Israel mostró su pesar por el fallecimiento del rey de la sátira Efraim Kishon, cuyo ingenio mordaz conformó la idiosincrasia nacional durante los primeros años del Estado, instando a sus lectores a pensar y reír a la vez.
Kishon, de 80 años, murió en Suiza donde mantenía una residencia, lo que pone de manifiesto sus sentimientos contradictorios hacia Israel. Su hijo Rafi dijo que falleció mientras se duchaba tras sufrir un infarto.
El artista ejerció una influencia todavía superior entre los numerosos lectores de sus libros y columnas publicadas en un diario nacional o entre los espectadores de las obras, películas y escenas que generó.
Kishon, que también fue muy popular en Europa, especialmente en los países de habla alemana, se sintió más apreciado en el Viejo Continente que en su país adoptivo Israel, objeto de sus sátiras más punzantes.
Contribuyó a sentar el tono del discurso nacional resaltando los problemas sociales del país de un modo accesible al público, mediante la risa.
Su obra de 1963 "Salah Shabati", más adelante llevada al cine, se mofó de la sociedad israelí por las dificultades que enfrentaban las sucesivas oleadas de inmigrantes. En una escena reveladora, los inmigrantes emergen del mar, literalmente como en una ola, para ser vilipendiados por israelíes "veteranos" ya firmes en la costa. En la escena siguiente, los inmigrantes que salían del agua ya están en tierra firme vilipendiando a su vez a la ola siguiente.
La idea fue el tema de una galardonada película israelí de 2004, "Giro a la izquierda al fin del mundo", sobre inmigrantes judíos de la India enviados a un pueblo en desarrollo en medio del desierto, donde son menospreciados por inmigrantes marroquíes llegados una década antes.
Ferenc Hoffman --su verdadero nombre-- nació en Budapest y había escapado de la muerte en un campamento de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial. "Cometieron un error: dejaron vivo a un escritor satírico", llegó a comentar en una ocasión.
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