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El museo desaparecido |
| Europa Press |
El periodista Héctor Feliciano ofrece una exhaustiva investigación del expolio sistemático y programado de obras de arte por parte de los nazis en Europa Occidental y especialmente en Francia en el libro 'El museo desaparecido' (Editorial Destino), traducido a ocho idiomas. "Desde el primer día de la invasión de parís, los nazis contaban con listas de marchantes de arte, lo que demuestra que para ellos era tan importante la batalla cultural como la militar", explicó hoy este puertorriqueño.
Entre junio del 40 y agosto del 44, fueron saqueadas 203 colecciones particulares, es decir, un tercio de todo el arte francés en manos privadas. Más de 100.000 obras de arte, 500.000 muebles y más de un 1 millón de libros y manuscritos robados convirtieron a Francia en el país más saqueado de Europa Occidental.
"Los nazis tenían una relación de amor-odio con la Europa Occidental, donde hubo 300.000 obras robadas; mientras que en la Europa Oriental funcionó más la destrucción que el saqueo", puntualizó Feliciano, quien para escribir 'El museo desaparecido' se ha basado en documentos recientemente desclasificados y que ha logrado identificar a través de estas investigaciones casi quinientas obras de arte desaparecidas.
En esta misma línea, este escritor y periodista explicó que lo que interesaba a los nazis era todo lo que tuviera que ver con el arte alemán o germano, "que era para ellos un ejemplo de lo grande que podía ser la cultura germana". Las obras robadas se llevaban al Museo del Jeu de Paume en París, donde 60 personas --historiadores, fotógrafos, contables, etc-- se ocupaban de hacer inventario de las confiscaciones nazis. Asimismo, entre abril del 41 y julio del 44, salieron de allí 29 convoyes cargados de obras de arte con dirección a Berlín.
LA COLECCIÓN DE GOERING
En el Museo del Jeu de Paume se organizaban exposiciones privadas para que el número dos del régimen, Hermann Goering, escogiera lo que más le gustaba. Según el juicio de Nüremberg, éste se apropio de mil obras de arte sin pagan un centavo por ellas. "Hitler le permitía tanto porque Goering tenía mucho poder. Era un héroe de la I Guerra Mundial, el único líder nazi que venía de la alta burguesía, que tenía una colección propia", subrayó Feliciano.
Frente al comportamiento indigno de colaboracionistas y marchantes franceses y suizos, el autor de 'El museo desaparecido' destacó el trabajo de Rose Valland, ex directora del Jeu de Paume, que siguió trabajando allí para registrar toda la actividad nazi con vistas a recuperar las obras en el futuro; o el del español Eduardo Propper de Callejón, que utilizó su situación en la Embajada española en París para cambatir el expolio de obras de arte.
El impresionismo no interesaba a los nazis, mientras que consideraban el arte moderno como "arte degenerado". "Hitler, en los años 30, depuró el arte moderno de los museos alemanes. Nunca entendió la modernidad, ya que quería reconstruir el pasado", puntualizó Feliciano, quien explicó que con el arte moderno saqueado en la Europa Occidental se instauró un sistema de canje de obras de Matisse, Picasso, Léger o Braque, entre otros, por obras germánicas. "Utilizaban la valija diplomática para llevarlas a Suiza y venderlas", dijo.
Cuando la primera versión de 'El museo desaparecido' vio la luz en 1997 en Francia, causó un gran impacto y dio origen a un importante debate sobre el papel de los museos nacionales franceses que albergan obras robadas en su día por los dirigentes nazis. Incluso el Museo Reina Sofía de Madrid cuenta desde 1995 con una pieza procedente del expolio nazi: Se trata del mural 'La familia en metamorfosis', de Abdré Masson, propiedad de los descendientes de Pierre David-Weill, quienes han llegado a un acuerdo con el Centro de Arte.
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