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Julio González

Europa Press
El Museé Maillol de París inaugura hoy la exposición 'Julio González en la Colección del IVAM', organizada por el centro valenciano en colaboración con la Fundación Dína Vierny-Musée Maillol. La muestra, que se exhibirá hasta el 21 de febrero de 2005, es la primera monográfica que un museo parisino dedica a Julio González.

La selección, comisariada por el conservador del IVAM Josep Salvador, incluye esculturas, dibujos y pinturas que revisan la trayectoria artística de una de las figuras centrales de la historia del arte del siglo XX. Se trata de un conjunto de 150 obras, en su mayor parte pertenecientes a los fondos de la Colección del IVAM. Además, cuenta con aportaciones del Musée National d'Art Moderne, la Fundation Maeght y coleccionistas privados.

Julio González (Barcelona, 1876 París, 1942) ha sido reconocido por todos los expertos como uno de los grandes maestros de la escultura del siglo XX. Considerado el inspirador de la escultura moderna en hierro, es uno de los pilares sobre los que se asienta la colección del IVAM.

Este museo recibió por compra y donación de Carmen Martínez y Viviane Grimminger un vasto conjunto de obras de Julio González, que daría nombre al centro, así como de su hermano Joan González y de su hija Roberta.

La colección de obras de Julio González que posee el IVAM tiene un valor excepcional que cubre todas las etapas y todas las direcciones del desarrollo creativo del artista, incluyendo la escultura, el dibujo, la pintura y la orfebrería, según informaron fuentes del centro valenciano.

En la primera parte de su carrera, entre 1910 y mediados de los años 20, la atención de Julio González se movió entre las máscaras de metal y las figuras modeladas, donde se reconoce el 'phatos' de Rodin. En los años 20, González se concentró en los problemas del relieve. Hacia 1926, avanzó un paso decisivo al decidirse a recortar la plancha de metal que hasta entonces había tratado como una superficie inviolable.

Esta técnica del 'découpage' dio lugar a la serie de máscaras de 1929 y 1930 en las que el escultor, partiendo de Gargallo y del cubismo, llegó a crear un lenguaje personal, según indicaron las mismas fuentes.

Julio González escultor CONQUISTAR EL ESPACIO

A lo largo de los años 30, la evolución de la escultura de Julio González apareció marcada por el deseo de emanciparse del plano para conquistar el espacio. A partir de las máscaras, el escultor exploró el motivo de la cabeza humana, representado mediante un plano recortado --el rostro-- adosado a un cilindro vacío --la concavidad del cráneo.

Así ocurre en las dos versiones de 'Les amoureux', unas cabezas habitadas en las que se aloja el motivo del beso de los amantes. El progresivo espaciamiento de los elementos integrantes de estas esculturas dio lugar a interpretaciones cada vez más complejas de la cabeza, como 'La grande trompette'.

Una de las tendencias dominantes en la obra de González en la década de los 30 es la que él mismo denominó "dibujar en el espacio" y que aplicó a la depuración formal del motivo de la cabeza en 'Tête au miroir' y de la figura en 'Gran personage debout'. Pero, en esta misma época, González desarrolló una orientación de sentido opuesto, centrada en el volumen.

En esta línea, las cabezas cortadas en piedra constituyen una parte muy relevante pero insuficientemente valorada todavía. La búsqueda del volumen se plasma también en esculturas construidas con planchas de metal soldadas, obras de carácter relativamente abstracto como 'Femme assise I' o bien de estilo más realista, de connotaciones clásicas, como la serie de torsos de hierro forjado que culminó en 'Montserrat'.

Hacia 1937, estas dos grandes corrientes del desarrollo de la escultura de Julio González, el dibujo en el espacio y la investigación del volumen, convergen en unas obras maestras de carácter sintético y monumental, como 'Femme au miroir' o 'Daphné', donde se combinan elementos filiformes con otros de carácter masivo.

Después de 1937 y bajo el impacto de la guerra civil española, González se decantó hacia una inspiración expresionista, que se puede apreciar en el estilo más realista de 'Masque de Montserrat criant' o bien en el lenguaje fantástico y surrealista de los hombres cactus.

En sus últimas obras, el escultor se revela más que nunca como un intérprete profundo de la figura humana, interesado por los temas últimos de la gran tradición de la escultura occidental, como son la plenitud y la vulnerabilidad del cuerpo, el sufrimiento y la dignidad del ser humano.


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