La conquista del cosmos
Sondas interplanetarias no tripuladas
La fragilidad de la vida humana justifica el empleo de sondas no tripuladas para
largos viajes espaciales hacia otros planetas. Sería costosísimo, con la tecnología
actual, preparar una nave espacial para un viaje tripulado de dos años hasta
Marte por la cantidad de suministros que un equipo de seres humanos
consumirían durante el trayecto y hay que pensar que al despegar hay que
"levantar" la masa de todos esos suministros para el viaje de ida y el de vuelta y
el combustible y los almacenes necesarios para el combustible adicional que todo
ello supone....
La primera sonda espacial fue la Pioneer 5, lanzada en 1960 y cuya misión era
determinar algunos parámetros del espacio exterior tales como el viento solar o
los campos magnéticos. Se perdió su pista cuando ya había recorrido 37 millines
de kilómetros.
La sonda Mariner 10 pasó a 700 Km. de la superficie de Mercurio y obtuvo unos
datos que confirmaron lo que se suponía: las temperaturas medias están entre
los 200 y los 500 grados, apenas hay una debilísima atmósfera y el terreno está
cubierto de cráteres de impacto.
En cuanto a Venus, en 1962, la Mariner 2 consigue pasar a 30.000 Km. del
planeta y transmite los primros datos sobre su superficie, que resulta ser el vivo
reflejo del infierno, datos confirmados en 1967 y 1973 por sondas de esta misma
serie. Mientras tanto, los rusos habían obtenido algunos serios fracasos hasta
que su sonda Venera 4 consigue en 1968 lanzar hacia la superficie venusina una
subsonda que llega a medir en la atmósfera temperaturas de casi 300 grados
antes de dejar de funcionar en una atmósfera compuesta básicamente por
dióxido de carbono, lo que justifica un devastador efecto invernadero. Los
mejores resultados los ha conseguido la sonda Magallanes, construida a base de
restos del progrma Vicking, desde una órbita de 300 Km. de altura; gracias a la
cartografía del planeta realizada por esta sonda sabemos que la supreficie del
planeta está llena de volcanes (todavía no se sabe si están activos) y
numerosísimos cráteres de impacto.
A Marte se han enviado numerosas sondas porque reune las condiciones menos
malas para la vida. En 1965 la Mariner 4 trajo las primeras imágenes del planeta
y la Mariner 9 elaboró desde una órbita baja la primera cartografía del planeta.
En 1976 se obtiene el primer éxito de importancia: las Vicking 1 y 2 descienden
casi simultáneamente sobre la superficie marciana y transmiten imágenes a ras
de suelo y realizan experimentos que hicieron pensar en la posibilidad de la
existencia de vida. Contra lo que suele ser habitual, estos dos ingenios siguieron
funcionando y enviando datos durante mucho más tiempo del previsto hasta
agotar los presupuestos de la misión, que hubieron de ser prorrogados para
seguir recibiendo la ingente cantidad de datos que estas dos sondas
proporcionaron a los científicos. Pero aún más exito de público y crítica obtendría
la Mars Pathfinder, que consiguió maravillar a la opinión pública con sus
fotografías del planeta rojo y, sobre todo, con los lentos paseos de un pequeño
vehículo, el Sojourner. Éste consistía en un bloque de instrumentación del
tamaño de una caja de zapatos sobre el que estaba instalado un panel solar y
que circulaba sobre seis ruedas articuladas. A partir de aquí la NASA sólo ha
conseguido obtener algún sonoro fracaso que ha hecho que se estén
replanteando métodos y técnicas para conseguir una cantidad ignete de
información que permita el futuro vuelo tripulado a este planeta a muy largo
plazo.
El gigante gaseosos del sistema solar, Júpiter, ha sido observado por las
misiones Pioneer 10 y 11 y por las sondas Voyager 1 y 2. Las sondas Voyager
han obtenido resultados espectaculares y han sido muy conocidas por el público
por dos motivos: por un lado, ahora mismo están ya a unos 12.000 millones de
kilómetros de la Tierra y se dirigen al espacio exterior y, por otro lado, llevan un
mensaje de paz de los habitantes de la Tierra por si alguna vez fuesen
encontradas por alguna civilización extraterrestre. Aunque esto es posible, nadie
es capaz de imaginar qué será la raza humana para cuando eso ocurre, si es que
ocurre.
Mención aparte merece la sonda Galileo. Estaba compuesta por dos elementos
básicamente: un orbitador que mandaría información sobre Júpiter y sobre sus
satélites y que todavía sigue funcionando y un módulo de descenso que sería
lanzado sobre la atmósfera juoviana a una velocidad aproximada de 170.000
Km/h. La entrada en la atmósfera fue todo un éxito y se obtuvieron gran
cantidad de datos antes de que, rendida por la enorme presión atmosférica y por
el calor generado por la fricción de la entrada, dejara de transmitir datos a los
52 minutos de descenso, 200 Km. por debajo de la capa visible de nubes que
envuelve el planeta.
Saturno sólo ha sido sobrevolado por la Pioneer 11 y las dos Voyager, aunque
está previsto que en el año 2004 comience a orbitarlo la sonda Cassini lanzada
en 1997.
Urano y Neptuno sólo han sido sobrevoladas (entiéndase sobrevoladas como un
acercamiento hasta unos cuantos cientos de miles de Km.) por la Voyager 2 y no
hay previstas misiones para su investigación.
¿Y Plutón? Siempre ha sido un planeta distinto y no iba a ser menos en esta
ocasión. Ninguna sonda se ha acercado a visitarlo.
Siguiente capítulo: El transbordador espacial

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