Published On: Jue, Jun 6th, 2013

El cine, todo lo demás

©RocíoJiménez

 

Vicente J. Benet y Josep Lluís i Falcó concibieron hace unos años sus libros a partir de un mínimo detalle. Uno, a través de sus alumnos, decidió que se necesitaban fórmulas nuevas para narrar la historia del cine español, y el otro descubrió en un técnico clave en la historia de esa cinematografía –Reyes Abades– una materia prima inigualable para demostrar que no se ve en la pantalla todo lo que es indispensable para la creación de un filme. Ambos autores alzaron la voz en sus discursos para demostrar que la vigencia de nuestras historias sigue siendo absoluta, que aún caminando a tientas por la oscuridad, merece la pena seguir luchando por las películas y que los técnicos que trabajan con furia para que en los rodajes todo salga adelante deben también estar bajo los focos.

Rodeados de académicos, amigos, familiares y compañeros, los autores de las obras reconocidas como los mejores trabajos de investigación historiográfica sobre el cine español recibieron el galardón de manos de Enrique González Macho. El presidente de la Academia destacó sentirse orgulloso de que se hubiese premiado “a dos obras que se complementan y dialogan entre sí. La primera es una herramienta esencial para comprender la evolución de nuestra sociedad y defender el legado artístico y cultural de nuestra cinematografía, y la segunda nos permite conocer íntimamente a Reyes Abades, nuestro querido Reyes, un extremeño hecho a sí mismo que de la nada ha creado un oficio inexistente en nuestro país hasta su llegada”. González Macho bromeó con el técnico de efectos especiales, que siguió atento el evento desde la primera fila –“Reyes Abades es ese señor que consigue todo lo que se propone. Es el hombre que recoge los Goya (tiene 9), se propuso tener un libro y ya lo tiene. Solo le falta tener una canción”–.

El verdugo, metáfora de nuestros días

Vicente J. Benet comenzó y finalizó su discurso aludiendo a una cinta clave en la filmografía de Luis García Berlanga. El verdugo le sirvió para reflejar y reflexionar sobre la situación de nuesto cine ya bien entrado el siglo XXI, cuando el séptimo arte ya ha cumplido más de 110 años de supervivencia en nuestro país. “Creo que todos recordaremos la escena. Carmen, la hija del verdugo, va a casarse por fin con su novio José Luis… Pertenecen a otro mundo: más modesto, más primario, apenas un paso por encima de la supervivencia. En un espléndido gag visual, Berlanga fuerza al cura y a los novios a ir desplazándose poco a poco en busca de las escasas llamas que van quedando. Las velas que se van apagando, el moverse en el umbral de la oscuridad, pueden servirnos como metáforas de los avatares vividos por el cine español en muchos momentos de su historia y, por supuesto, en el tiempo presente”.

También recordó “la loable resistencia de nuestro cine en contextos difíciles y en una sociedad para la que la entrada en la modernidad ha supuesto un largo conflicto”, mencionó a sus alumnos de la universidad –“Todos ellos han nacido después de Mujeres al borde de un ataque de nervios y viven rodeados por un mundo multipantalla”– y explicó que, nunca perdió de vista, que “el lector pudiese acceder a la trama de manera más clara, diáfana y eficaz posible”. Volvió a El verdugo en el colofón de sus palabras, explicando que Carmen y José Luis, los protagonistas del filme, consiguieron salir adelante en un camino no exento de incertidumbres –“La generación que nos precedieron, la retratada por Berlanga y la de mis padres es una generación de trabajadores y supervivientes. Creo que de su ejemplo debemos seguir aprendiendo para mantener vivo y pujante lo que más nos interesa: el cine español”–.

Un gran hombre

Josep Lluís i Falcó subió al escenario acompañado del técnico Reyes Abades y no le faltaron palabras para elogiar al técnico de efectos especiales más premiado del cine español –“En esta obra hay mucho de Reyes Abades, por eso este reconocimiento es de los dos, es nuestro porque él, a lo largo de todo el proceso, se encargó de no parar de hablar. El resultado es innegable, lo que se lee es 100% Reyes”–. El autor, que aseguró habérselo pasado genial durante la concepción y la escritura del volumen que repasa las andanzas de Abades, manifestó a los asistentes que en su libro se descubren muchas de las facetas de este profesional: “Ahí está reflejado el Reyes más hábil, el más familiar, el ‘manitas’, su orgullo de pertenecer a Extremadura e, incluso, su carácter más iracundo. Merece la pena destacar que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer y, evidentemente, ahí está María, llorando sentada entre el público”.

Enrique González Macho agradeció a Lluís i Falcó haber enfocado la mirada detrás de las cámaras para sacar a la luz la biografía de este gran profesional. A esta declaración respondió el autor, afirmando que “el cine es mucho más que lo que se ve en la pantalla, que todo lo que pasea por la alfombra roja. El cine es todo lo demás y Reyes Abades es un ejemplo perfecto de ese todo lo demás”. También se permitió este catalán con familia extremeña  hacer referencia a la tierra que vio nacer a Reyes Abades y que el técnico tanto admira –“Todo lo que viene de Extremadura es ibérico y me alegro de que el libro haya gustado tanto como el jamón de su tierra. A Reyes Abades le gusta que su región figure en el mapa”–.

Puso el punto y final al acto Enrique González Macho parafraseando a Ricardo Muñoz Suay, que da nombre al premio, en una cita a la que hace referencia el prólogo de ‘El cine español. Una historia cultural’:  “El cine español siempre ha sido políticamente y socialmente apto para la sociedad española”. Precisamente de esto dieron buena cuenta los autores en sus intervenciones: el cine español no es solamente aceptable, sino que es más, es todo lo demás que se encierra entre rollos de celuloide.



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