El escritor Sergi Pámies presentó hoy su nueva novela 'Si te comes un limón sin hacer muecas' (Anagrama), una recopilación de veinte cuentos con los que el autor pretende rescatar "lo inadvertido" y hacer apología de "lo cotidiano", es decir, "todo aquello que en principio no genera expectativas en la gente".
Temas que resultan algo habitual en la vida de cualquier persona se convierten en las páginas del novelista en protagonistas centrales de las historias: el amor no correspondido, la desconfianza, las dependencias familiares, el exceso de soledad o de compañía y los deseos insatisfechos son algunos de los elementos que caracterizan a este libro.
Colaborador de diversos periódicos, Pámies aseguró que la práctica de "la urgencia" y de la "falta de espacios", le ha llevado a mejorar en un apartado, "el de cuentista", que actualmente está en un mayor desuso en favor del "alargamiento industrial de la novela, el cual está siendo nefasto".
Es por ello que defendió el trabajo de los escritores que buscan "la brevedad, un estilo que renuncia a lo superfluo", y de esta manera, convertirse en uno más de los escritores que él mismo definió como "los purgadores de la basura de los grandes escritores: ellos viven en la opulencia, con palabras grandilocuentes sin hacer caso de otros temas que nosotros usamos".
EL CLUB DISNEY
Creador de títulos tan llamativos como 'Debería caérsete la cara de vergüenza" o 'El último libro de Sergi Pámies', el novelista reconoció que esta vez dar con un nombre capaz de llamar la atención del lector fue más complicado. "Mi editor llevaba ya tiempo preocupado porque llevaba más de un mes sin titular la obra; como me vi incapaz, les pedí a mis hijos (cercanos a la edad de diez años) que lo buscasen ellos. Al cabo de 24 horas vinieron con una lista de 10 nombres cada uno, horribles todos ellos menos el que habían sacado de un presentador del club Disney: éste había explicado que si eras capaz de comer un limón sin hacer muecas, conseguirías lo que deseabas. Era perfecto".
El artista nacido en París reivindicó la rehabilitación de un género que él considera vilipendiado ("encima de que dicen que es bueno para leer en el metro, ya ni siquiera la gente hace eso") y cuya decaída comenzó "con los suplementos dominicales". "Ellos pedían a autores consagrados un relato breve por mucho dinero y el escritor no se esforzaba demasiado porque disponía de muy pocos días. El resultado era algo que aburría soberanamente", concluyó.