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Quijote.- Ponentes tachan el Valladolid de Cervantes de ciudad 'ilusoria, moderna y con poca gente dedicada a oficios'
VALLADOLID, 19 (EUROPA PRESS)
Diversos expertos en el Valladolid de La Corte calificaron hoy a la ciudad del siglo XVII de "ilusolia, moderna, integrada por rentistas que se hacen servir y criados que les sirven y poca gente dedicada a los oficios", algo destacado en toda la obra cervantina y reencarnado en la figura de Don Quijote y Sancho.
Adriano Gutiérrez de la Universidad de Burgos, Javier Burrieza y Germán Vega de la de Valladolid y Jesús Urrea, director del Museo Nacional de Escultura, analizaron el Valladolid de Cervantes desde sus distintos puntos de vista como la sociedad, la cotidianidad, la arquitectura y las artes, en una mesa redonda celebrada hoy dentro del Congreso Internacional 'El Nacimiento del Quijote'.
En concreto, la ponencia de Jesús Urrea hizo visible el Valladolid de los siglos XVI y XVII y lamentó durante su exposición el expolio sufrido por la ciudad debido al furor urbanístico de los años 50. Asimismo, aseguró que para reproducir las calles de la capital de aquella época tuvo que realizar "piruetas" científicas para "poner en pie el Valladolid que han robado".
Urrea aseguró que durante la época en la que Cervantes habitó en Valladolid ésta era una ciudad enraizada de torres y surcada por el Pisuerga que dividía la ciudad del campo, además de contar con edificios "extraordinariamente moderna", debido a que fue reconstruida tras el incendio de 1571.
Durante su exposición, el director del Museo Nacional de Escultura mostró una fotografía inédita de la casa de Cervantes en la que se puede divisar que la calle Miguel Iscar no existe y se dilucida que Cervantes vivió en un cuarto de una casa recién construida.
Por su parte, Adriano Gutiérrez, quien centró su ponencia en la sociedad vallisoletana de aquella época destacó como punto principal de la evolución de la población el traslado de la Corte en 1601, lo que provocó un desarrollo "exagerado" de Valladolid y trajo consigo cambios importantes de las condiciones de vida de la ciudad.
Una de las principales consecuencias de este crecimiento fue el aumento de la población que pasó de 8.000 habitantes a 15.000, aunque, como señaló Gutiérrez "para muchos Valladolid fue un viaje de ida y vuelta". La ubicación de la Corte en Valladolid atrajo a alrededor de 2.000 familias relacionadas con la misma, aunque provocó el interés de nobles y grandes de España y, junto a ellos, a escritores y artistas "que encontraban en la Corte sus mejores mecenas".
Aunque este crecimiento también redundó en la atracción por la ciudad de personas que buscaban "vivir de la sopa boba". Este incremento de población provocó en "una febril actividad constructora", tanto que llegaron a escasear materiales. A pesar de este 'boom' en el trabajo y como curiosidad faltaba mano de obra, algo a juicio de Gutiérrez muy reflejado por Cervantes, ya que "Don Quijote nunca se encuentra en su camino con trabajadores, lo que denota el escaso peso de la población activa y el exceso de población dependiente de rentas o limosnas".
Esta idea fue también compartida por Javier Burrieza en su exposición sobre 'Los días cotidianos de los vallisoletanos de Cervantes', quien aseguró que la vida cotidiana en la ciudad era "efímera". Durante su alocución Burrieza se preguntó si la familia de Cervantes tuvo un buen recuerdo de Valladolid, ya que tanto el padre de Cervantes como él mismo permanecieron en prisión durante su estancia en la ciudad".
Asimismo se centró en el entorno del escritor, quien vivía en una casa junto a 20 personas que habitaban 13 cuartos. "Vivía entre mujeres cervantina". La cotidianidad del autor del Quijote se enmarco alrededor, según el historiador, de "noches en medio de oscuridades, invadido de olores, murmuraciones, familias rotas, una ciudad donde todo se vendía y todo se compraba y llena de incomodidades por las calles".
Por último, Germán Vega aseguró que la estancia de la Corte en Valladolid fue "breve pero intensa", ya que los grandes edificaciones fueron recreadas como "un gran teatro" con "material efímero". Asimismo, Vega calificó la ciudad como "el teatro del poner pero también de los comediantes", ya que la época y la facilidad de trabajo atrajo a multitud de actores y directores.
Vega destacó las grandes fiestas organizadas en San Pablo, como la del nacimiento de Felipe IV, cuyas parodias dieron lugar a fiestas "burlescas". La gran afluencia de gente dedicada al mundo del teatro hizo que se limitaran el número de compañías, incluso, según el historiador, se prohibió la representación de obras en iglesias, ya que "incluso había representaciones entre monjas".
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