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Para tener paz, perdone a su niño interior |
| Lukor.com |
Adoro la película de Disney El chico, con Bruce Willis. En ella, el actor interpreta a un estresado asesor de imagen de personalidades importantes. Usa trajes caros, vive en una casa elegante y amueblada a la última moda, y tiene todo el dinero que puede desear. Su mayor desafío surge cuando un niño (su niño interior) aparece y se instala en su casa. Al principio, él no se reconoce a sí mismo, pero luego comprende que puede sanar su vida consolando al muchacho y aceptando al hombre en que se ha convertido. No se preocupe, aún queda mucha diversión y sorpresa en la película, así que no le he contado TODA la historia).
A menudo, atendiendo a gente que se siente angustiada o incómoda hablando en público, veo que llegan a recordar pasadas experiencias que perciben como fracasos. Me cuentan sus historias de fallos, trastabilleos y faltas con un tono de humillación y autocastigo. Usan lenguaje crítico y culpógeno para describirse a sí mismos, como "Fui tan estúpido", "Me comporté de modo lamentable", "Nunca me he perdonado por ello". Ya es lo bastante malo haber tenido esa experiencia negativa en primer lugar, pero la hacemos peor cuando extendemos la pena por sobre nuestra vida al revivir la experiencia (y castigarnos por ello), una y otra y otra vez.
Ejercicio
(ADVERTENCIA: El siguiente ejercicio puede parecer cursi, pero inténtelo de todos modos. Seriamente).
Cierre los ojos (después de leer este artículo, claro) y véase a usted mismo como es hoy. No analice ni juzgue a la persona que usted es actualmente, sólo véase. Relájese. Trate de desprenderse de todo pensamiento o distracción. Ahora imagine una versión más joven de usted acercándose (el "usted" que estropeó aquella presentación tantos años atrás). Tal vez sea el "usted" que manchó su libreta de clasificaciones del 5º curso, o el "usted" que estornudó encima de las diapositivas de su primera presentación comercial, tal vez el que olvidó por completo incluir aquellas importantes estadísticas de márketing cuando presentó aquella propuesta importantísima ante el grupo directivo de su empresa.
Ese "usted" más joven lo mira tímidamente, lleno de apuro y vergüenza por la mala impresión causada. Después de tantos años de haberse sentido enfadado y humillado por este "joven yo", usted siente compasión. Mirando a esa pobre alma sufriente, comprende que es tiempo de liberarla del yugo. Ese "joven usted" ha sufrido lo suficiente. En el mismo momento en que usted deja de juzgarlo tan duramente, se da cuenta de que el "joven usted" hizo lo mejor que podía, dada su posición en aquel momento (su medidor de cursilerías puede estar a punto de estallar a esta altura, pero... ¡quédese conmigo hasta el final!).
Ahora acérquese, abrace y perdone a ese "joven usted". Dígale algunas palabras reconfortantes de aliento y alivie la pena que ambos han estado cargando durante todos estos años. Quítele la carga de los hombros, mientras ambos se liberan de ese peso. Imagine una conversación entre su ser actual y sus seres anteriores. ¿Qué marchó mal aquel día? ¿Qué has aprendido? ¿Cómo pueden esos"yo" previos y el actual trabajar juntos para sentirse más confiados en el futuro?
Puede que tenga varios "yo" pasados para perdonar. Imagínese a cada uno de los que lo decepcionó y repita el mismo procedimiento. Se sorprenderá de cómo ésto puede aliviarlo y calmar su malestar.
No podemos avanzar dentro de una atmósfera de culpa y autocrítica. Cuando hablamos, todo lo que podemos hacer es lo mejor que somos capaces de hacer en ese momento. A veces triunfamos. A veces fallamos. Pero autocastigarnos por los errores pasados sólo sirve para hacernos retroceder. Libere a sus "otros yo" del yugo y siga adelante. Perdone a la persona que usted fue y acepte a la que es ahora. A través de la compasión puede crear una persona mejor en la que se está convirtiendo.
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