Más de la tercera parte de los alimentos tipo light que se venden en los comercios españoles no pueden ser considerados como tales, porque la reducción del aporte calórico respecto de su alimento de referencia convencional no alcanza el 30% que establece la única recomendación en vigor al respecto para los alimentos light en España, cuyo seguimiento no es obligatorio para los fabricantes. Además, tres de cada cuatro alimentos tipo light son más caros que sus equivalentes convencionales, según las conclusiones de una investigación de consumer.es Eroski.
Consumir.es Eroski ha estudiado el etiquetado y los reclamos de 14 alimentos que se denominan light y otros 11 que se han equiparado a ellos porque si bien no utilizan este término sí se valen de denominaciones y retóricas que el consumidor fácilmente puede asimilar iguales.
En este estudio (que en total ha analizado 43 muestras de alimentos tipo ligth y otras 43 de sus referentes convencionales), se han equiparado los productos etiquetados como light con otros cuyas denominaciones son "Bajo en grasa", "Integrales, menos grasa", "Sin azúcar", "6,5% materia grasa", "0% materia grasa", "Diet", "Ligero" o "Desnatada".
Consumer.es Eroski recuerda que en España no hay legislación específica sobre alimentos light, aunque un acuerdo interministerial de 1990 (sin validez jurídica) establece los criterios que debería cumplir un producto para considerarse ligero, que son ofrecer un 30% menos de calorías que su equivalente convencional e incluir en su etiquetado la información nutricional de ambos productos (del light, y del no light) para que el consumidor pueda valorar si le compensa adquirir el reducido en calorías.
La principal conclusión del estudio es que los alimentos light no reducen su aporte calórico tan significativamente como cabría esperar y que lo más habitual (en el 76% de los casos, concretamente) es que sean más caros que sus referentes convencionales. Además, según el estudio, se da la paradoja de que los productos que presumen de light sin serlo son también los que aumentan más de precio respecto a los no light.
El hecho de que un alimento sea light no significa que no sea muy calórico, por lo que el consumidor también debe controlar su consumo. Es el caso de la leche condensada, la nata o las galletas (entre un 15% y un 20% menos de calorías que sus equivalentes convencionales, pero aun así muy energéticos) o el chocolate, que es incluso más calórico (alrededor de un 2%) que su correspondiente 'no light'.
Entre los alimentos estudiados que sí son light (el 64% de toda la muestra), la mayoría reduce su poder energético sustituyendo el azúcar por edulcorantes, y la grasa por sustitutivos químicos miméticos. En la mayonesa, la reducción en la cantidad de aceite y huevo se compensa con la adición de agua, a pesar de lo cual las mayonesas light son un 15% más caras que las convencionales.
En los panes de leche, cada unidad es de un peso significativamente menor que la muestra 'no light', con lo que resultan menos calóricos por ración pero a igualdad de peso esta reducción sería menos relevante.
Son alimentos light aconsejables los lácteos que reducen su aporte calórico sustituyendo la leche entera por leche descremada, proceso que ayuda a que se disminuya el consumo de grasa saturada, la menos saludable, sin afectar significativamente (sólo se pierden las vitaminas liposolubles, y muchos fabricantes las añaden para evitar esta pérdida) a las propiedades nutritivas de la leche.
En ninguno de los etiquetados de los 43 productos estudiados aparece suficiente información nutricional del alimento de referencia, lo que impide que el consumidor pueda comparar de un vistazo la diferencia en grasas, azúcares y calorías y así conocer qué es lo que realmente diferencia a este nuevo alimento de su homólogo convencional.
ERRORES
Consumer.es Eroski advierte de que mensajes como 'diet' o 'sin azúcar añadido' pueden ser interpretados como "menos calórico", lo que no siempre es verdad, aunque estos productos son muy útiles y cumplen su función para personas diabéticas o con el nivel de triglicéridos elevado que no pueden ingerir azúcar, pero puede suceder que su capacidad energética sea similar e incluso superior al equivalente convencional. Este es el caso de algunas mermeladas sin azúcar en las que no se reduce el aporte calórico porque el azúcar es sustituido por fructosa.
También puede inducir a error el etiquetado del pan tostado "sin azúcar", ya que el poder energético de este producto no viene por los azúcares añadidos, sino porque es muy rico en hidratos de carbono.
Lo mismo ocurre con los cereales para desayuno 'tipo línea', tan energéticos como los demás cereales (excepto los chocolateados o con frutos secos), a pesar de que las imágenes de su paquete induzcan a pensar de que se trata de productos menos calóricos e indicados para guardar la línea.