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El escritor Diego Medrano recrea en 'Diario del artista echado a perder' la incertidumbre del escritor ante su obra
La obra reúne 141 "ensayos de juguete" donde el autor trata de analizar lo que implica "ser artista hoy en día"
MADRID, 16 (EUROPA PRESS)
El escritor Diego Medrano (Oviedo 1978) publica 'Diario del artista echado a perder' (Editorial Páginas de Espuma) en el que recrea la incertidumbre del escritor ante la creación literaria. Medrano calificó su obra como "el libro que me hubiera gustado leer con 15 años" y es que en él están plasmadas sus dudas, sus angustias, sus escritores amados y su lucha continua con la aceptación de sí mismo como artista.
La creación artística es el objeto de cavilaciones de este joven escritor que ya tiene publicada la novela 'El clítoris de Camille' (Editorial Seix Barral), el libro de relatos 'Los sueños diurnos. Manual para amantes, pobres y asesinos' (Editorial Cahoba) y un tomo que reúne su correspondencia completa con Leopoldo María Panero, con quien mantiene una estrecha relación epistolar, de título 'Los héroes inútiles' (Ellago ediciones).
El autor presenta ahora este libro que reúne en 141 capítulos unos textos independientes que suponen, explicó Medrano en entrevista con Europa Press, "ensayitos de juguete". La independencia de los ensayos está unida por una temática común que gira en torno a la búsqueda de una voz propia, de cómo afecta la rutina del ejercicio literario y de la locura como elemento intrínseco al escritor. Todo ello mezclado con múltiples referencias a escritores de la literatura universal, a sus dudas, sus problemas mentales y el reflejo de ello en su obra, con el objetivo de conectar todo eso con "lo que implica ser artista hoy en día", declaró Medrano. Este volumen supone el primero de una colección de diarios personales, cuyo segundo volumen llevará el título 'Matarse a cada instante'.
REFUGIO LITERARIO
Medrano afrontó la escritura de este libro como un "refugio", escrito en varias ciudades y sin "ningún método de trabajo". Una obra que el autor confesó no haber podido "reprimir ni planificar" y que supone una "muleta" en la que apoyarse dentro de una carrera y de una vida que "no sabe hacia donde va". Para adentrarse en la lectura de sus diarios, Medrano recomendó armarse con "calderos de agua" para evitar arder en unas líneas que son "puro incendio".
El escritor reivindica la bohemia como actitud ante la vida y como forma del artista de enfrentarse ante su obra, una palabra que considera "maltratadísima" y en la que engloba la "decadencia" que impregna las páginas de este diario. A través de él, hace un repaso a los ilustres bohemios de la historia de la literatura con múltiples referencias a sus vidas, sus obras y sus palabras. Medrano busca en el oficio de escritor el carácter "íntimo, sagrado y clandestino" que le envuelva en un mundo inventado donde él se encuentra "acompañado".
Medrano declaró no tener relación con "la gente de mi generación" y confesó su dificultad para "establecer puentes" con la sociedad de la tele basura e Internet. Sin embargo, sus diarios son un reflejo de una sociedad que mucho se parece a la realidad en que vivimos y un ejemplo de la lucha del artista por "hablar consigo mismo" y encauzar de este modo, ese "sentirse diferente" durante su camino de búsqueda del "único éxito" que, según estableció el autor, está en "seguir escribiendo".
LITERATURA COMO PATOLOGÍA
Como los grandes escritores de la literatura universal, el autor considera la literatura como una "patología". Una enfermedad que sobreviene al artista cuando "la vida ya no importa". Sobre el texto, el autor establece la diferencia entre el artesano y el artista, el primero, "siempre conserva una técnica, un desapego que garantiza su salud mental", por el contrario, el segundo, "siempre acaba mal".
"Me encantaría ser un funcionario del arte", declaró el autor estableciendo así el antídoto contra la "fiebre" que le produce el proceso creativo. Una elaboración que para él comienza en su interior desde donde imagina y crea unos personajes e historias que posteriormente, "busco en la calle". Este proceso le ha llevado a afirmar que "todos los conflictos que tiene el escritor son con la realidad".
Una realidad que él concibe como un mundo de "percepciones, intuiciones y travesuras" que depende de uno mismo. Es el individuo el que debe crear ese mundo e interpretar el arte a través de él, lo que produce, según Medrano, la ausencia de géneros en la literatura, unas clasificaciones que le parecen "una ordinariez". Para Medrano el arte consiste en "saber detenerse a tiempo", algo que él no parece representar ya que, tanto su escritura como su actitud ante la vida, las canaliza a través del "arrebato".
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