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Frank Capra - Biografía

José Luis Martínez

Frank Capra debe de estar, donde esté, ya acostumbrado a que su obra sea puesta continuamente en tela de juicio, lo que no impide que se erija, sin discusión alguna, en el más grande cineasta del periodo entreguerras. Una obra caracterizada por los valores éticos y morales, y por fomentar, en el momento de la Gran Depresión, un optimismo vital, necesario para un público sumido en un oscuro panorama social. La conjunción de ambas cosas, valores morales y canto a la belleza de la vida, le proporcionaron fama y popularidad sin precedentes en un cineasta.

Frank Capra vino a este mundo en Palermo (Sicilia), el 19 de mayo de 1897, hace ya dos siglos, en el seno de una humilde familia campesina que pronto emigró a los EEUU, cuando él contaba con tan sólo seis años. Durante su adolescencia y juventud, diversos oficios le permitieron costearse los estudios en el California Institute of Technology, donde se graduó en 1918 con el grado de ingeniero químico. Tras la Primera Guerra Mundial, continuó desempeñando diversos oficios en el Oeste, hasta que se cruzó en su vida el actor shakesperiano Walter Montague. Capra se hizo pasar por un técnico hollywoodiense y, de esta tortuosa manera, consiguió rodar su primer corto, The Ballad of Fultah Fisher's Boarding House, basado en un poema de Kipling. Corre el año 1922, y el genio siciliano abandona su encorsetamiento como veterano de la primera guerra mundial e ingeniero químico en paro.

Su nuevo trabajo lo estaba llevando a cabo en un laboratorio, cuando logró ingresar en la industria como guionista para la serie Our Gang en los estudios Hal Roach. Una vez dentro del sistema, continuó su labor como gagman para los estudios Mack Senté, donde colaboró en los primeros cortometrajes de Harry Langdon (1926 – 1927).

Su primera realización, aunque parcial, fue Un sportsman de ocasión, cuyo guión si firmó; pero fue en El hombre cañón y Sus primeros pantalones donde pudo demostrar a Langdon todo el potencial que atesoraba. Los temas favoritos de Langdon permitieron a Capra obtener los mecanismos para su propio cine, esos que una década después le lanzarían al más absoluto estrellato. La entrada de Capra en la Columbia, donde permanecería durante doce largos años, tuvo su origen, paradójicamente, en un fracaso, el de Los tres papás (1927), primer filme de Claudette Colbert.

Él sólo fue capaz de conseguir que el modesto estudio de Gower Street lograse el rango de Major Company, rodando con ellos hasta 25 títulos. Para ello, hubo de bregar continuamente con Harry Cohn para que prevaleciese su opinión, caracterizada, generalmente, por sus ansias de innovación y originalidad.

A partir del rodaje de la comedia La jaula de oro (1931), empieza la colaboración con Robert Riskin escribiendo los diálogos, lo que supuso un periodo muy productivo. Su trabajo juntos iniciará la llamada "fórmula Capriskin": comedias de temática social donde un individuo llano se enfrenta de forma idealista a una poderosa institución corrupta. Fruto de esta estrecha colaboración serán las inolvidables La locura del dólar (1932), Sucedió una noche (1934), su primer Oscar al mejor director, El secreto de vivir (1936), su segundo Oscar también al mejor director, Horizontes perdidos (1937), Caballero sin espada (1939), Juan nadie (1941) y la mítica ¡Qué bello es vivir! (1946).

La importancia del mensaje ético y moral de estos filmes tiene su raíz, de acuerdo con el propio Capra, en una larga enfermedad que el cineasta sufrió en 1935, lo que le empujó a propagar los sentimientos solidarios a través de la pantalla. El año 1936 supuso un hito histórico, puesto que Capra logró ser el primer cineasta en conseguir que su nombre apareciese encima del título de la película.

El camino hacia el éxito ya estaba marcado y su ascenso fue meteórico, hasta obtener los tres preciados Oscars al mejor director en los años 1934, 1936 y 1938. Capra no se encerró en un solo género y fue capaz de rodar títulos memorables en varios de ellos: el policíaco (The Way of the Strong; La sortija que mata); de aventuras (Águilas; Submarino); el melodrama (The Miracle Woman; La amargura del general Yen); y su permanente predilección por el realismo social que le llevó a afirmar: “Despreciaba lo artificioso del teatro. Había sido educado en mi propia escuela de lo natural. Mi plató era el mundo real". Capra abandonó la Columbia en 1939 y creó a su propia compañía de producción junto a Riskin.El título que le dio a Capra la posibilidad de hacer el resto de su vida el cine que le viniese en gana fue Sucedió una noche (1934), cenit de la comedia de los años dorados. En ella se lucen, a las órdenes del siciliano, dos de las primeras figuras de la época: Clark Gable y Claudette Colbert.

Dentro de su filmografía también cabe destacar las comedias Vive como quieras (1938), el tercer Oscar al mejor director, y Arsénico por compasión (1944), obra maestra del humor negro en la que brilla sobremanera el genial Cary Grant. El intervencionismo de la Administración de Roosevelt y el totalitarismo que se extiende por Europa provocan la reacción de Capra, que opta por un cine optimista, cuyos guionistas (Robert Riskin o Sidney Buchman ) encuentran la base de sus textos en la literatura y la mitología popular. Es una época de películas plagadas de guiños al infantilismo, el ecologismo, el romanticismo, un moralismo excesivo y los temas típicamente americanos. Capra afirmaba que "El sueño americano no es el dinero sino la felicidad y la libertad". La Segunda Guerra Mundial otorgó a Capra la posibilidad de participar indirectamente en la contienda, labor que llevó a cabo desde los estudios de Hollywood en los que grabó una serie de documentales de propaganda patriótica y política, como Why We Fight.

De vuelta en Hollywood en 1946, fundó, junto a Georges Stevens y William Wyler una compañía independiente, la Liberty Films. Tras el periodo bélico, rodó para la RKO dos de sus obras cumbres: ¡Que bello es vivir! (1946), con James Stewart y Donna Reed; y El estado de la Unión (1948) con Katharine Hepburn y su inseparable Spencer Tracy. En estos títulos de posguerra, Capra no encuentra los medios ni las circunstancias propicias para transmitir al espectador el bello ideal de antaño. Ahora el héroe solitario se enfrenta épico a un último combate para salvar su dignidad y lograr la justicia. Deberá luchar contra los dueños de la América de la guerra fría, los que anteponen su beneficio por encima de los principios morales que deben regir la sociedad.

Durante los cincuenta, Capra trabajó en algunos títulos con la Paramount y llevó a cabo la realización de una serie de documentales científicos entre los años 1952 y 1957. En 1961 realizó una poco acertada revisión de Dama por un día, titulada Un gangster para un milagro y que protagonizaron Glenn Ford y, la ya mítica, Bette Davis.

Profundamente insatisfecho por sentirse desposeído del control artístico por sus propias estrellas, decide poner término a su carrera. A partir de entonces, el realizador siciliano centró su actividad en escribir su autobiografía, la cual fue editada en 1971, titulándose: El nombre sobre el título. John Ford llegó a afirmar sobre la misma: "es el único balance auténtico que he leído sobre Hollywood". Frank Capra falleció el día 3 de septiembre de 1991 tras 6 años de una muy precaria salud.

La obra de Capra ha sido objeto de numerosas revisiones a lo largo del siglo XX, lo que, lógicamente, da lugar a muy contrarias opiniones acerca de su cine. Estas lecturas abarcan desde las que le tildan de ingenuo, simple y sentimental, hasta las que ven en Capra a un terrible conservador, por sus mensajes individualistas y conformistas. Las opiniones sobre el mensaje ideológico que Capra transmite en su arte no pueden, en ningún caso, oscurecer la gran calidad de sus cintas y su incalculable aportación al Séptimo Arte. Estamos ante un auténtico coloso, un director de los que siempre están vigentes en el cine por muchos lustros que pasen.
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