El Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) inauguró la primera exposición retrospectiva dedicada al artista canario César Manrique después de su fallecimiento (1919-1992), con la que reivindica la importancia fundamental de este autor para entender la pintura española del siglo XX a través de una selección de 53 piezas, la mitad de las cuales no se habían visto antes en España, según señaló el comisario de la exposición y presidente de la Fundación César Manrique de Lanzarote, Fernando Gómez Aguilera.
La muestra trae por primera vez a un museo español obras que se encuentran repartidas en países como Estados Unidos, Costa Rica, Alemania, Suiza y Francia y que ilustran la evolución de Manrique hasta convertirse en una "figura clave de la abstracción informalista desarrollada a partir de la segunda mitad del siglo XX". La selección de obras responde a un itinerario cronológico que reproduce los años centrales de la trayectoria del creador, prestando especial atención al período comprendido entre 1960 y 1970.
La exposición se abre con un pequeño cuadro localizado en Suiza que, según se cree, es una de las tres primeras pinturas de Manrique. En esta pieza el autor "estaba construyendo el lenguaje que le ha consolidado en la historia como el pintor de la materia", explicó Gómez Aguilera. Esta preocupación por la materia se acentúa en una serie de trabajos durante la estancia de Manrique en Nueva York, en los que el paisaje de su isla natal es interiorizado y trasladado a la tela.
La muestra, que permanecerá abierta al público hasta el 24 de abril, supone, además de una oportunidad de acercarse al Manrique "más sobrio e íntimo", un trabajo de investigación y puesta en valor de la producción pictórica del artista, resaltó el comisario. Indicó que la Fundación César Manrique ha llevado a cabo durante seis años y medio un proceso de catalogación e identificación de estas piezas, una labor que ha quedado plasmada en el catálogo editado con motivo de la exhibición en el IVAM.
El comisario insistió en que Manrique, cuya obra pictórica quedó "algo oscurecida" a partir de la década de los 70 por sus intervenciones de arte público, ocupa un lugar preeminente en la corriente de la abstracción de la materia, que fue una de las "principales sensibilidades de la modernidad artística desde los años 50".
Definió a Manrique como "un pintor naturalista de la abstracción que supo olfatear muy bien el espacio en el que se movía". No hizo nunca "mímesis de la naturaleza sino que interiorizó las sensaciones del paisaje y pintó una memoria creada pero alimentada de la realidad", añadió Gómez Aguilera.
Así, la pintura de César Manrique "absorbió el espíritu de la tierra", una tendencia con la que se relacionó íntimamente con la corriente creativa predominante que se estaba generando en España, sobre todo desde Madrid, y en el resto del mundo. Una prueba de ello es que la II Documenta de Kassel estuvo centrada en la pintura de la materia o la participación Bienal de Venecia de 1960 reservó un espacio a las obras de Manrique.
Por ello es necesario "reivindicar" el papel de Manrique como un "pintor histórico y necesario para completar el mapa de la pintura española de los años 50 y 60".
Gómez Aguilera apostó por acabar con la "incomprensión y menosprecio" que César Manrique sufrió en ocasiones por parte de la administración a causa de su condición de artista "ortodoxo y poco usual en este país". Con él, el especialista animó también a poner fin al "aislamiento" que los artistas canarios han venido sufriendo "durante mucho tiempo por una dinámica cultural que establece centros de integración cultural pero también de exclusión".
El experto se mostró esperanzado porque esta situación "está cambiando en la España de las autonomías", en la que "en vez de centros de irradiación cultural se están constituyendo redes". En su opinión, Valencia es un "buen ejemplo de ello, ya que es lugar desde el que se dialoga con otros lugares de todo el mundo", aseguró.
"UN ARTISTA TOTAL"
Por su parte, la directora del IVAM, Consuelo Ciscar, definió a Manrique como un "artista total", que conjugó en su trabajo "una función educadora, ética, estética y medioambiental". Recordó también su preocupación por su entorno, en el que intervino a través de sus actuaciones urbanísticas en Lanzarote y otras islas del archipiélago canario. Los 'Jameos del Agua' (1966), 'Taro de Tahiche' (1969), 'Mirador del Río' (1973) y 'Jardín de Cactus' (1990) son algunos de las más relevantes.
César Manrique nació en Arrecife (Lanzarote) y se trasladó a Madrid para estudiar en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. A principios de los años 50 se adentró en el arte no figurativo e investigó las cualidades de la materia hasta convertirla en la protagonista esencial de sus composiciones. Se vinculó así --al igual que otros pintores españoles como Antoni Tàpies, Lucio Muñoz o Manuel Millares-- al movimiento informalista de esos años.
Viajó por diversas partes del mundo y, en 1964, se mudó a Nueva York, donde el conocimiento directo del expresionismo abstracto americano, del arte pop, la nueva escultura y el arte cinético, le proporcionó una cultura visual fundamental para su trayectoria creativa posterior.
En 1966, regresó de manera definitiva a Lanzarote. La isla, que iniciaba entonces su desarrollo turístico, promovió un modelo de intervención en el territorio en claves de sostenibilidad que procuraba salvaguardar el patrimonio natural y cultural insular; modelo que fue determinante en la declaración de Lanzarote como Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1993.