The birth of a nation
1915
191 m.
Director: David Wark Griffith
Actores: Mae Marsh, Bessie Love, Erich Von Stroheim, Jennifer Lee, Lillian Gish
Antes de analizar esta película hay que detenerse un poco a analizar el contexto en
que fue realizada. En 1914 Estados Unidos está en plena ebullición económica y social.
El nuevo país está a punto de convertirse en la primera potencia mundial a
base de esfuerzo, creatividad y ruptura con muchas de las normas establecidas en
las antiguas potencias coloniales. En Estos momentos, Estados Unidos es una auténtica
tierra de promisión dode cualquiera que quiera trabajar y tenga talento puede llegar
a lo más alto. En este panorama, la industria del cine se mueve también a velocidad de
vértigo; en apenas diez años el cine ha pasado de curiosidad científica a industria y
ya se han sentado muchos de los principios técnicos y artísticos del séptimo arte.
En este panorama D.W. Griffith se embarca en la producción más costosa de todos los tiempos
hasta esa fecha y sus números siguen siendo impresionantes: cinco mil escenas
diferentes, 1357 tomas individuales, 18 mil actores y extras, tres mil caballos y
siete meses de producción (por los avances de la tecnología digital, es posible que
estas cifras ya no se superen nunca). En el plano artístico, Griffith ya cuenta con
casi todos los ingredientes necesarios para elaborar una película en el sentido actual:
ya se entiende lo que es una secuencia, la sucesión de planos cortos y largos, la
superación de las limitaciones de espacio y tiempo que imponía el teatro, etc.; en
este sentido, la aportación de Griffith con esta película es la división de la
historia en varias historias paralelas.
Con todos estos ingredientes (y unas gotitas de megalomanía) el director decide tomar
un tema de enorme trascendencia para sus contemporáneos (no olvidemos que esta es
una película hecha por norteamericanos para norteamericanos): la aparición del
espíritu nacional en Estados Unidos, a partir de la traumática experiencia de la
Guerra Civil ocurrida en los años 60 del s.XIX. Griffith elige contar la historia
desde el punto de vista de los perdedores, el Sur. En el relato se puede entrever
que el nuevo nacionalismo americano, como todos, nace por la negación de los otros y
estos otros pueden ser los europeos, los negros o todo lo que no sea genuinamente
americano. Y no hay que perder de vista que, en el fondo de lo que se trata en esta
película es de decirle al público: gástense sus dólares en una entrada para esta
película donde verán más de todo lo que han visto hasta ahora en el cine y además
les explicaremos por qué Uds. van a ser mejores y, a la postre, los dueños del
mundo. Pensar que Griffith es el padre del cine por esta película es ir demasiado
lejos; simplemente es una película muy importante porque crea conceptos nuevos en
el cine de su época: superproducción, historias paralelas, significados implícitos
de la historia (o sea, película con moraleja), etc.
Desconozco si se comercializa en España alguna versión de esta película en vídeo o DVD pero en
el caso de que se vea en un cineclub o en algún ciclo para cinéfilos conviene ir
preparado física y mentalmente para absorber más de tres horas de cine mudo y en
blanco y negro (ropa cómoda, bebida, un poco de distanciamiento y
perspectiva histórica, básicamente).
|