Published On: Vie, Oct 28th, 2016

Opiniones y falsos mitos sobre eficiencia energética en viviendas

Cuando se trata de ahorrar energía hay opiniones y comentarios para todos los gustos y, sin embargo, no todas son tan falsas o tan ciertas como muchas personas piensan. Expertos de Remica, empresa de servicios energéticos, aclaran algunas creencias erróneas y ofrecen algunas recomendaciones para terminar con el derroche energético en edificios de viviendas.

Es falso que actuaciones puntuales sean suficientes para mejorar en eficiencia energética

Frente a las opiniones que sostienen que con “cambiar esto o aquello todo está hecho”, los expertos de Remica advierten que, habitualmente, para mejorar la eficiencia energética de un inmueble es necesario poner en marcha un conjunto de acciones que, combinadas entre sí, ofrecen los niveles de ahorro energético y confort que se desean alcanzar.

Un buen ejemplo es el de las comunidades de vecinos con calefacción central, que deciden cambiar una caldera comunitaria por otra más eficiente. Está claro que una caldera con una mayor eficiencia consumirá menos energía, pero esta solución estará incompleta si, por ejemplo, los radiadores de cada vivienda no cuentan con válvulas termostáticas que permitan a los vecinos regular la temperatura o si en ellos no se ha realizado un correcto equilibrado hidráulico.

De modo que se pueden producir situaciones paradójicas, como que en el invierno, cuando la calefacción central se encuentra funcionando a pleno rendimiento, haya viviendas cercanas a la sala de calderas que tienen un exceso de calor sin que los vecinos puedan hacer nada para bajar la temperatura. Es decir, que se consume más energía de la que se necesita y no se consigue el confort deseado.

Si, además, el edificio no cuenta con un aislamiento térmico adecuado –algo que sucede en la gran mayoría de edificios construidos en las décadas de los 60 y 70, cuando la normativa en esta materia era prácticamente inexistente– se seguirá derrochando energía.

En paralelo, la ventaja de implantar medidas que reducen el consumo o la demanda energética es que nos permitirá reducir la potencia a instalar en la nueva instalación y, en consecuencia, minimizar la inversión.

Para atajar este tipo de situaciones, antes de cambiar la caldera es necesario hacer un diagnóstico o auditoría energética. Realizado por profesionales cualificados, este diagnóstico ha de ser global y además debe reflejar las singularidades propias de cada inmueble, ya que no existe una receta universal y cada edificio presenta sus propias necesidades energéticas.

Solo después de un diagnóstico adecuado se podrán sugerir las acciones más adecuadas para ahorrar energía.

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Tampoco es cierto creer que cualquier reforma energética es “solo” un gasto más

Adoptar medidas de ahorro y eficiencia energética siempre compensa con los ahorros que se consiguen. También es más ecológico y combate el derroche energético. Por eso, medidas como rehabilitar la sala de calderas, optar por una iluminación eficiente o mejorar el aislamiento térmico del edificio deben considerarse una “inversión” y no un gasto a fondo perdido.

De hecho, los proyectos que proponen mejoras de ahorro y eficiencia energética también tienen en cuenta el retorno de la inversión, es decir, cuánto tiempo tardará en amortizarse la inversión realizada gracias a los ahorros energéticos obtenidos.

“Algunas veces los clientes nos pueden llamar porque, por ejemplo, tienen una caldera antigua o averiada que necesiten sustituir. Pero, incluso en esa situación, se debe proponer una solución valorando tanto la mejora en eficiencia energética como el retorno de la inversión para el cliente”, asevera Antonio Ocaña, director Comercial de Remica.

Además, las medidas de mejora de eficiencia energética también contribuyen a revalorizar los inmuebles. En opinión del director Comercial de Remica, cada vez va a tener más peso la calificación energética de edificios en la compra y alquiler de pisos, como ya sucede con otros bienes de consumo, como por ejemplo los electrodomésticos.

Las personas deben conocer que mejorar en eficiencia energética nunca debe suponer una merma en el confort

El objetivo de cualquier rehabilitación energética debe ser evitar el derroche energético. Sin embargo, según algunas opiniones, esto puede perjudicar la calidad de vida de las personas. ¿Es cierto?

En absoluto. Un menor derroche energético implica evitar que se desperdicie energía, pero eso no empobrece la calidad de vida de las personas. ¡Al contrario! Cualquier medida de mejora de la eficiencia energética debe proporcionar el confort y las prestaciones necesarias para que las personas desarrollen sus actividades con normalidad. Incluso mejora el bienestar de quienes ocupan las viviendas.

Imaginemos por ejemplo un edificio en el que el gasto energético en iluminación es desmesurado. Tras realizar un diagnóstico se decide rediseñar el sistema de iluminación de las zonas comunes, lo que significa no solo cambiar las lámparas y bombillas por otras energéticamente eficientes, sino además, hay que adaptar las condiciones de la iluminación del edificio a las características de cada espacio. De ese modo se ofrece una calidad de luz mejor al tiempo que se termina con el derroche de energía.

Eso sí, para que estas medidas de ahorro y eficiencia energética tengan éxito deben llevarse a cabo por profesionales cualificados, que ofrezcan garantías. “Antes de acometer ninguna actuación, los administradores y los presidentes de las comunidades deben prestar atención a las garantías que les ofrecen las distintas compañías a las que han pedido presupuesto”, asevera el director comercial de Remica, empresa que ha recogido algunas experiencias reales en la sección Opiniones Remica incluida en el blog Remicaatencionalcliente.es.

Buenas razones para confiar en las empresas de servicios energéticos

Durante gran parte del siglo XX, la eficiencia energética no fue una prioridad: la energía era más barata y el hecho de que se produjeran ineficiencias no suponía un problema. Sin embargo, el constante encarecimiento de las energías fósiles y el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, han hecho que la Unión Europea – con una dependencia energética del exterior del 53,4%, según Eurostat – haya tomado conciencia de la necesidad de mejorar en eficiencia energética y de aumentar la implantación de energías renovables.

El sector residencial, uno de los grandes consumidores de energía de la UE, tiene un amplio potencial de mejora en cuanto a eficiencia energética. Para aprovecharlo al máximo, es conveniente contar con el asesoramiento y la colaboración de empresas de servicios energéticos (ESEs).

Estas compañías están especializadas en ofrecer servicios que mejoran la eficiencia energética de los edificios residenciales, bien sea acometiendo medidas de rehabilitación energética, así como ofreciendo soluciones de mantenimiento y de gestión energética para sacar el máximo partido al suministro de energía.

Lo novedoso de estas compañías es que las ESEs asumen cierto grado de riesgo técnico y económico, ya que el pago de sus servicios se basa (total o parcialmente) en el cumplimiento de los ahorros energéticos en los términos pactados con el cliente a través de la implantación de Medidas de Ahorro Energético (MAEs) y su posterior gestión y seguimiento.



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