La mayoría de los padres, lo admitan o no, reaccionan ante el comienzo de la adolescencia de sus hijos con cierto temor e incluso pavor. Miramos atrás hacia nuestros años de adolescentes, y nos preguntamos cómo lidiaron nuestros padres con nuestras modas pasajeras y nuestras hormonas en efervescencia. Es como si, de la noche a la mañana, nuestros padres pasaran de saberlo todo a nada, de comprender todos nuestros sueños y deseos, a no tener ni idea de lo que queríamos hacer con nuestras vidas. Echando la vista atrás comprendemos que ser padres de adolescentes no es moco de pavo, y sabe Dios si seremos capaces de sobrevivir a la experiencia.
No hay duda de que queremos lo mejor para nuestros hijos, pero ¿qué se supone que debemos hacer cuando perdemos nuestro ecuánime punto de vista y lelgamos a otra discusión acerca de ropa, amigos, etc.? ¿Hay esperanza de pasar otras agradables vacaciones en familia? ¿Cómo diferenciamos cuándo nuestro hijo tiene el pavo y cuándo esta deprimido?
Aunque podemos intentar acercarnos a nuestro hijo con miedo, la verdad es que educar a unos adolescentes puede ser muy gratificante. Aquí van 4 consejos para lidiar con ellos.
Sé consciente de tu poder. Aunque nuestros hijos no quieran reconocerlo, todavía ejercemos una poderosa influencia sobre ellos. Podemos pensar que no nos están escuchando, pero sí lo hacen. En los momentos de mayor tensión, cuando estamos a punto de picar el anzuelo y consentir en sus ultimatums o darles la razón, es importante recordar que todavía somos modelos para ellos.
Aflojar un poco la cuerda.Es difícil aceptar que el propósito de nuestros hijos es separarse y diferenciarse de sus padres. Cuando nuestros hijos desarrollan sus propias opiniones y gustos, y especialmente cuando quieren ser tratados como adultos, es difícil encontrar el balance entre tenerlos controlados y y permitirles desarrollar su individualidad. Tenemos el derecho y la obligación de establecer unas reglas, pero no podemos ponerlas a nuestro propio arbitrio. Si nos demuestran que son de confianza, debemos darles espacio para expandirse.
Permanece vigilante. Es difícil imaginar que educar adolescentes sea más difícil que ser padres de críos pequeños, pero así es. Hemos aflojado la presión, pero eso no quiere decir que tengan plena lbertad. Todos los adolescentes tienen secretos, pero nuestro trabajo es asegurarnos de que esos secretos no sean de los que pueden dañarlos a ellos u otros. Eso no implica ser unos fisgones, pero sí que significa estar al tanto, expectante antes las señales que mandan nuestros hijos.
Escuchar con nuestros oídos y nuestros corazones. Los adolescentes son por naturaleza muy poco comunicativos, más bien nada, de modo que escucharles atentamente es doblemente importante. Escucharles tanto cuando hablan como cuando no y sencillamente no lo hacen y sólo mandan señales. Incluso hay que saber interpretar sus silencios. Además, preguntarles sus opiniones y escuchar sus ideas sin interrumpirles o corregirles. Todos lso adolescentes buscan aceptación, y aunque pasan por diferentes etapas de aceptación, y sentirse comprendidos es muy importante para ellos.
No hay duda de que educar adolescentes es un reto, Y la realidad es que puede ser que no veamos frutos a corto plazo. Sin embargo, si nos mantenemos a su lado comprensivos y lo hacemos bein, nosveremos recompensados al tiempo.
|