EL MAR Y LA SAL

 

Iré al mar, y cuando llegue, en sus aguas voy a nadar

y mientras nado, en tí suguiré pensando,

pues en otra cosa no puedo pensar.

Pero que bonito es el mar, aunque mi agrado por él,

con lo que siento por tí, no se puede comparar.

Sus aguas me envuelven con suavidad, pero tú

lo haces con tanta sensibilidad,

que no tengo otro remedio que temblar, porque me haces ruborizar.

El mar me acuna en sus onduladas aguas,

pero sólo tú consigues que me duerma,

al oir tus bellas palabras, palabras que van dirigidas a mí

con tanta dulzura, que los sentidos se me empalagan.

Pero que gusto cuando es así,

porque me demuestras todo lo que sientes por mí.

Me lo empezaste a demostrar aquél día en el mar,

en el que me dijiste que me querias

tanto que conmigo te querías casar,

y yo sentí tanta felicidad que me tuve que bañar

y mientras nadaba, al mar le contaba

lo feliz que estaba porque contigo, me iba a casar.

Pero éste, un juramento me hizo sellar:

que en sus aguas siempre me iria a bañar,

ya que por mí loco estaba, y cuando mi piel acariciaba

sus aguas calmaba para que yo

pudiera disfrutar, sin peligro pasar.

Pero yo jamás peligro pasaria, pues mi amor,

el que conmigo se casó, de cualquier cosa me salvaria

pues el amor que siente por mí, es tan grande

que sólo se puede comparar con el que yo siento por él

y si alguna vez algo le llegara a pasar

me volveria loca de atar

y la vida no podria sopotar, así que iria al mar y le rogaria

que me hundiera en sus aguas

para que con mi amor pudiera pasar la eternidad.

Me lo concedería, a disgusto pero lo haria,

pues mi alma no tendría

pero sí el cuerpo que le gustaba acariciar

y al fin el placer se podria dar de formar una tempestad,

aunque en el fondo, en el fondo

muy desconsolado y apenado se quedaria

y jamás sus aguas calmaria, pues no tendría que protegerme ya.........

Pero esperemos

que los malos momentos no lleguen jamás,

mientras los buenos los podamos conservar

en nuestras mentes hasta el final.

 

FIN

 

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