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Published On: Mie, Jun 12th, 2013

Elías Querejeta, un productor total e irreemplazable

El responsable de algunos de los mejores títulos de nuestra cinematografía ha fallecido a primera hora del pasado domingo en su domicilio de Madrid, a los 78 años. Sus restos mortales han sido trasladados al tanatorio de Tres Cantos.

Su obra habla por él. Mucho más que un productor, Elías Querejeta, que contribuyó en la construcción de la carrera de cineastas como Antxon Eceiza, Carlos Saura, Víctor Erice, Manuel Gutiérrez Aragón, Montxo Armendáriz y Fernando León de Aranoa, y solo se implicó en los proyectos que le interesaban y conmovían, ha dejado huella en el cine español.

Sin cambiar de método en las cinco décadas en las que marcó la pauta de nuestra cinematografía –“he apostado por trabajos, más que por nombres, y he tratado de sacarlos adelante”– Querejeta puso en pie muchas películas que renovaron las formas y los temas abordados por el cine patrio del final del franquismo y la Transición porque siempre confío en la fuerza del cine para “poner problemas delante de los ojos” y concienciar sobre la importancia “de aquello que parece que no tiene valor”.

Este incansable profesional falleció este domingo, en Madrid, a los 78 años de edad.  En el cajón quedan historias por contar, de las que prefería no hablar hasta que no estuvieran hechas porque alguien le dijo que traía mala suerte hablar de proyectos. Dejó escrito el guion de 33 días, que supuso su reencuentro con Carlos Saura, y el argumento de España y las siete artes, un recorrido por nuestro país por disciplinas artísticas anteriores al cine. Seguía trabajando por y para el celuloide, al que se aficionó jugando con una cámara Pathé-Baby en casa de sus padres.

Querejeta no dejó a nadie indiferente a lo largo de su dilatada carrera. Pero antes de ser el productor de La caza, El espíritu de la colmena, El desencanto, Cría Cuervos, Pascual Duarte, Tasio, Habla, mudita, Los lunes al sol y Cuando vuelvas a mi lado, entre otros muchos títulos, participó en la fundación de cine-clubs, estudió Químicas y Derecho y fue futbolista de la Real Sociedad.

UNA ALTERNATIVA CON PERFILES PROPIOS

Nacido el 27 de octubre de 1934 en la localidad vasca de Hernani, comenzó su carrera cinematográfica en Madrid, donde firmó su primer cortometraje, A través de San Sebastián, junto a Antonio Eceiza, con el que también rodó el corto A través del fútbol y coescribió el guion de Los inocentes, historia que dirigió Juan Antonio Bardem.

Se lanzó a producir en solitario en 1964, año en el que fundó una compañía que se asentó como una alternativa con perfiles propios y que funcionó con un equipo estable de colaboradores –el montador Pablo G. Del Amo, el jefe de producción Primitivo Álvaro, el músico Luis de Pablo, el operador Luis Cuadrado….–. De la factoría Elías Querejeta PC salieron muchas películas que circularon y suscitaron debate, intención que siempre persiguió con sus trabajos porque entendía que la función del cine, desde su nacimiento, era acercarse a la realidad. Su compromiso con el cine le valió numerosos homenajes y premios: El Nacional de Cinematografía, la Medalla de Oro de la Academia, institución de la que era Miembro de Honor, el que le entregó Jean Renoir en el Festival de Venecia… El que para muchos era el modernizador del cine español se sentía reconocido. “Me emocionó el que recibí de manos de Renoir porque siempre le he admirado. No echo de menos ningún galardón. Los premios no los tengo en una vitrina, sino desperdigados por ahí”.

SE SIGUEN VIENDO

También guionista y director, tarea en la que se estrenó a los 75 años con Cerca de tus ojos, no entendía el cine como una industria, sino como una forma de artesanía para la que tenía que existir una estructura económica sólida. Se fue adaptando a la nuevas maneras de hacer y contemplar cine.

Lo que no mudó este pionero en abordar temas sociales y políticos fue su manera de implicarse en las historias a las que se pegaba. “El compromiso social es ineludible. La televisión se está acercando mucho a esa realidad cotidiana y eso es importante. Pero el cine, que es más pausado y profundo, debería ser el que se aproximara más a la realidad, una realidad que yo veo crítica”.

Nunca entró a analizar su aportación al cine y todo lo que consiguió apostando por los primeros filmes de los que hoy son directores consagrados. “No sé si consagrados, pero sí son conocidos. Lo que más me satisface es seguir manteniendo relación con esas personas”, declaró este señor de Hernani que veía mucho cine “en casa”; apreciaba a los actores, “a los que doy mucha importancia porque es lo que se ve. Aquí hay muy buenos intérpretes de distintas generaciones”; y tenía muy presente el día que su padre llegó con una cámara de proyectar cine escondida. “Estábamos en el jardín y nos mandó a todos arriba. Puso una sabana y apareció Charlot… Me quedé completamente asombrado”.

Documentales –“que no son reportajes, sino películas, y deben tener su narrativa y su estructura. Este género requiere el mismo rigor que cualquier ficción”– y coproducciones también atraparon a este poderoso y arriesgado productor que hizo películas diferentes “y todas han sido interesantes para mi”.

“Rojo de corazón”, según sus palabras, Querejeta, que sorteó la censura franquista, siempre pensó que el público “era como yo. Jamás lo he menospreciado, por eso pensaba que lo que me interesaba a mí, también podía interesar a los demás”, recalcaba el productor vasco, que se fue con la sensación de no haber hecho esa película “redonda” y sin pena porque los derechos de sus producciones ya no estaban en su poder. “Están en la Filmoteca Española y otra parte la tiene Enrique Cerezo. No estoy triste porque se siguen viendo”.



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