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EN LA NIEVE Estoy en la Antártida, voy caminando sobre el hielo, observo el paisaje, maravilloso, disfruto mucho de él. No sé porqué estoy sobre el hielo, a mi alrededor todo es nieve, pero yo sigo sobre el hielo. Empiezo a deslizar mis pies uno tras otro, así sucesivamente durante mucho rato, pero de pronto me doy cuenta de que he llegado al pie de una montaña, pero sigo sobre el hielo, hielo que cada vez que lo miro me parece más frágil, no le doy importáncia, mi atención se dirige a lo alto de la montaña, no sé porqué pero no puedo apartar mis ojos de ella; de pronto lo comprendo todo, ha empezado una ¡ AVALANCHA!. La nieve baja velozmente y se dirige a mí, pero no me importa, me quedo quieto. Mientras sigue el estruendo, el hielo cede bajo mis pies; me hundo en las frías aguas, siento el peso de la nieve sobre mí; me empuja hacia el fondo y no me resisto, me dejo arrastrar. Han pasado sólo unos segundos y mi cuerpo está entumecido, no puedo moverlo, he intentado respirar y me he tragado todo el agua, y cuando por fin comprendo que llega el final intento gritar, pero cuando habro la boca para hacerlo, no comprendo bién lo que pasa pero siento que por ella sale algo parecido a una pompa de jabón y en su interior voy yo, ¡yo! ¡yo!. No puede ser, soy yo y me voy elevando lentamente, pero me siento raro, extraño y de pronto lo entiendo, no tengo cuerpo, él sigue atrapado en el hielo, pero no sufro, no siento dolor, no siento nada de nada; solo una indescriptible calma que me envuelve. Lo que yo llamo mi "pompa de jabón" es la calma, gracias a ella estoy sosegado y me siento seguro, pero sigo flotando sobre el hielo. He llegado a lo alto de la montaña, la sobrepaso, es maravillosa. Todo lo que me rodea en sí es maravilloso, que pena no poderlo compartir con nadie. Ahora mi "pompa de jabón" empieza a girar en círculos, y lo hace muy despacio, me sonrio a mí mismo, pues me hace gracia. Pero sin saber porqué empieza a acelerarse como una céntrifugadora y no tengo otro remedio que marearme y ¡de qué forma!. La calma y la paz que sentia, desaparecen poco a poco, al igual que la fuerza de la burbuja que va cediendo bajo mi peso, hasta tal punto que creo que se va a romper, ¡se va a romper!, ¡oh!. Se rompió. Me cáigo, me estoy cayendo y siento mi cuerpo otra vez, y noto como el aire acarícia mi pelo y refresca mi piel. He dejado de caer y sentí un leve golpe o algo parecido. No sé donde estoy, no veo nada; me siento perdido e inquieto. Abro los ojos, puedo abrirlos. Estoy en mi cuerpo de nuevo. Levanto la cabeza y miro mis piernas, mis brazos, siguen estando donde siempre. Alguien se acerca a mí, no lo conozco, pero empieza a hablarme diligentemente y me lo explica todo. Forma parte de una expedición en la Antártida y dos de sus compañeros me vieron antes del accidente y cuando ocurrió, me sacaron del hielo y me llevaron a su campamento, donde terminaron de salvarme la vida. Y me pongo a pensar que quizás no me hubiese importado que me hubieran dejado allí rodeado de calma y de una paz enorme. Le he dado las grácias a todo el grupo, porque comprendo que tengo otra oportunidad para afrontar las cosas con calma, y que si algo me va mal, la dejaré para hacer otras que me llenen de felicidad. Pero ¿qué pasa ahora?, oigo un ruido horrible que no cesa de martillearme la cabeza, no tengo otro remédio que ¡despertar!, ¡despertar!, ¡oh no!. Todo ha sido un sueño, un sueño horrible y espantósamente absurdo, pero a la vez reconfortante; me levanto de la cama y paro el despertador, me dirijo hacia la ventana, me apoyo en ella y observo la vista que me ofrece, maravillosa y por un momento vuelvo a mi "pompa de jabón" y le agradezco todas las sensaciones que me ha proporcionado y que gracias a ella empezaré cada nuevo día SIN ERRORES.
FIN | |
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