Ala delta (I) |
| Patricia López Vázquez |
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La historia del ala delta se puede remontar hasta la vieja leyenda de Ícaro,
que quiso escapar del laberinto del Minotauro con unas alas construidas con cera y
plumas pero fracasó en su intento porque el sol derritió la cera y se precipitó
contra el suelo (el resultado de semejante tortazo es obvio). Con estos precedentes y basándose en la observación de los pájaros, el pintor, escultor, científico, prototipo de hombre reneacentista en suma, Leonardo da Vinci planeó y dejó dibujos de artefactos de alas batientes (ornitópteros) y algo parecido a lo que después serían las hélices de los helicópteros. Leonardo, sin embargo, nunca llegó a volar. El primer hombre en volar (no en elevarse en el aire) fue Otto Lilienthal, que en 1891 hizo su primer vuelo dejándose llevar por el viento con sus alas rígidas y desde un montículo de 15 metros. En otro de sus intentos, una ráfaga de viento le precipitó contra el suelo en vísperas del primer vuelo con motor. El 27 de enero de 1912 nacía en California de la mano de Francis Rogallo el primer ala delta plegable, económico y fácil de manejar, lo que supuso un impulso decisivo para el nacimiento de la aviación deportiva. Los primeros vuelos se realizaron en los EE.UU. y después se extendió por Europa. A España llegó hace 23 años de la mano de Stuart Soule que solía volar por las laderas de La Pinilla. En un principio, las alas eran del tipo "Rogallo", con precisión y permanencias pero con el tiempo fueron evolucionando hasta lo que son hoy: perfiles aerodinámicos, autoestables y con sistemas de recuperación gracias a las aportaciones de los entusiastas de la aviación deportiva, entre los que merece mención especial John Dickinson, que completó notablemente su diseño. Si te interesa este tema, puedes obtener más información en: - Revista Volar Libre - Equipo europeo de paramotor (tlfs. 918773165 y 619231500) - Escuela-Club de parapente "De Madrid al cielo" (tlf. 915528433) (Continuará) |