Un estudio del Departamento de Economía y Empresa de la Universidad de la Rioja señala que subir el precio del tabaco en 0,1 euros permitiría a unos 35.000 españoles iniciar tratamientos de deshabituación tabáquica para dejar de fumar.
El trabajo, presentado en las XXV Jornadas de la Asociación de Economía de la Salud (AES) que se celebran en Barcelona, advierte de que los fármacos necesarios para este tratamiento no están financiados por la sanidad pública, excepto en Navarra.
Estos métodos, basados en fármacos como el bupropión o las terapias sustitutivas de la nicotina, tienen "una eficacia probada en ensayos clínicos y la experiencia de su empleo", según los autores del estudio.
No obstante, los responsables del estudio aseguran que "la ausencia de financiación pública hace que dichas terapias no estén extendidas entre quienes desean abandonar la adicción al tabaco".
Según el estudio, establecer impuestos finalistas, como la subida del precio del tabaco, es "una política cuestionable desde la perspectiva hacendística, pero ayuda a los ciudadanos a relacionar la presión fiscal con sus efectos, especialmente en el área sanitaria".
Los autores del trabajo apuestan por "establecer una nueva figura tributaria sobre las ventas minoristas, similar a la aplicada con los hidrocarburos, dejando que las autonomías implanten el tipo impositivo que consideren necesario para sus políticas sanitarias".
Con la subida de 0,20 euros en impuestos especiales por cada cajetilla de tabaco, la recaudación adicional neta para el conjunto de administraciones autonómicas y central sería de 515 millones de euros, lo que supone un 8,86% más que en la actualidad, según el estudio.
Esta situación "facilitaría que 2,5 millones de fumadores accedieran a fármacos de deshabituación tabáquica, con lo que al final se lograría que 650.000 fumadores acabaran dejando el tabaco".
El director del estudio y catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de la Rioja, Fernando Antoñanzas, señala en el trabajo que "se demuestra que existe una vía para financiar los programas de deshabituación tabáquica".
Según este experto, "se trata de que los propios fumadores se responsabilicen de la financiación de dichos programas, sin que se modifique la presión fiscal de los no fumadores y sin que los presupuestos sanitarios se vean reducidos por otras actuaciones
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