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Ratzinger ya es Papa

Europa Press
Los 115 cardenales electores sólo necesitaron 26 horas para lograr la 'fumata blanca'. A las 17:50 horas del 19 de abril, el segundo día del Cónclave y en su cuarta votación, al menos dos tercios de los purpurados coincidieron en un nombre: Joseph Ratzinger, que accede a la Silla de Pedro con el nombre de Benedicto XVI.

La elección de Ratzinger no sorprendió a nadie, y a la vez contrarió la vieja máxima repetida hasta la saciedad por los vaticanistas, la que dice que en el Cónclave, quien entra Papa, sale cardenal.

Lo cierto es que el cardenal alemán, que el sábado cumplió 78 años, ha sido casi omnipresente en el Vaticano desde el fallecimiento de Juan Pablo II ya que, como decano del Colegio Cardenalicio, ha ejercido varias funciones de importancia, incluidas las de oficiar la misa funeral de su predecesor y la misa 'Pro eligiendo Pontífice' que dio inicio al Cónclave, ayer mismo por la mañana.

En la homilía de esa Misa el nuevo Papa tuvo ocasión de dejar claro su 'programa', condenando la "dictadura del relativismo" que se vive en estos tiempos, que "no reconoce nada como definitivo y que deja sólo, como última cosa, al propio yo con sus deseos".

"Cuántas corrientes ideológicas, cuántos modos del pensamientos. La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada por estas olas, que van de un extremo a otro, desde el marxismo, al liberalismo, pasando por el libertinaje, al colectivismo, al individualismo radical, desde el ateísmo a un vago misticismo religioso", dijo el entonces aún cardenal elector.

"Cada día nacen nuevas sectas y sucede lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia para engañarles. Tener una fe clara, según el credo de la Iglesia, a veces es etiquetado como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse llevar de un lado otro por cualquier forma de doctrina, aparece como la única manera de comportarse en la actualidad", fueron sus palabras antes de que el Cónclave se reuniera a puerta cerrada.

Ratzinger se perfilaba como candidato con fuerza y los expertos habían predicho un Cónclave corto, pero no tanto. Tras dos 'fumatas negras', ayer sobre las 20:00 horas y hoy poco antes del mediodía, a las 18:50 horas de hoy la chimenea instalada sobre la Capilla Sixtina comenzó a expulsar una ambigua humareda gris.

El Vaticano se había propuesto evitar la confusión sucedida con la elección de Karol Wojtyla --el humo salió gris-- anunciando, hace días, que la fumata blanca estaría acompañada del repique de campanas en San Pedro, pero la confusión fue inevitable, porque mientras la fumata parecía blanca, las campanas no sonaban, y los fieles agolpados en San Pedro comenzaron a aplaudir, aunque con cautela.

Sólo unos minutos después Radio Vaticano confirmó el color blanco, y a las 18:04 comenzaron a repicar las campanas. Después, otra espera, hasta que a las 18:45 el cardenal protodiácono, el chileno Jorge Arturo Medina Estévez, anunció el nombre del elegido, con la fórmula ancestral: "Nuntio vobis gaudium magnum: Habemus papam" (Os anuncio una gran alegría: Tenemos Papa). Medina Estévez anunció que el elegido fue Ratzinger, y que el nuevo Papa será Benedicto XVI.

Minutos después, el Pontífice salió al balcón de la Basílica para bendecir a la multitud con el 'Urbi et Orbis'. Los fieles le aclamaban coreando "Benedicto, Benedicto".

"Queridos hermanos y hermanas, después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela que el Señor sepa trabajar con instrumentos insuficientes y me entrego a vuestras oraciones. En la alegría del Señor y con su ayuda permanente, trabajaremos y con María, su madre, que está de nuestra parte", dijo Ratzinger.

CANDIDATO CONSERVADOR

Desde antes de la muerte de Juan Pablo II el nombre de Ratzinger era ya 'papable'. Por su cercanía a Juan Pablo II y por su avanzada edad, se le consideró un candidato que aseguraría un pontificado de transición, pero que también sería capaz de continuar la línea dura de Wojtyla sobre los aspectos sociales.

De Ratzinger, algunos cardenales aprecian junto a su cercanía al Papa Juan Pablo II, la importancia de su dicasterio, el de la doctrina de la fe --encargado de velar por la ortodoxia--, llevado con mano inflexible durante 24 años.

Su línea continuista ha logrado vencer a los más moderados que, encabezados por el cardenal Carlo María Martini, enarbolaban como candidato al arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi

Es, además, un gran conocedor de la Curia romana y de sus mecanismos y partidario de una reforma radical en el seno de la Iglesia, como ya afirmó durante sus reflexiones del Vía Crucis de este año cuando se refirió a la "suciedad dentro de la Iglesia". La gestión interna del Vaticano es, precisamente, el punto flaco que algunos encontraron en Juan Pablo II.

Con la elección de un Papa alemán --el primero desde el bávaro Víctor II (1055-1057)--, el Vaticano vuelve a mirar hacia Europa, desmintiendo a quienes apostaban por un latinoamericano --esta es la región con más católicos-- o, en cualquier caso, uno procedente del tercer mundo.

CALENDARIO DE ACTIVIDADES

El portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, eludió hacer una valoración personal del nuevo Pontífice, pero consideró significativo que ya haya preparado un calendario de actividades para los próximos días.

Benedicto XVI cenará esta noche con los cardenales que participaron en el Cónclave (114 además de él mismo) en la Casa de Santa Marta, y pasará allí la noche. Mañana a las 9:00 horas oficiará en la Capilla Sixtina, donde se ha celebrado el Cónclave, su primera misa como Papa, concelebrada con todos los cardenales electores, pero será una misa privada.

El Papa oficiará su Misa Solemne, la que da inicio a su Pontificado, el próximo 24 de abril a las 10:00 horas en la Plaza de San Pedro del Vaticano.

DETALLES DE LA CEREMONIA

Según establece la constitución apostólica de Juan Pablo II para el cónclave, Universi Dominici Gregis, el nuevo Papa adquiere de hecho la plena y suprema potestad sobre la Iglesia universal, y puede ejercerla, en el mismo momento en elque acepta la pregunta del cardenal decano sobre si quiere ser Pontífice.

El documento establece que el Pontífice, tras haberse puesto en la Sacristía, con ayuda del Maestro de las Celebraciones Litúrgicas, los vestidos que le son propios --se preparan tres vestidos y zapatos de varias tallas--, regresa a la Capilla Sixtina y se sienta en la Cátedra.

Los momentos de oración previstos a continuación no constituyen ningún tipo ratificación ni son un acto añadido a la elección canónica y a la aceptación, que son los dos momentos esenciales de la Elección del Romano Pontífice.

El Decano del Colegio Cardenalicio --o en su defecto el Subdecano o el primero de los cardenales obispos, dado que el elegido, Joseph Ratzinger, era el Decano-- saluda entonces al Romano Pontífice diciendo: "Beatísimo Padre, en esta hora solemne en la que por un impenetrable proyecto de la Divina Providencia has sido elegido a la Cátedra de Pedro, antes de elevar, unánimes, nuestras oraciones a Dios y de darle gracias portu elección junto a la beata siempre Virgen María, Madre de Dios y todos los Santos, conviene recordar las palabras con las que nuestro Señor Jesucristo prometió a Pedro y a sus sucesores el primado del ministerio apostólico y del amor".

El Sumo Pontífice se levanta, todos están de pie y el primero de los cardenales diáconos proclamará el texto del Evangelio, entre los que propone el 'Ordo'.

A continuación, el primer cardenal presbítero dice la oración por el Sumo Pontífice, tras haber invitado a un instante de oración en silencio: "Oh Dios, que en el proyecto de tu sabiduría has edificado a tu Iglesia sobre la roca de Pedro, cabeza del colegio apostólico, protege y sostén a nuestro Papa N.: tú que lo ha elegido como sucesor de Pedro, haz que seapara tu pueblo principio y fundamento visible de la unidad en la fe y de la comunión en la caridad. Por Cristo Nuestro Señor".

A continuación, los Cardenales electores, según el orden de precedencia, se acercan al nuevo Papa para expresarle un gesto de respeto y obediencia --salvo si el elegido no fuera obispo; sólo después de su consagración episcopal se le brindaría este gesto--.

Concluido este acto, todos dan gracias a Dios en la Capilla Sixtina con el solemne canto del himno "Te, Deum, laudamus", que entonará el propio Sumo Pontífice, siguiendo el 'Ordo'. Tras ello, el cardenal protodiácono, en este caso el chileno Jorge Arturo Medina Estévez, da el solemne anuncio de la elección alos fieles y el nombre del Papa.

PENSAMIENTOS DEL NUEVO PAPA

Joseph Ratzinger, elegido hoy Benedicto XVI, ha tenido, como decano del Colegio Cardenalicio, una presencia relevante en los días previos al Cónclave. Ayer mismo fue el responsable de la oficiar la misa previa al inicio del Cónclave, y en ella pronunció una homilía en la que condenaba el "relativismo", un claro mensaje de cómo será su liderazgo al frente de la Iglesia.

Durante su homilía en la misa 'pro eligendo Pontífice', condenó la "dictadura del relativismo" que se vive en estos tiempos, que "no reconoce nada como definitivo y que deja sólo, como última cosa, al propio yo con sus deseos".

En la misa, celebrada en latín en la basílica de San Pedro, el oficiante dirigió duras palabras a lo que llamó "dictadura del relativismo" y criticó "todos los vientos de doctrina que hemos conocido en estos últimos decenios".

"Cuántas corrientes ideológicas, cuántos modos del pensamientos. La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido agitada por estas olas, que van de un extremo a otro, desde el marxismo, al liberalismo, pasando por el libertinaje, al colectivismo, al individualismo radical, desde el ateísmo al un vago misticismo religioso", dijo.

Añadió que "cada día nacen nuevas sectas y sucede lo que dice San Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia para engañarles". "Tener una fe clara, según el credo de la Iglesia, a veces es etiquetado como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse llevar de un lado otro por cualquier forma de doctrina, aparece la única manera de comportarse en la actualidad", agregó.

El cardenal decano, de 78 años, uno de los dos únicos purpurados que ya participaron en el cónclave que eligió a Juan Pablo II, definió ese momento "como la hora de gran responsabilidad de la Iglesia católica" y pidió "que después del gran don de Juan Pablo II, se nos done un nuevo pastor que nos guié al conocimiento de Cristo, a su amor y a la verdadera alegría".


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