Hace poco estuvo Sánchez Dragó en la televisión valenciana haciendo un programa sobre
la corrupción en la literatura y creo que pocas veces se han dicho cosas tan claras
en televisión.
Concursos literarios privados
Las editoriales privadas dan los premios a autores que ya tienen fichados para la
editorial. Jamás se arriesgarán a premiar a un autor que tenga derechos contraídos
con otra editorial y, después del trabajo de promoción de su novela, las otras
novelas sean propiedad de otra editorial y se aprovechen de ello para subir las ventas.
Las editoriales buscan un perfil de premio. Generalmente el jurado decide sobre
unas pocas obras que les llegan. Si hay cuatrocientas novelas que juzgar, les llegan
diez o doce, y se las leen por encima. El personal de la editorial ya ha hecho
la selección por su cuenta antes. Y las novelas que llegan a la final cuadran todas
en el perfil que la editorial tiene (en el caso del premio Planeta, candidatos
con órgano reproductor femenino).
El premio que se da es en concepto de adelanto sobre derechos de autor, de modo
que el único favor que hacen al escritor es promocionarlo para que venda más, pero
ese dinero que cobra se lo restan de los derechos de autor (puede suceder, de todas
formas, que no llegue a vender lo suficiente como para amortizar los derechos
de autor, en cuyo caso le hacen cruz y raya y lo invalidan de por vida (ejemplo:
Pedro Maestre).
Premios institucionales
Aquí la manipulación corre a cargo del caciquillo de turno, que entiende que si
premia a alguien del partido contrario corre el riesgo de perder las próximas
elecciones. De forma que se tiende a premiar a los afectos a partido del gobierno.
Esto no es nada nuevo, porque ahí estaban los mecenas antiguos.
Agentes literarios
Los agentes literarios seleccionan a sus aspirantes de acuerdo a criterios
completamente subjetivos y, sobre todo, secretos. Nadie puede nunca saber qué
criterios han seguido para seleccionar a uno u otro.
Estos agentes imponen las condiciones al escritor, que ve restringidos sus
derechos de autor normalmente de por vida (y después también: todavía cobra
Carmen Balcells por las ediciones de Max Aub). Y también las imponen a las
editoriales, que saben que sin acceder a las peticiones de los agentes no
encontrarán autores de talento.
Editoriales
La mayoría no leen las obras que se les envían. Aún quedan algunos románticos
como Herralde, Mario Muchnick, Siruela, pero poco más. Las editoriales no pueden
hacerse cargo de la lectura de la cantidad de obras que llegan, para unos
pocos titulitos de creación que piensan editar ese año, y devuelven
sistemáticamente los originales, esperando que un agente literario lea las
obras y les haga una oferta interesante.
Internet
No hablan nunca de la autoedición en internet. Parece que no la conocen o
les importa un bledo.
Conclusiones
La conclusión es que cada vez hay más escritores y menos lectores. La escasez
de lectores se debe a la incapacidad de los escritores y de los editores,
eso sin duda.
Por A.Noguera
http://www.multitextos.com/editoriales/10enero2002.htm