Un experto defiende el asesoramiento como una alternativa para ayudar a los jóvenes en su transición a la vida adulta
El profesor Jesús Hernández Aristu considera que la orientación de profesionales complementa la acción educativa de padres y profesores, que es insuficiente ante los cambios sociales
Las transformaciones sociales están removiendo los fundamentos de la era industrial para constituir una sociedad posmoderna, que exige nuevos planteamientos en la interpretación de los fenómenos sociales. La juventud, como transición a la vida adulta, queda condicionada por estos cambios. La pluralidad de formas de vida que toman los jóvenes requiere "nuevas estructuras que sustituyan, en unos casos, corrijan, en otros, y complementen las funciones de apoyo y ayuda a esas transiciones que, tradicionalmente, cumplían sistemas como la familia y la escuela, y que hoy han devenido caducas". El asesoramiento se erige como una alternativa de apoyo y ayuda a las transiciones de los jóvenes, en especial, para aquellos que ocupan una posición de desventaja.
Así lo considera Jesús Hernández Aristu, profesor del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra, en un artículo publicado en la "Revista de estudios de la juventud", editada por el Instituto de la Juventud (Injuve) del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, cuyo último número está dedicado a analizar la situación de desventaja de los jóvenes en Europa.
Partiendo de la base de que la modernización de las sociedades avanzadas está llevando a "una transformación de los sistemas sociales, como la familia", Jesús Hernández Aristu estima que "los sistemas de apoyo a la integración de las nuevas generaciones en la vida social han devenido, para algunos, en fracasos". "Esto ha dado lugar a una ruptura de los mecanismos que, durante decenios, fueron fuertes aliados en la incorporación de los jóvenes a la vida adulta: la familia, la escuela, la formación profesional, el mercado de trabajo. Los jóvenes vivían hasta ahora un proceso de socialización durante el cual iban siendo formados por diversos agentes hasta llegar a la vida adulta", señala este experto, licenciado en Ciencias de la Educación, en la especialidad de Jóvenes y Adultos, por la Universidad de Aquisgrán (Alemania) y doctor en ese mismo campo por la de Deusto.
Desmoronamiento de familia, escuela y empresa
Instituciones como la familia, la escuela o la empresa "se han desmoronado hasta convertirse para los jóvenes en un obstáculo más que en un apoyo", opina Jesús Hernández Aristu.
Según el autor de este artículo, la ruptura de fronteras por las tecnologías de la comunicación y de barreras nacionales por la economía globalizada, la inmediatez y amplitud de cobertura de los medios de comunicación y la libertad de pensamiento de las sociedades democráticas producen "una autonomía de pensamiento y de actuación en las personas". "Si en tiempos pasados las personas estaban determinadas por las costumbres, la religión o la cultura, ahora cada uno decide para sí lo que quiere", apunta Jesús Hernández Aristu, profesor visitante de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Niederrhein (Alemania), de la que es también Senador Honoris Causa, y de la Católica Universidad Pontificia de Santiago de Chile.
Para este autor, surge, entonces, "una falta de vínculos y una cierta desorientación de vida". "A falta de valores comunes afianzados, la sociedad ofrece estándares o modelos de vida, que tienen que ver con las modas -indica-. El espacio que hace unos años ocupaban las creencias, costumbres y valores de la sociedad compartidos por una mayoría se tornan en modas, pseudo-valores y apariencias. Uno es lo que consume, viste o gasta".
Las transformaciones de la vida social tienen consecuencias inmediatas en la educación. "Los padres han perdido autoridad sobre los hijos y esta inseguridad afecta igualmente a los profesores", subraya.
Crisis que genera individuos aislados
En esta sociedad en permanente crisis, "el individuo queda relegado a sí mismo y debe valerse por uno mismo". "Este proceso de individualización implica que las personas pueden liberarse de muchas presiones sociales y condicionamientos y pueden desarrollar en libertad sus propios estilos de vida. Pero, a cambio, el individuo ya no puede recurrir al exterior -familia o sociedad- para recabar ayudas, orientación de vida y ejemplos para su situación individual", señala Jesús Hernández Aristu.
"Así, el joven, que ha alcanzado un confortable nivel de vida material, se encuentra, sin embargo, solo ante su destino individual tras la ruptura con la tradición, la familia o el clan", expone este experto.
Ante esta situación, Jesús Hernández Aristu califica como "necesario" sustituir "el concepto de educación por el de asesoramiento, considerado como acompañamiento, orientación y apoyo, términos más ajustados a las condiciones de vida de la posmodernidad o de la era posindustrial".
En este contexto, cobra sentido la creación de nuevas estructuras de apoyo. "Las expectativas surgidas desde la LOGSE, aprobada en 1990 para regular el sistema educativo y por la que se crearon los departamentos de orientación en el ámbito escolar y se aplicaron medidas de atención a la diversidad, no han dado el resultado esperado". De ahí que sean necesarias estructuras nuevas, que el autor denomina "estructuras de apoyo locales", que deben estar dirigidas "al refuerzo de la personalidad del joven y de sus propios recursos, a la motivación intrínseca y a la creación de sus propias redes sociales; es decir, ayudarle a ser una persona". Con ello, se coloca a la persona en el centro mismo de la atención, con sus potencialidades y recursos, en opinión del autor.
Sistema tutorial para reinsertar jóvenes
Basándose en el proyecto denominado Biotec-dual, por el que 22 jóvenes de entre 17 y 19 años sin formación ni trabajo fueron recuperados para el estudio y el empleo, este profesor defiende el sistema tutorial creado para asesorar y apoyar el proceso de reinserción social de los adolescentes.
"El asesoramiento centra su atención en la persona misma del asesorado, en su modo de vivir y valorar la vida -afirma Jesús Hernández Aristu-. Construye el cambio apoyándose en los aspectos positivos, en los recursos que tiene la persona; prescinde de las interpretaciones negativas y tiene en cuenta sus valoraciones personales. Para ello, es necesario entrar en el mapa de la vida o representación del mundo en que la persona vive y el concepto que tiene sobre sí mismo y sobre los demás y, sólo desde ahí, puede el orientador asesorar y actuar de modo que el asesorado pueda ampliar, modificar y corregir ese mapa. El orientador, con su trabajo, tiene que saber más del mundo interior del propio joven y, a través del orientador, el joven sabe más de sí mismo".
Las habilidades necesarias para realizar este oficio son, a juicio de este profesor de la Universidad Pública de Navarra, las de "aprender a escuchar, a escucharse a sí mismo y a reforzar los aspectos positivos de la vida del joven", así como "ayudar a desarrollar estrategias que le permitan conseguir sus objetivos". "Estas capacidades del asesor son competencias comunicativas, que, a su vez, suponen procesos de reflexión y de distanciamiento frente a los clientes y sus situaciones personales, de modo que ellos mismos alcancen la distancia necesaria para manejarse en sus propios asuntos", concluye Jesús Hernández Aristu.
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