El embajador de la 'chanson' francesa, Charles Aznavour, narra la vida ajena en 'Mon père, ce géant' (Flammarion), un compendio de 12 relatos llenos de confidencias, humor y amor que no tienen ni un ápice de autobiografía porque "nunca" mezcla familia y trabajo, aseguró hoy en Barcelona el autor.
"En título no tiene nada que ver con mi padre. Es la historia de un niño que tiene un padre gigante, y yo me pongo en la piel del uno y del otro", explicó Aznavour, no sin recalcar que el volumen "no es una dedicatoria" a su padre.
Aznavour, descendiente de inmigrantes armenios, indicó que "hay religiones porque hay gente estúpida" y que todas ellas comparten un mismo contenido, pero puntualizó: "Los pueblos que necesitan una religión, tenemos que estar con ellos, no combatirlos. Lo que importa son las personas, no su religión".
"Para nosotros, el pueblo armenio, la cultura y la religión están mezcladas. Mi pasado incluye a Dios", recordó el cantante, a lo que añadió que la religión y el ateísmo están unidos por "la duda", y que él duda "cada día".
En 'Mon père, ce géant', Aznavour también habla de la estupidez del antisemitismo, entre otros temas comprometidos, porque "escribir novelas sólo para hacer cuentos de hadas, no tiene sentido", y recordó que entre las canciones que ha compuesto se cuentan unas 45 de compromiso social, aunque "la gente sólo recuerda las de amor".
1.600 ESBOZOS DE CANCIONES.
Con más de 100 millones de discos vendidos en todo el mundo, Aznavour aseguró hoy que aún tiene cuerda para rato: "Tengo 1.600 esbozos de canciones, y tiempo aún para hacer discos". "Escribo mucho más de lo que consumo", remachó, alegando que escribe continuamente, desde que se levanta y hasta la noche, aunque por la mañana es cuando más productivo se siente.
"Lo que más me gusta en el mundo es escribir", recalcó este artista polifaceta que, además de escribir varios libros de ficción y numerosas canciones, ha hecho sus pinitos como actor y fotógrafo.
No obstante, avisó de que él no será "el único que pasee el francés por el mundo", y elogió a la "extraordinaria" nueva generación de autores e intérpretes musicales de Francia, entre los que destacó a Camille y Benjamin Biolay, que no hacen una nueva canción, "sino que es la continuación de la canción francesa".
Pero los elogios no fueron extensibles a Sébastien Tellier, representante de Francia en la última edición de Eurovisión, porque "cantar en inglés cuando no es nuestro idioma, hablarlo y escribirlo mal, se paga con la posición 18", sentenció.
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