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La conquista del cosmos |
| Introducción |
El trayecto recorrido hasta el presente en la conquista del cosmos hace ser, si no
pesimista, si un poco moderado en las previsiones de futuro. La tozudez de la
realidad ha ido dejando en evidencia a quienes de alguna forma fijaron fechas
para cada uno de los acontecimientos de la era espacial.
Se equivocaba Orwell cuando preveía que en 1984 el mundo estaría controlado
por una inteligencia mecánica y maligna llamada "El gran hermano" (bueno,
sí que controla a unos cuantas mentes débiles a través de la TV). Se
equivocaba la NASA cuando preveía (con el desbordante optimismo del Programa
Apollo) que el hombre pisaría Marte a finales de los 90. Se equivocaba Arthur C.
Clarke cuando preveía que en el 2001 ocurriría una odisea en el espacio.
(También se equivocaba la paloma de Alberti que creyendo ir al mar se fue a la
montaña, se equivocaba, pero eso es harina de otro costal). Vamos a empezar
entonces por el futuro próximo, a fecha cierta y después nos iremos despegando
de la realidad para dejar volar la imaginación.
El futuro inmediato pasa por dos hechos básicos: la consolidación de la Estación
Espacial Internacional y la generalización de misiones de bajo coste
(relativamente) con sondas no tripuladas.
En cuanto a la Estación Espacial Internacional, a fecha de hoy sigue creciendo y
aún faltan cinco años para que esté terminada y en pleno funcionamiento pero,
desde ya, se puede decir que es la primera colonia del hombre en el espacio con
verdadera vocación de permanencia. Tiene todavía la traba del altísimo coste
que suponen los viajes desde la Tierra en la lanzadera estadounidense e incluso
en los más económicos y estandarizados cohetes rusos; por eso se trabaja en un
modelo de lanzadera más parecido a un avión comercial que sea capaz de
despegar y aterrizar en horizontal aprovechando la sustentación de la atmósfera
(volando), proyectos todos en fase muy primaria hoy día.
De lo que ho hay duda es de que los próximos viajes a la Luna y el siguiente
viaje a Marte partirán desde esta estación o desde otra similar para ahorrarse el
gasto de energía que supone abandonar la gravedad terrestre.
En cuanto a las misiones con sondas no tripuladas, parece que a medio plazo
será la única forma posible de acercarse a cometas, asteroides y al ansiado
Marte. Todo el mundo quedó impactado con los primeros análisis de las sondas
Vicking I y II; más recientemente, la repercusión de la misión Mars Pathfinder,
sus fotografías y la evolución de un pequeño rover, cuyo receptáculo útil era
poco mayor que una caja de zapatos, llegó a conmocionar a la opinión pública de
los países occidentales (en los del Tercer Mundo, la mayor preocupación seguía
siendo qué cenar esa noche y quién curaría la diarrea del pequeño para evitar su
muerte, pero esto ya se ha intentado explicar en la primera página).
Para ver las próximas misiones no tripuladas, su calendario y sus destinos, haz
click aquí.
En cuanto al futuro más lejano, los proyectos ambiciosos y sorprendentemente
cercanos en el tiempo, se han desvanecido como castillos ...en el vacío. A muy
largo plazo, siguen existiendo previsiones que señalan que será posible un viaje
a Marte para el año 2050, que partirá desde una estación espacial en órbita
terrestre en la que vivirán permanentemente mil personas o más.
Si las cosas no cambian mucho, el cohete que lleve estas misiones seguirá
siendo químico, a base de hidrógeno y oxígeno líquidos. Atrás quedan proyectos
como el del cohete nuclear Nerva que, una vez puesto en órbita mediante
impulsores químicos, proporcionaría a una hipotética nave con destino Marte un
suave pero constante impulso.
Y ya entrando dentro del terreno de la especulación pura, hay que empezar a
pensar en las colonias espaciales que primero se establecerán en órbita terrestre
y después en la Luna y Marte. En 1969, el físico estadounidense de la Universidad
de Princeton Gerard O´Neill propuso Isla 4, un enorme puerto espacial en el que
vivirían entre 20.000 y un millón de personas, un auténtico mundo artificial con
rios y prados y un complejo sistema de transporte. Igual de lejano queda el
proyecto de la Universidad de Stanford para construir un satélite artificial de
forma toroidal (un donut) en el que podrían vivir hasta 10.000 personas.
Y para viaje definitivo, el de las naves-arca completamente autosuficientes que
abandonarían el sistema solar en busca de nuevos mundos habitables
impulsadas por energía nuclear y con tiempos de viaje superiores al siglo (de
ida, en la vuelta...ni se ha pensado).
Sin embargo, todos estos proyectos quedarán obsoletos antes de haberse
comenzado a ejecutar porque porque los viajes interplanetarios o intersolares se
harán cuando la tecnología proporcione medios de impulsión tremendamente
más eficaces que los que hoy conocemos. Pero de todos modos es seguro que
estos viajes se realizarán. Como hace un siglo dijo el precursor Tsiolkovsky, "La
Tierra es la cuna de la razón, pero no se puede vivir siempre en la cuna".
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