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Tu lugar y el mío

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Imagine que usted está en la cola del supermercado, esperando para pagar, y la persona que está detrás de usted le pide permiso para pasar primero. "Claro", dice usted. Entonces todos los que están a la cola detrás de usted le piden pasar delante, uno tras otro, y usted los deja, incluso si ésto ahora le significa un problema.

La posibilidad de vivir felices depende de nuestra capacidad de saber hasta qué punto podemos ceder ante otros, y poner freno a los comportamientos que consideramos inapropiados, o incluso destructivos para nosotros. Para éso existen los límites.

Un límite es algo que nos define. Del mismo modo que las verjas de su casa o las paredes de su apartamento definen el espacio donde usted habita, los límites emocionales son líneas importantes y necesarias. Los límites diferencian entre lo que es y lo que no es usted. Definen el alcance de sus responsabilidades. Determinan cómo actúan los demás a su alrededor y cómo deben tratarlo.

Sin límites, usted se convierte en un felpudo, permitiendo que los demás lo traten como se les dé la gana. Imagine que no existieran los límites de la propiedad, y todo el mundo entrara y saliera de las casas de otros, tomando lo que quisieran cuando quisieran. ¿No sería un poco caótico?

Ésto es lo que ocurre si usted no pone límites en su vida. Usted se estanca, esperando a la cola del supermercado, mientras todos corren hacia la caja por delante de usted.

Si no pone límites, usted se expone a sufrir resentimiento, frustración, ira, desacuerdos y depresión. "Un momento", me dirá; "No puedo forzar a la gente a que me trate bien". Y es cierto: usted no puede cambiar a los demás, ni obligarlos a que se comporten correctamente. Tratar de cambiar a otros sólo le creará más resentimiento y frustración.

¿Qué puede hacer, entonces?

Mi padre sentía un profundo disgusto por las bebidas alcohólicas. Su padre bebía demasiado, y mi hermano mayor murió arrollado por un conductor ebrio. Aunque mi padre no podía obligar a sus hijos adultos a no beber, se negaba por completo a permanecer en la misma habitación o incluso en la misma casa con alguien que estuviera bebiendo. Sus límites eran muy claros. Si queríamos compartir un rato con él, debía ser sin alcohol de por medio.

Éso significa poner límites: simplemente decidir qué va a permitir usted que le ocurra, o que ocurra en su presencia, y asegurarse de que se cumpla. Los límites significan que usted toma la responsabilidad de lo que pasa en SU vida. No son paredes que lo apartan de la gente; no son conductas intolerantes ni defensivas. De hecho, son lo contrario. Los límites son señales claras de cómo quiere usted que lo traten. No dejan lugar para adivinanzas.

Puedo sugerirle cuatro modos de establecer límites efectivos:

1. Decida qué está bien para usted y qué no. Ésta es una decisión personal. Lo que para usted es correcto puede ser incorrecto para mí. Decida por sí mismo.

2. Piense en cómo va a manejar la situación si sus límites se ven violados. NO ponga una emboscada a la persona que se ha pasado con usted. Espere a que llegue un momento más tranquilo y explíquele la situación. La próxima vez, ponga bien en claro lo que espera del otro.

3. Escoja una manera de proteger sus límites. Ésto significa que lo que diga o haga traerá alguna consecuencia. Si es posible, concéntrese en las consecuencias POSITIVAS de obtener cooperación, y no en las negativas. Asegúrese de que las personas que lo rodean conozcan esas consecuencias a tiempo.

4. Sea consecuente. Ésto es fundamental; de otro modo, simplemente estará jugando con el otro, y demostrándole que a usted no se le puede tomar en serio. Decida cuáles son los puntos en que vale la pena mantenerse firme, y manténgase firme.

¿Está listo para afrontar este cambio? Libérese del resentimiento, la impaciencia, los celos, los enfrentamientos y las frustraciones de su vida. Establezca sus límites CON SERENIDAD. Verá cómo las cosas empiezan a cambiar para bien.


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