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El IVAM exhibe en la Galería Nacional de Atenas la exposición 'Julio González. Un volcán del siglo XX'
VALENCIA, 24 (EUROPA PRESS)
El Institut Valencià d'Art Modern (IVAM) inaugurará hoy en la Gliptoteca de la Galería Nacional de Atenas la exposición 'Julio González. Un Volcán del Siglo XX', integrada por 126 obras procedentes de los fondos del IVAM, considerados los más completos sobre la obra de este extraordinario escultor del siglo XX. A la inauguración de la muestra está prevista la asistencia de Su Majestad la Reina Doña Sofía, según informaron hoy fuentes del museo.
La colección de Julio González se inició en 1985 a partir de adquisiciones y donaciones y está compuesta por 360 piezas, entre esculturas, dibujos, orfebrería, pinturas y relieves. La selección que ha viajado a la capital griega, comisariada por la directora de la Galería Nacional de Atenas, Marina Lambraki, y la directora del IVAM, Consuelo Císcar, estará abierta al público hasta el 30 de enero de 2006, indicaron estas fuentes.
El trabajo de Julio González continúa iluminando el desarrollo de la escultura a partir de la incorporación del tiempo y el espacio en su obra. Cambió el sentido de los materiales con los que trabajó a través de su singular forma de modular el volumen, de construir el espacio, de soldar sus elementos constructivos, aseguraron.
Sus esculturas, que plasman su hallazgo del "dibujo en el espacio", despliegan una variedad de temas y técnicas que responden al empeño del artista de dejarnos un legado artístico que partiendo de una época y un lugar concretos, se proyecta hacia el futuro y hacia el pasado. Todas sus creaciones mantienen un fino equilibrio entre la abstracción y la figuración y transmiten una emoción contenida, la más noble de las manifestaciones de la naturaleza humana.
Julio González (Barcelona, 1876 - París, 1942), ha sido reconocido por todos los expertos como uno de los grandes maestros de la escultura del siglo XX. Considerado el inspirador de la escultura moderna en hierro, es uno de los pilares sobre los que se asienta la colección del IVAM. Este museo recibió por compra y donación de Carmen Martínez y Viviane Grimminger, un vasto conjunto de obras de Julio González, que daría nombre al centro, así como de su hermano Joan González y de su hija Roberta.
El conjunto de obras de Julio González que posee el IVAM tiene un valor excepcional que cubre todas las etapas y todas las direcciones del desarrollo creativo del artista, incluyendo la escultura, el dibujo, la pintura y la orfebrería. En la primera parte de su carrera, entre 1910 y mediados de los años 20, la atención de Julio González se alternaría entre las máscaras de metal y las figuras modeladas.
En los años 20, González se concentró en los problemas del relieve. Hacia 1926, avanzó un paso decisivo al decidirse a recortar la plancha de metal que hasta entonces había tratado como una superficie inviolable. Esta técnica del découpage daría lugar a la serie de máscaras de 1929-30 en las que el escultor, partiendo de Gargallo y del cubismo, creó un lenguaje personal.
A lo largo de los años 30, la evolución de la escultura de Julio González aparece marcada por la aspiración a emanciparse del plano para conquistar el espacio. A partir de las máscaras, el escultor exploraría el motivo de la cabeza humana, representado mediante un plano recortado (el rostro) adosado a un cilindro vacío (la concavidad del cráneo): así ocurre en las dos versiones de 'Les amoureux', unas cabezas habitadas en las que se aloja el motivo del beso de los amantes. El progresivo espaciamiento de los elementos integrantes de estas esculturas dará lugar a interpretaciones cada vez más complejas de la cabeza, como 'La grande trompette'.
DIBUJAR EN EL ESPACIO
Una de las tendencias dominantes en la obra de González en la década de los 30 es la que él mismo denominó "dibujar en el espacio" que aplicó a la depuración formal del motivo de la cabeza en 'Téte au miroir' y de la figura en 'Gran personage debout'. Pero, en esta misma época', González desarrolló una orientación de sentido opuesto, centrada en el volumen.
En esta línea, las cabezas cortadas en piedra constituyen una parte muy relevante pero insuficientemente valorada todavía. La búsqueda del volumen se plasma también en esculturas construidas con planchas de metal soldadas, obras de carácter relativamente abstracto como 'Femme assise I' o en un estilo más realista, de connotaciones clásicas, como la serie de torsos de hierro forjado que culminaría en Montserrat.
Hacia 1937, estas dos grandes corrientes del desarrollo de la escultura de Julio González, el dibujo en el espacio y la investigación del volumen, convergieron en unas obras maestras de carácter sintético y monumental, como 'Femme au miroir' o 'Daphne', donde se combinan elementos filiformes con otros de carácter masivo.
Después de 1937 y bajo el impacto de la guerra civil española, González se decantó hacia una inspiración expresionista, que se puede apreciar en el estilo más realista de 'Masque de Montserrat criant' o bien en el lenguaje fantástico y surrealista de los hombres cactus. En sus últimas obras, el escultor se revela más que nunca como un intérprete profundo de la figura humana, interesado por los temas últimos de la gran tradición de la escultura occidental, como la plenitud y la vulnerabilidad del cuerpo, el sufrimiento y la dignidad del ser humano.
Entre los grandes artistas que han manifestado la influencia de Julio González encontramos desde los españoles Oteiza, Chillida, Chirino y Palazuelo a norteamericanos como Alexander Calder, David Smith y Mark di Suvero. La influencia de Julio González sigue extendiéndose a generaciones de artistas que siguen admirando su "dibujo en el espacio" y emplean el hierro en sus obras de creación.
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