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El Festival Música Viva de Veruela ofrecerá el sábado la actuación de los Maestros Tambores de Burundi
ZARAGOZA, 3 (EUROPA PRESS)
El Monasterio de Veruela acoge este sábado una de las actuaciones "estrella" del XI Festival de Música Viva: los Maestros Tambores de Burundi. Este grupo de percusionistas constituye uno de los más impresionantes espectáculos que pueda verse y oírse en el continente africano; se trata de una mezcla fascinante de técnica e improvisación muy cercana al trance. El espectáculo comenzará a las 19,30 horas.
En origen, el grupo de percusionistas está formado generalmente por una veintena de tambores que son golpeados en una explanada llamada "icarire" (establo de vacas), sembrada de finas hierbas. Los tamborileros hacen su entrada batiendo los tambores que llevan sobre sus cabezas y van vestidos con piezas de tejido, generalmente de color rojo y blanco, inspirados en los antiguos vestidos de Burundi, adornada la cabeza con una diadema de perlas de cristal multicolor y al cuello un colgante (ikirezi) de conchas del océano Índico que adorna el torso.
Los tambores se colocan en círculo alrededor del tambor central (inkiranya). A la izquierda los tambores "amashako" golpean a ritmo continuo y a la derecha los tambores "ibishikiso" siguen la cadencia marcada por el tambor central. El solista batiendo el tambor "inkiranya" lanza una llamada a sus acompañantes y todos responden con una aclamación unánime, y así, bajo la dirección del tambor central, la batería desencadena un ritmo de apertura.
RAÍCES RELIGIOSAS
Partiendo de los tambores igishikiso que forman el círculo, los maestros tambores siguen al tambor central. Cada uno golpea a su propio ritmo que es retomado por los tambores ibishikiso, mientras que el solista se deja arrastrar por la danza. Este ritual mezcla estrechamente las profundas raíces religiosas con la fantasía sin límites. El danzante combina secuencias de humor y de sátira popular: hace piruetas, muecas, camina sobre las manos en un guiño de complicidad con los espectadores.
A menudo son los gestos de la vida cotidiana, del trabajo en el campo, de los pastores que magnifican el ritmo y la gracia del danzante. El tambor que significó el núcleo central de los ritos propiciatorios para las futuras buenas cosechas, acompaña el esfuerzo de todo un pueblo en su lucha por el desarrollo y el buen estar. Arrastrados por el ritmo de los tambores, cuyos sonidos parecen brotar del suelo e invadir el cuerpo, el público aclama al danzante y participa con él.
Los más pequeños que en el futuro serán también tamborileros imitan los gestos y figuras propiciando los entusiastas aplausos del público. Al final del espectáculo, las mujeres presentan sus bebés a los maestros tambores que tocándolos con sus baquetas les contagian el ritmo del tambor. Es con está exuberancia natural, con la alegría y la voluntad de vivir de todo un pueblo, que se transfigura con la expresión del tambor y su danza, como debemos comprender el alma de Burundi.
No es fácil encontrar un espectáculo africano de percusión con la belleza y la sonoridad, con la energía reunida en Tambores de Burundi. El arte de estos maestros tambores es ante todo el lazo de unión cuasi místico que unía el país a sus sagrados tambores. La presentación del grupo ofrece una fascinante combinación de espontaneidad, cercana en ocasiones al trance, y formalidad o convención espectacular.
El festival está organizado por la Diputación e Zaragoza (DPZ) y tendrá continuidad el próximo 14 de agosto, con la actuación de los Derviches Galata Mevlevi & Ensenble Sema (Turquía), Lawrence Revey (21 de agosto) y los hermanos Samir y Wissam Joubran (28 de agosto), de Palestina, que serán en los encargados de cerrar el Festival.
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