996. Otra de las ventajas de la aportación rusa era que ya no sólo era el
transbordador el medio de acceso a la estación espacial sino que ahora se podía
acceder mediante los cohetes rusos Soyuz TM y abastecer la estación mediante
las naves automáticas Progress M.
Tras diversos tira y afloja, retrasos y dudas, en diciembre de 1998 se acoplaron
en el espacio los módulos Zarya (Amanecer) y Unity (Unidad), que son el
embrión de la estación. Desde entonces los vuelos transportando nuevas piezas
se suceden con regularidad sumando módulos y los paneles solares (tan grandes
como un campo de fútbol). Hoy día la Estación espacial internacional es se
puede ver a simple vista como uno de los objetos más luminosos del
firmamento.
Si la menguante participación rusa en el proyecto no desaparece súbitamente
(dada la situación del país, a nadie le extrañaría), en los próximos años quedará
terminado el proyecto más complejo y más costoso del hombre en el espacio.
Del éxito de éste depende la posibilidad de nuevas misiones tripuladas,
incluyendo el futuro viaje a Marte.
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