¿Alguna vez se ha sentido abrumado por emociones que parecían provenir de algún tiempo lejano de su vida, emociones desproporcionadas en relación al hecho que las provocó? Tal vez, en una visita a sus padres se sintió sorprendido y decepcionado al sentir que se estaba comportando con ellos como si aún fuera un adolescente. Quizás se oyó respondiendo a sus hijos en una forma que le recordaba demasiado al modo en que sus padres le respondían a usted... algo que usted se había prometido no hacer jamás. ¿De dónde surgen esos lazos con el pasado y cómo podemos cortarlos?
Hay tres formas en que los lazos con el pasado nos tienden su emboscada. La primera es através del fenómeno del "recuerdo del estado dependiente". Este fenómeno hace surgir un estado de ánimo relativamente infrecuente y nos desata recuerdos de todos los momentos del pasado en que nos sentimos de esa manera. Por ejemplo, si algo que nuestros padres acaban de decir reaviva de pronto viejos celos hacia uno de sus hermanos, comenzaremos a recordar todas las veces en que nos sentimos desairados y tratados injustamente. A su vez, este recuerdo nos provocará una reacción de ira aparentemente injustificada.
Otra de las emboscadas se presenta cuando nos enfrentamos a un problema emocional que parece insoluble. Supongamos que los días anteriores al fin de semana fueron estresantes, pero usted no lo había advertido hasta que intentó relajarse en sus días libres. En vez de pasarlo bien, se sintió cada vez más inquieto, e intentó distraerse limpiando toda la casa. ¿Por qué buscar ocupaciones para olvidar la ansiedad? Se responderá esta pregunta si recuerda cómo enfrentó este problema la primera vez que se le presentó. Tal vez era sólo un niño oyendo cómo sus padres reñían y trató de evadirse de la situación limpiando y ordenando su cuarto. Este regreso a una vieja solución se llama "regresión".
La tercera emboscada aparece cuando, en un momento de estrés, nos sorprendemos comportándonos igual que alguien importante de nuestro pasado. Ésto ocurre porque nuestras personalidades se han formado uniendo partes "prestadas", actitudes y valores llamados "introyecciones", tomados de personas que influyeron en nuestros años preescolares. Desgraciadamente, aunque podamos contrarrestar las introyecciones indeseables cuando somos adultos, no podíamos evitarlas cuando niños. Por ejemplo, puede que hayamos internalizado los rasgos ásperos y críticos de un padre poderoso pero emocionalmente distante; al crecer actuaremos según esos rasgos en vez de aplicar los aspectos más benevolentes de nuestra madre.
Cortar estos lazos tóxicos con el pasado es un proceso que comprende dos pasos: primero, reconocer esas influencias históricas en nuestra vida. Segundo, aprender a integrar los recuerdos de la infancia a la experiencia y las capacidades adultas. No es un trabajo precisamente sencillo, pero es posible para quienes realmente deseen liberarse y vivir más plenamente.