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Cómo meditar sin intentarlo

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Recuerdo cuando comencé a intentar meditar. Solía sentarme, cerrar los ojos y tratar de calmarme por completo (era mi idea de la meditación en ese momento).

Era difícil: mi cabeza hervía de ideas, pensamientos, soluciones, problemas... Me empezaba a agitar y detenía el intento a los diez minutos, si no antes. Durante estas cortas "meditaciones" me sentía menos... meditativa que nunca.

Sabía que había algo que yo quería explorar, que estaba más allá del mundo físico. Sabía que si lograba viajar "hacia adentro" podría liberar mi potencial. Y la meditación sentada, como yo la conocía, debía ser la técnica número uno para llevarme allí. Aún así, no lograba aplicarla... era inadecuada.

No, yo era inadecuada, y también lo sería usted en una situación similar. Lo inadecuado es la definición que cada uno hace de la meditación.

La idea subyacente en la meditación no es sentarse en una silla y cerrar los ojos. O sentarse en posición de loto, y mirar las hojas caer. Puede hacer todo ésto si siente el impulso de hacerlo, pero cualquier técnica que elija será tan importante como el tipo de tenedor que usa en sus comidas. Los tenedores, las técnicas de meditación, los coches, son simples herramientas que nos ayudan a realizar determinada tarea.

Podemos decir que la meditación es un "estado alterado de consciencia". No vemos las cosas del modo habitual; nos sentimos conectados a algo superior a nuestro ser cotidiano; nos sentimos más "amplios" que de costumbre. En pocas palabras, estamos tan inmersos en nosostros mismos que podemos trascender nuestros límites. Ahora la pregunta es: ¿qué se necesita para sentirse así (si usted quiere)?. Para algunos, es la jardinería; para otros, es recostarse cómodamente y escuchar música (no necesita ser música New Age...). Conozco gente que medita jugando a las cartas con su ordenador. Después de unos minutos calculando sus movimientos y contando los puntos, pierden contacto con las cartas y "levantan vuelo".

¿Por qué no valoramos estas actividades tanto como aquellas que incluyen velas, cojines e incienso? Puede tratarse de cosas tontas o simples, pero su impacto suele ser importante, profundo. Aún más, son sencillas y no requieren esfuerzo. No requieren disciplina: nos sentimos naturalmente atraídos por ellas.

De algún modo, tal vez sea ésa la razón por la que no las vemos en su real magnitud. Son muy accesibles y naturales. ¿Acaso no debemos pagar mucho dinero o trabajar para conseguir cualquier cosa de valor? Si es fácil, no debe valer mucho, o éso nos han dicho.

Para algunas personas, meditar en la forma convencional (sentándose y todo éso) no contribuye a expandir su horizonte. Puede parecer que están meditando, cuando en realidad están pensando en sus problemas, analizando ésto y aquéllo... se están relajando, sí, pero no meditan. Probablemente experimentarían ese estado que buscan mediante alguna activiad, haciendo cosas como las que hemos mencionado antes (las tareas repetitivas, especialmente, son muy efectivas en ese sentido). Por supuesto, antes de lavar los platos o arreglar el jardín, no nos ponemos a pensar "voy a meditar". Pero cuando tomamos conciencia del alto potencial que estas actividades encierran para nosotros, podemos usarlas conscientemente con esa intención.

Aún así, el propósito de este artículo es explicar que ni siquiera necesitamos una intención clara para meditar. De hecho, cuando queremos mucho algo, a menudo nos convertimos en nuestro primer obstáculo para alcanzarlo, especialmente cuando se trata de la meditación. Usted no puede trabajar duro para alcanzar algo que se relaciona con lo ligero, con la apertura y la receptividad. No puede obligarse a "abrir su mente". Sólo puede crear las circunstancias favorables, y éstas pueden ser cualesquiera, ya que se trata de encontrar la herramienta que mejor funcione para usted.

Entonces, si su mente está constantemente activa, o extremadamente creativa, y su energía es tan alta que no puede sentarse y cerrar los ojos, no se catalogue como "poco espiritual" o "inmeditativo". No necesita sentarse durante horas en posiciones incómodas como los monjes tibetanos, ni tratar de alcanzar cosas que jamás había soñado hacer. Seguro que se beneficiará mucho de bajar la velocidad de sus pensamientos y relajarse; pero desarrollar estrategias que le sirvan probablemente sea mejor. ¿Cuál será la mejor forma de meditar para usted?


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